Rayo X del pecho de un hombre con tuberculosis. Las areas infectadas con la bacteria están coloreadas en rojo. Science Photo Library/Corbis

 

La respuesta, lamentablemente es NO; al menos en muchos años. No creo que nuestra generación lo pueda ver.

Tras la erradicación de la viruela, en la conferencia de Alma Ata, donde se fijó el lema “salud para todos en el año 2000” implícitamente se entendía que se podrían erradicar más enfermedades. La tuberculosis era prioritaria. Entonces, ¿por qué no se ha erradicado?. La euforia por la erradicación de la viruela, vanidad de pensar que sabíamos todo lo necesario para abordar el tema y la soberbia del mundo científico, al creer en el dominio absoluto del hombre para su control, son malos consejeros en medicina.

La realidad se impone. ¿Cuál es el escenario actual? Se puede resumir señalando que se presenta de una nueva forma sin olvidar la epidemiología clásica.

A los antiguos factores como aglomeración y pobreza, que no han desaparecido, se sumaron el SIDA, alcoholismo, procesos crónicos (diabetes, hepatopatías), cáncer, trasplantes, reumatismo, dermatitis atópica, etc.

La mayoría tienen en común: un cortejo sintomático inespecífico, la cronificación, tratamientos con corticoides y compuestos biológicos y en definitiva, situaciones de inmunocompromiso. Además, con frecuencia se olvida el médico de pensar en la tuberculosis como compañera habitual. Así se demora el diagnóstico y el tratamiento específico.

Debemos destacar: a) los movimientos poblacionales trasforman el problema en asunto global, b) más de un tercio de la población ha estado en contacto con el bacilo tuberculoso y se diagnostican más de 10 millones de enfermos-año, c) del resto, muchos mantienen el bacilo “latente” o persistente en unos magníficos escondites, los macrófagos, al abrigo de las defensas orgánicas y los antibióticos.

En este escenario, las pruebas diagnósticas deben reconsiderarse. Ante la ausencia de un foco definido, la elección de la muestra patológica para un diagnóstico directo (tinción y cultivo) a veces no está claro. Los test de hipersensibilidad (Mantoux) dan resultados confusos. Los fracasos con tratamientos y pautas convencionales obligan a replantear las estrategias terapéuticas.

Este escenario explica:

a) que se desempolven viejas estrategias de la lucha antituberculosa. No digo que se reinventen los antiguos Dispensarios, pero la complejidad del tema obligará a trabajar en equipos específicos, unidades hospitalarias de tuberculosis o llámese como se quiera.

b) en el diagnóstico, la biología molecular para el diagnóstico directo y el IGRA (detección en sangre de interferón gamma) para el indirecto, amén de las técnicas que puedan surgir, habrá que sumarlas en la rutina al diagnóstico convencional.

c) En el tratamiento se considerará:

1) la patogenia intracelular. La estrategia de actuar contra el macrófago parasitado y el bacilo a la vez (“liberar y matar”) es en teoría perfecto, si no fuera porque su aplicación en enfermos inmunocomprometidos es problemática.

2) Las resistencias y la disponibilidad de nuevos fármacos

3) El conveniente acortamiento de las pautas terapéuticas

4) asegurar el cumplimiento terapéutico mediante programas de tratamiento directamente observados (TDO).

d) en la profilaxis es importantísimo no abandonar las medidas sobre los 3 eslabones de la cadena epidemiológica así como potenciar la investigación en la búsqueda de vacunas más eficaces que la BCG y su aplicación a los grupos de riesgo.

Tras lo citado mantenemos la respuesta contundente con que iniciamos el artículo, pero nos daremos por satisfechos si se logra minimizar la problemática actual de la tuberculosis.

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