BCG. ¿Vacuna antituberculosa multiusos?

 

Hace casi 100 años, Calmette y Guérin lograron atenuar la virulencia del Mycobacterium bovis tras numeroso pases en el laboratorio a lo largo de 13 años. Este Bacilo de Calmette y Guérin (BCG) no solo no producía tuberculosis en los animales sino que los protegía. Su ensayo en humanos (1920) con resultados similares frente a la M. tuberculosis convierten la BCG en la conocida vacuna desde 1925 que se sigue utilizando en la actualidad. Se incluye en los programas de inmunización de la OMS para numerosos países desde 1974. Ésta es la aplicación convencional, pero desde hace muchos años en algunos círculos se aplicaba como último recurso en pacientes anérgicos, neoplasias, etc., en un intento de despertar sus defensas sin conocer su mecanismo. Desde 1976 se usa universalmente en el tratamiento del cáncer de vejiga.

A medida que se conoce mejor su actividad se encuentran nuevas aplicaciones. Cada vez hay más publicaciones que demuestran el papel de la BCG estimulando las células “T reguladoras”. Estas células serían las responsables de evitar las lesiones originadas en procesos autoinmunes. Cada vez se van conociendo más procesos que reconocen una causa autoinmune por lo que se abre para la BCG un campo terapéutico de gran potencial.

Es lo que ha visto Denise Faustman y su equipo (Massachusetts) en la diabetes1. Se trata de una enfermedad autoinmune en que las células T autorreactivas atacan los islotes pancreáticos. Emulando la paciencia de los descubridores de la BCG, Faustman lleva muchos años trabajando en este tema con resultados muy prometedores. Sería un tratamiento con un producto bien conocido barato y sin problemas de protección de patentes. Esperemos que esto no sea un obstáculo que planteen los investigadores de otras líneas (células madres, genetistas…) ni la Industria Farmacéutica.

Otra línea de aplicación de la BCG que se está citando con cierta frecuencia es la investigación en esclerosis múltiple y otros de posible naturaleza autoinmune.

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