Revistas científicas

 

Durante muchos años se han debatido aspectos parciales acerca de la divulgación de la ciencia : objetivos, ventajas, altruismo, valoración, etc. Siempre fue difícil compaginar divulgación de investigación básica (escasas ayudas, interés limitado) con aplicada (reservada, pendiente de patentes…). La evaluación para promoción profesional obligó a cuantificar. Primero, nº de artículos, luego revistas españoles versus internacionales, después el factor impacto, más tarde el índice H y la valoración según corresponda a primer firmarte, último u otros.

En poco tiempo han aparecido otros factores: la necesaria reducción de costes de edición , el sistema on-line y la visión de negocio por grupos mercantiles. Ya no basta con cubrir los gastos de la revista con algún anuncio, es preciso rentabilizarla cobrando a los autores importantes cantidades por cada artículo. La garantía de la revisión por pares, que siempre fue un requisito difícil de cumplir al alcance solo de las mejores revistas, es ofrecida por todas las que van apareciendo. El factor impacto publicitado por muchas publicaciones , no siempre reconocido internacionalmente ( IC R ), eleva un valor de difícil comparación

En definitiva se ha abierto el debate en numerosos comunidads denunciando el preocupante escenario actual. Nos acercamos al millón de artículos biomédicos publicados anualmente, si es que no lo sobrepasamos. Crece de forma exponencial el número de revistas “depredadoras” de las clásicas , con buen factor impacto (de grupo) , con agilidad para publicaciones previo pago y con controles poco convencionales (ej. exposición pública de prepublicación que sustituiría la revisión por pares de especialistas).

Cada vez es más frecuente encontrar en un concurso a jóvenes investigadores que tienen en común un número de artículos, puntos impacto y citaciones superior al de muchos Premios Nobel. O la producción científica es más alta que nunca, que lo es, o estamos ante una situación de inflación en publicaciones apoyada por la proliferación de revistas “depredadoras”.

El Journal Citation Reports, la lista del DOAJ (Directory of Open Journals) etc. están desbordadas. Los IInstitutos de documentación y Bibliometría, los bibliotecarios de las Universidades, los baremadores de Recursos Humanos y otros muchos comunidads muestran su preocupación. Algunos “francotiradores”, como el caso de Jeffrey Beall ,se han dedicado a publicar listas negras de revistas “depredadoras”. Su aventura no dura más allá de unos meses. ¿la causa? Quizás tengan más éxito las listas blancas de revistas científicamente recomendadas.

Este panorama es preocupante, tiene que cambiar y pronto. En la valoración profesional de las trayectorias investigadoras , aunque se toman cautelas , son insuficientes .

 

 

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