La exposición al sol

Tomar el sol puede ser beneficioso o perjudicial, según sea la dosis de radiación recibida. A estas alturas del año empezamos a sentir, día a día, el efecto progresivo del sol sobre nuestro cuerpo. Todos sabemos que la exposición excesiva al sol puede crearnos problemas de salud que, en ocasiones, pueden llegar a ser muy graves.

El índice UV se utiliza para medir la intensidad de radiación ultravioleta que nos llega del sol y que traduce su capacidad de dañar la piel. Existen numerosas fuentes para conocer el índice UV diaria en nuestro país, como es el caso de Agencia Estatal de Meteorología (http://www.aemet.es/es/eltiempo/prediccion/radiacionuv). Valores del índice UV iguales o mayores de 3 requieren protección solar en el centro del día, y los mayores de 8, extremar las medidas.

Por un lado, la luz solar es imprescindible en la síntesis de la vitamina D; y se ha demostrado que es beneficioso mejorando el estado de ánimo y en determinadas enfermedades cutáneas como la psoriasis. El problema deriva de la exposición a los rayos ultravioleta de la luz solar. Este tipo de radiación visible atraviesa las capas más superficiales de la piel y puede lesionar las células. Si bien las lesiones por sobreexposición solar son más frecuentes en la época estival, la lesión dérmica puede aparecer durante cualquier estación de daño, según sea la dosis de radiación recibida. Cuando nos exponemos de forma excesiva al sol, aparecen las quemaduras solares, traduciendo en mayor o menor medida las lesiones producidas.

El melanoma es la consecuencia más grave que puede producir la exposición acumulativa a la radiación ultravioleta. Al final lo importante es la dosis acumulada de radiación recibida a lo largo de la vida. Según datos de la Academia Española de Dermatología y Venereología, en España, la mortalidad por melanoma en mantiene con tasas estable, pero los casos nuevos por cáncer de piel siguen aumentando (9,7 casos por cada 10.000 personas y la mortalidad de dos personas por cada 100.000)

Además, el bronceado de la piel es poco recomendable, puesto que se adquiere después de una exposición prolongada a la radiación solar. Junto con las quemaduras, la sobreexposición a la radiación solar puede causar otros problemas como es el caso de lesiones en la retina, aparición de arrugas y manchas en la piel y cáncer de piel. Los niños son especialmente susceptibles de sufrir lesiones por radiación solar si se exponen al aire libre, y especialmente cuanto más pequeños son.

La OMS recomienda:

  • el uso de gafas de sol. Usar las permiten un índice de protección mayor del 99% frente a radiación UVA y UVB.
  • ponerse a la sombra durante las horas del centro del día, entre las 10 y las 16 horas solares, cuando la radiación es mayor; sin olvidar que los árboles, los toldos o las sombrillas no siempre protegen de forma suficiente de la radiación solar
  • usar prendas de vestir que eviten la exposición al sol y sombrero para proteger la cara, nariz, orejas y cuello.
  • en las zonas que necesariamente se han exponer al sol, se debe utilizar una crema con filtro solar. Las cremas solares no se deben utilizar para aumentar el tiempo de exposición a la radiación solar. La crema ha de ser de amplio espectro, con un factor de protección de al menos 30; frotándola sobre la superficie expuesta. Esta operación se ha de repetir cada 2 horas, y siempre tras hacer ejercicio o mojarnos.

La OMS no recomienda la aplicación de lámparas bronceadoras, puesto que aumentan el riesgo de cáncer de piel pudiendo producir lesiones en la retina.

 

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