Mercurio, tóxico alimentario

 

Gracias a los mejores controles sanitarios percibimos una sustancial mejora de  las toxiinfecciones alimentarias. Pero seguimos siendo muy sensibles a las noticias sobre contaminantes de los alimentos. De éstos, el mercurio es citado con frecuencia. No debe extrañar que la Organización Mundial de la Salud se ocupe de él a menudo.
En una nota descriptiva, Marzo de 2017, alerta por enésima vez de los riesgos de su exposición para la salud. Destaca su omnipresencia en aire, agua y suelo, los riesgos para fetos y lactantes y la acción sobre numerosos sistemas y órganos.
En otro sentido señala el origen habitual: ingestión de pescado y marisco potencialmente contaminados con metilmercurio. Explica su presencia por la metilación bacteriana del mercurio, su concentración en vísceras de pequeños peces depredados por otros mayores, como pez espada o atún, donde también se acumula en músculos. Éstos son los que aportan más mercurio a la alimentación humana .
También tranquiliza informando sobre el mercurio inorgánico, las aplicaciones médicas (en vacunas,cosméticos, amalgamas dentales…) y la restricciones de su uso.
En España tuvimos el privilegio de contar con las ricas minas de Almadén. Se inició el tratamiento de la sífilis con azogue (mercurio) por el médico de la corte Villalobos en 1498, que sería seguido por los médicos medievales. Se utilizó masivamente en la extracción de plata en el Nuevo Mundo y en Medicina en numerosas indicaciones. Todos recordamos el uso, hasta hace poco tiempo, del popular mercurocromo. Y para remate estamos en el grupo de cabeza de consumidores de pescado.
El Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos de la Unión Europea comunicó que en 2016 España lideró la clasificación en el número de alertas por la presencia de mercurio en el pescado. Tranquiliza la eficacia y seguridad de nuestro sistema en el control de toxiinfecciones alimentarias.

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