Ojo seco

Es un problema tan frecuente como mal conocido a pesar del impacto clínico, de calidad de vida y económico para los pacientes. Hasta hace 10-15 años se estimaba en muchos millones las personas afectadas y entre el 0,39 y el 30% en algunos grupos de población, o sea, se sabía poca cosa.

Para unos es un síntoma más o menos frecuente en determinados procesos, para otros se trata de un síndrome, bajo cuyo paraguas se pueden diagnosticar varios procesos y, ante las discrepancias, el “Dry Eye Work Shop,2007” lo definió como : “ enfermedad crónica multifactorial que causa malestar, trastornos visuales e inestabilidad de la película lagrimal con potencial daño en la superficie ocular. Se acompaña de incremento de la osmolaridad lagrimal e inflamación de la superficie ocular.” Esta definición supuso un avance , pero no definitivo.

Desde el citado informe (2007), se multiplicaron las publicaciones. Tiene interés el documento ”TFOS DWS II -2017”(Ocular Surface Journal, July 2017). Evidencia la existencia de más de 30 millones de casos, sólo en USA, y otros datos como una prevalencia del 5 al 50% en mayores de 50 años, mayor frecuencia en mujeres (casi el doble), asiáticos y usuarios de lentillas.

Sin embargo sigue el desconocimiento de la prevalencia en menores de 50 años, en los diferentes tipos de Ojo Seco, en procesos asintomáticos, o con alguna alteración. En este último caso, entre el 75 y el 100% de algunos pacientes, reconocen sólo algún síntoma (picor, quemazón, fatiga ocular, visión borrosa, lagrimeo,…sobre todo con la lectura, Tv, ordenador, etc.) o prueba alterada (tiempo de ruptura de la película lagrimal, osmolaridad lagrimal, concentración de lactoferrina , citología y otros biomarcadores) sin que necesariamente tengan que ser etiquetados como enfermos.

Ante este galimatías puede ser útil la clasificación en

  1. a) Ojo Seco leve: molestias poco intensas que pueden corresponder a otras patologías,
  2. b) moderado: molestias bien definidas casi a diario y
  3. c) grave : molestias intensas, continuas, con carga anímica de preocupación y sufrimiento que afecta a su calidad de vida.

Edad, sexo, ocupación, lentillas, fármacos, disfunción de glándulas oculares, patología subyacente, tiempo de evolución, tratamiento inadecuado, etc …, son factores que pueden influir en la clasificación citada.

Ante un problema complejo no es fácil simplificar el tratamiento. Debe incluir control de síntomas, osmolaridad, estabilidad de la película y de las lesiones producidas. Para ello el oftalmólogo dispone de lágrimas artificiales, secretagogos lagrimales, liposomas, antiinflamatorios, oclusión de los puntos lagrimales, etc. Tan importante o más es la conducta del enfermo: no automedicarse, beber abundantemente, parpadear con frecuencia, evitar ambientes secos, y cuidar la higiene de manos.

Aunque sea un campo poco conocido, esta en el punto de mira de las firmas comerciales y de la investigación. Aparecen frecuentes novedades entre las que destaco la de los sueros autólogos (PRP-Plasma Rico en Plaquetas) con plaquetas, proteinas diversas, factores de crecimiento…. En esquema, se obtienen de la sangre del propio enfermo y, tras eliminar los eritrocitos, se pauta para la administración directa en ojos. Los resultados dependen de la adecuada indicación y con todo hay discrepancias. Que nadie olvide su consideración como Medicamento por la Agencia Española de Medicamentos y , como tal, el prescriptor deberá atenerse a las normas de elaboración, control de trazas, seguimiento, seguridad, etc de cualquier medicamento.

El Ojo Seco no es un asunto menor. El impacto clínico, económico, laboral y en calidad de vida invitan a situarlo entre las prioridades de la investigación médica.

 

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