El tabaquismo está asociado con un número elevado de muertes prematuras y de enfermedades crónicas invalidantes y evitables, que suponen un alto costo económico para la sociedad. Se relaciona con el 15%-18% de todas las muertes en el mundo, cifra  superior a la mortalidad atribuida a los accidentes de tráfico, sida, suicidios, homicidios o alcohol. Dejar de fumar conlleva una reducción muy importante de estas consecuencias, pero la mayoría de los fumadores no lo consigue debido a su adicción a la nicotina.

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Existen muchas medidas para conseguir deshabituar al fumador y convertirlo en exfumador: educación sanitaria, tratamientos farmacológicos, leyes antitabaco, encarecimiento de los precios,,, todas ellas ayudan, pero las tasas de abandono siguen siendo muy bajas y las recidivas son frecuentes en los meses siguientes a su abandono. La adicción al tabaco es uno de los mayores problemas de salud en el mundo y, por ello, se están intentando conseguir nuevos tratamientos entre los cuales se encuentran las vacunas contra la adicción a la nicotina. La nicotina es una molécula muy pequeña que llega al cerebro en unos 7 segundos y allí estimula la liberación de sustancias relacionadas con la percepción de recompensa y satisfacción. Aunque es una molécula extraña para el organismo, debido a su tamaño no genera anticuerpos en los fumadores, por lo que en la vacuna se la ha unido a una proteína transportadora de mayor tamaño e inmunógena con lo que el organismo es capaz de generar anticuerpos contra ella. Estos anticuerpos producidos se unirían a la nicotina inhalada al fumar impidiendo su paso al cerebro.

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Los objetivos de estas vacunas para dejar de fumar serían: controlar los síntomas de la abstinencia tras los primeros días de abandonar el tabaco, prevenir las recaídas en los primeros meses, prevenir la adicción en grupos de riesgo y combinar fármacos y vacuna para conseguir el abandono definitivo. La mayoría de las vacunas, desarrolladas por distintos laboratorios farmacéuticos, se encuentran a falta de la aprobación para poder utilizarlas como tratamiento en el hombre y de su comercialización. Se aplican mediante una inyección intramuscular, aunque se está investigando la posibilidad de utilizar la vía subcutánea y la intranasal, ya que la nicotina se adsorbe  por las mucosas. Se necesitarían 4 o 5 dosis inicialmente y, posteriormente, dosis de recuerdo periódicas para mantener un nivel alto de anticuerpos, ya que es entre las personas que generan un nivel alto de anticuerpos donde se producen más casos de abandono del tabaco. Su efecto se prolonga entre 6 y 12 meses, por lo que se evita un gran número de recaídas en estos primeros meses.

 

 

La máxima eficacia se conseguiría combinando la vacuna con medicamentos y con intervenciones sobre la conducta de la persona que motiven el abandono del consumo de tabaco. Ninguno de los estudios realizados ha informado de efectos secundarios importantes. Estarían indicadas especialmente para fumadores importantes, motivados para dejar de fumar, con varios intentos de abandonar el tabaco, que han utilizado distintos métodos para ello y tienen una actitud positiva hacia las vacunas.

Vacunas. 2012;13(4):163-170

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