La curva de crecimiento de la obesidad infantil en los últimos años en España y la que se produjo en los EEUU hace dos décadas son llamativamente parecidas, lo que lleva a pensar que los problemas sanitarios actuales derivados de esta obesidad infantil en los EEUU son los que tendremos en España dentro de algunos años.
En EEUU se identificó que un tercio, de una muestra grande de niños nacidos en 2001, a los 9 meses de edad ya tenían sobrepeso (con un percentil superior al 85) u obesidad (percentil mayor al 95). Estos niños con sobrepeso u obesidad antes de los 2 años, tienen tres veces más probabilidad de mantenerse así a los 4 años, que los niños no obesos. Y los cambios en el índice de masa corporal en la edad preescolar están muy correlacionados con el sobrepeso en adultos. Hay factores socioeconómicos, genéticos o raciales que no podemos modificar, y factores comerciales y culturales que influyen fundamentalmente en niños mayores y adultos que ya tienen determinadas sus preferencias alimentarias. Pero si queremos prevenir el aumento de la obesidad, la actuación en los dos primeros años de vida es fundamental.
Se conocen varios factores asociados con la obesidad y que se dan casi desde el comienzo de la vida. Entre ellos están las prácticas de alimentación por parte de padres y cuidadores, éstos determinan patrones de alimentación en el niño, antes de los dos años, que pueden predecir ya el sobrepeso y obesidad futuros. Así, los lactantes alimentados con leche materna tienen menor riesgo de sobrepeso y, globalmente, solo un 34,6% de los niños tienen lactancia materna a los 6 meses de edad. Un alto porcentaje de niños menores de 18 meses consumen postres y bebidas azucaradas. Y un porcentaje considerable no consumen ningún tipo de verduras, y entre los que las consumen, la cantidad disminuye notablemente a partir de los 6 meses. A partir de 1 año, la patata es el vegetal más abundante, y a los 2 años se consumen fundamentalmente fritas.
La ingesta energética relativa cambia rápidamente con la introducción de alimentos sólidos entre los 4 y 18 meses, y ésta se mantiene constante hasta los 4 años. La contribución energética de cada grupo de alimentos (lácteos, cereales, carnes, frutas, verduras, etc.) que se toma a los 4 años es representativa de la ingesta de alimentos en adultos. Con lo que vemos como las preferencias alimentarias se fijan muy tempranamente en la vida.
Los lactantes y niños pequeños tienen una capacidad innata para regular el consumo de energía, y a veces, las buenas intenciones de los padres, para que se terminen el biberón o la comida del plato, pueden alterar este control innato. Es mucho más fácil establecer patrones adecuados en esta etapa, en la que es muy fácil influir en el niño, que intentar cambiarlos una vez establecidos.

Análisis y Modificación de Conducta. 2006, vol.32, nº 143
Rev Peru Med Exp Salud Pública. 2012;29(3):379-85

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