Siempre se han destacado los relacionados con la especie bacteriana y el tipo de antibióticos pero hay muchos mas. Algunos de los mas curiosos los podríamos agrupar bajo el epígrafe de “factores geográficos”. Son conocidos los referidos al tipo de patología, antibiótico consumido y presentación, hospitalización, segmentos de población, culturales etc. Se suelen traducir en los inevitables mapas que preceden, y a veces presiden, muchas presentaciones sobre resistencias. España casi siempre sale mal parada.

Gracias a estudios de mercado y epidemiológicos hoy se conoce con bastante aproximación el consumo total de los diferentes países, regiones, incluso ciudades e instituciones (medido en peso, dinero o, lo mas universal, en Dosis Diaria Definida).

Así sabemos que cada hospital es un foco de resistencias, mas problemático que la comunidad. En las regiones españolas mas deprimidas se consumen los antibióticos mas caros y frecuentemente se seleccionan mas resistencias que en el resto. Buscando peculiaridades españolas, solo faltaba que alguien relacionara resistencias con clima. Pues también se ha citado esta posibilidad, y no es tan descabellada la idea, siempre que se relacione con mayor número de infecciones y mayor consumo de antibióticos.

En numerosas ocasiones se han puesto como ejemplo de menor resistencia a los países norteeuropeos y se ha sugerido el componente socio-religioso como causa (calvinistas y protestantes). El idioma debe descartarse; es dudoso que las bacterias entiendan de idiomas. Suelen ser poblaciones mas disciplinadas, con menor automedicación, incumplimiento y consumo de antibióticos.

En Atención Primaria las resistencias surgen lentamente, y se señalan otros factores, además del consumo: efecto de clase, resistencias cruzadas con otros grupos de antimicrobianos, resistencias asociadas a productos químicos (metales…) conductas individuales, sociales etc. La preocupación es tal, que algunas revistas clásicas, incorporan apartados específicos para los trabajos sobre consumo, hábitos y conductas.

Aunque parezca una broma típica de los “inNobel”, el grupo de Bruinsma comunicó en el año 2000 en el ICAAC una investigación referida a “Resistencias por Km2”. Relaciona la población de tres ciudades de congestión poblacional baja, media y alta con el consumo de antibióticos. [St Johns (255 habitantes/km2), Groningen (2046 hab/km) y Atenas (8194 hab/km2)]. El consumo lo expresa en Dosis Diaria Definida (DDD/km2) referido a tres antibióticos (aminopenicilina, trimetoprim-sulfam. y ciproflox.).

Curiosamente encuentran una magnifica correlación entre densidad poblacional, DDD/km2 y % de resistencias. Los resultados son bastante lógicos: las ciudades mas congestionadas sufren mas contaminación y las consecuencias inmediatas para los ciudadanos son mas infecciones respiratorias (las mas prevalentes) y por tanto mas consumo de antimicrobianos en general. Seguramente las resistencias cruzadas, diseminación de clones resistentes, etc. son también mas frecuentes.

A finales del 2011 se publicó un trabajo relacionando la mayor resistencia en las cercanías de las carreteras de mayor tráfico. Se conocía el impacto de las comunicaciones en la diseminación de infecciones, pero en este trabajo se demuestra que también se produce una mayor selección de cepas resistentes. Sería curioso encontrar mapas de carreteras señalizando especies resistentes en vez de gasolineras, pueblos o servicios.

Citadas estas “curiosidades” es conveniente cuidar los estudios epidemiológicos que son capaces de relacionar las causas mas peregrinas con la resistencia. Porque no resulta fácil sustraerse a intentar introducir en la relación consumo-resistencias nuevos factores. A alguien se le podría ocurrir relacionar el tamaño del “vademécum” de antibióticos con las resistencias. ¡Pues se ha estudiado! Y se ha demostrado que hay un paralelismo entre el incremento del peso del Vademécum y el incremento de resistencias a los antibióticos en general y que los países con “vademécum” mas gordo tienen mas problemas. Habría que aclarar que el engorde del libro es la consecuencia de mayor oferta y consumo.

(publicado en el nº 5 Revista Infección y Vacunas. Año 2013.)

 

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