El descubrimiento y desarrollo de las sulfas es una historia de genialidades, competencia, patentes, enfermedad, dinero, guerras…

Es decir reune todos los ingredientes de cualquier aventura épica, no muy diferente de la de otros fármacos. Curiosamente es la continuación lógica de una trayectoria marcada por la quina, colorantes y arsenicales (antisifilíticos). Pero como a toda historia hay que darle un comienzo y un nombre. Pues bien, en Abril de 1908 se reune en Jena la Asociación de Químicos Alemanes presidida por el ambicioso Carl Duisberg (de la Bayer) que pretendía hacer una gran Consorcio Nacional. Para ello necesita un director técnico con amplia formación y madera de lider y ficha a Heinrich Hoerlein especialista en colorantes.

Le ofrece la formación de un equipo de investigación puntero para que investigue en explosivos, fertilizantes fármacos y colorantes, o sea, en derivados de colorantes, principal potencial químico alemán del momento, y Hoerlein, en 20 años, monta un enorme centro de investigación. Necesita quien le ayude y elige en 1927 a Gerhard Domagk al que encargaría despúes dirigir el Instituto de Patología Experimental de la formidable IG Farbenindustria que había conseguido Duisberg.

Inicialmente se encargó a Domagk explorar y estar atento a cualquier molécula que curase cualquier enfermedad y que pudiera ser patentada. Pero también se le permitió seguir investigando (tripanosomas sobre todo como otros equipos europeos)

– En 1930, basado en las lagunas de algunas patologías, Hoerlein prepara minuciosamente un proyecto: atacar al “asesino rojo” (Streptococcus pyogenes) que produce la escarlatina, erisipela, fiebre reumática, fiebres puerperales, amigdalitis y sepsis, con una elevada mortalidad infantil. Para ello diseña un equipo: dos químicos Mietzsch y Klarer dirigidos por un médico, Domagk y le fija las condiciones. Ensayaron cientos de productos en plan confidencial, casi secreto. En 1932 Domagk dejó sobre la mesa de Hoerlein un informe con una fórmula química y un escueto comentario: aquí está lo que hemos buscado, lo han preparado Mietzsch y Klarer. El jefe le exigió silencio absoluto y le pidió que siguiera con sus antiguas investigaciones del cáncer, triparsamida etc.

¿Desapareció el informe? Todo lo contrario, inmediatamente Hoerlein se entrevistó con los químicos del equipo y se inició un frenético trabajo, (sin Domagk) de reuniones, informes jurídicos de patentes, discusiones político-financieras. El día de Navidad de 1932 Mietzsch y Klarer solicitaron la patente para la I.G. Farbenindustria. ¿Y Domagk? ¿Había caído en desgracia? Poco podía sospechar Domagk que se seguía trabajando en el tema.

Un amigo de Horlein, el dermatólogo Schreus tuvo la oportunidad de probar la molécula investigada por primera vez en un humano de Dusseldorf. Un niño de 10 meses, rojo, febril, con un hemocultivo positivo ¿por estreptococos?, no, por estafilococos. Lástima pero estaba tan grave que decidió utilizarla. Al poco de administrarle el fármaco, un ayudante le abordó urgentemente. El niño se había puesto rojo brillante. Finalmente curó. ¡Había curado una sepsis estafilocócica! ¡Era un sorprendente milagro!

Durante 1933 y 1934 se siguió ensayando de forma confidencial en varios hospitales Entretanto ¿qué pasaba con Domagk? ¿Cuántos niños se podían haber salvado?. Solo en febrero de 1935, patentada la sulfamida y valorados los ensayos clínicos se conoció la historia del fármaco en el mundo.

Se desencadenó un alud de informes y de expectativas en torno a éste fármaco milagroso que curaba prácticamente todo y recibió el nombre de prontosil. Domagk comprobó que se le dejaba al margen y en poco mas de 10 días preparó sus resultados y los envió a publicar. ¿Empeoró esta decisión su situación profesional?. No está claro pero Domagk provocó una oleada de admiración internacional y simpatía porque con sus silencios y prudencia se sospechó que se le había marginado, y además las noticias de la enfermedad de su hija salvada con el prontosil ocuparon las primeras páginas de muchos periódicos . No podía sospechar que se le otorgaba el Premio Nobel coincidiendo con una situación bélico-política insostenible hasta el punto de prohibirle su propio país recoger el Premio.

Pero ¿porqué los alemanes actuaron con tantos “secretos”?

Desde el principio se sospechó que los resultados no eran tan buenos como se publicaba; Domagk había presentado resultados de curación del 100% algo insólito en un fármaco y los alemanes querían asegurarse bien.

¿Quién fue el principal desconfiado? Fourneau, no podía ser otro, el mismo del Bayer 205 (ver germanina.). El equipo Fourneau, Levaditi y los esposos Tréfouël iniciaron una nueva versión del “caso germanina” porque:

1º) No se creyeron los porcentajes de curación (100%),

2º) Cuando pidieron sustancia para investigación les citaron a una reunión. Pronto se dieron cuenta del juego. Lo importante era la venta del prontosil en Francia y otros grandes negocios internacionales. Pero no tenían capacidad para proteger el prontosil en Francia. Legalmente no podían, y es dudoso que los franceses quisieran, porque rápidamente se pusieron a sintetizarlo y rápidamente apareció en el mercado la versión francesa del prontosil. El tratado de Versalles, según Hoerlein dejaba inerme a los intelectuales alemanes.

3º) los esposos Trefouel identificaron la parte activa, un simple derivado de la anilina que no era rojo, era mas barato y menos tóxico. Habían echado por tierra definitivamente la patente alemana. 4º) Los Trefouel revisaron el asunto y descubrieron sorprendentemente que esta misma molécula había sido patentada en 1909 como una anilina y la había patentado el mismísimo Hoerlein para disgusto de Fourneau; que se tornó alegría cuando comprobó que había caducado la patente hacía 10 años. 5º) ¿Esto lo sabían los alemanes? O ¿quisieron crear una nueva patente para obviar la caducidad? Los alemanes nunca lo comentaron.

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