La odisea espacial - Gemini 12 spacecraft seen during EVA - NASA.gov

 

La supervivencia es palabra conocida en la evolución microbiana a lo largo de millones de años en la Tierra. Y los viajes espaciales no han sido capaces de asustar a estos camaleónicos seres capaces de adaptarse a los lugares más inhóspitos. Los primeros habitantes de nuestra Luna parecen haber sido ellos, aunque sea por casualidad. Streptococcus mitis, una bacteria que vive habitualmente en la placa dental, ha convertido a los microorganismos en los pioneros de la colonización lunar, y son los primeros supervivientes de una misión espacial interplanetaria.

Estos streptococos viajaron de polizones en una sonda espacial y ni las abrasadoras temperaturas del despegue, la exposición al vacío, las radiaciones en el espacio y las bajísimas temperaturas en la Luna pudieron con ellos. Llegaron en 1967, en el interior de una cámara de televisión de una sonda de la NASA, “Surveyor 3”. Tres años después los astronautas Conrad y Beam alunizaron en el “Apolo 12”, y de vuelta en la Tierra fueron descubiertos por los biólogos ¡y estaban vivos y “coleando”!, habían sobrevivido sin nutrientes, agua, ni radiación solar. Los científicos observan ahora este fenómeno a través de los conocimientos que nos llegan de los microorganismos extremófilos de nuestro planeta, cuyos insólitos hogares no dejan de sorprendernos.

Tres décadas más tarde del descubrimiento de la increíble resistencia de estas bacterias, el interés por conocer la forma de vida en situaciones extremas ha tomado cuerpo en una rama de la biología, donde estos microbios son dueños de la clave, todavía no descifrada, de cómo se pueden bordear los límites de la resistencia y contrarrestar el impacto del vacío, temperaturas que llegan a la ebullición, radiaciones calcinantes o presiones aplastantes. Son microorganismos que viven en ambientes hostiles a la vida, tales como fondos submarinos, volcanes activos, ríos contaminados, hielos eternos, o hirvientes aguas termales. Cuando averigüemos cómo lo hacen sabremos, tal vez, dónde están las fronteras de la vida y nos ayudarán a conocer no sólo cuáles fueron los orígenes en la Tierra, sino que despejarán interrogantes acerca de las posibilidades de vida en otros planetas y abrirán otros. ¿Emergerán como patógenos? ¿Será el espacio un reservorio de mutantes?

 

 

 

Texto publicado por José Prieto y Sagrario Heredia en el libro “Infección, Temores y Esperanzas”

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