Anagramas médicos

 

En la actualidad, popularmente la gente identifica un anagrama con un símbolo o emblema. Es la consecuencia del poder y necesidad en empresas e instituciones de la mercadotecnia (marketing).

Pero el diccionario de la RAE define anagrama en su primera acepción como “la transposición de las letras de una palabra o sentencia, de la que resulta otra palabra o sentencia distinta”. Por tanto el significado de 2 palabras con las mismas letras en distinta posición produce significados diferentes. Son anagramáticas”. En la naturaleza, propiedades parecidas podemos extrapolarlas en biología a algunas características de los genes y en química a los isómeros. Estos fenómenos se citan al final de este artículo.

 Juegos anagramáticos

Se atribuye a los griegos la primicia en el uso de esta característica como divertimento en juegos intelectuales. Desde la Edad Media se encuentran en acertijos, sátiras y diversos juegos de equívocos. Después vendría su uso en pseudónimos (como el de Pablo Picasso – Pascal Obispo), los crucigramas y otros juegos literarios.

Los anagramas literarios son el fundamento de algunas competiciones y juegos comercializados de palabras o letras. Este hecho junto a otras aplicaciones explica que en la actualidad hayan aparecido aplicaciones y programas “on line” de búsqueda de anagramas. ¡Impresionante! Introduzca las letras que quiera procesar o la palabra que desee homologar como anagramática en el generador, pulse “buscar” y ¡ya está! En menos de un segundo, por muy complicado que sea, tiene el producto manufacturado. Esta mecanización acabará con la satisfacción del hallazgo más o menos fortuito y con la afición a los juegos de palabras. ¿Alguien se imagina resolver crucigramas con un ordenador?.

Por otro lado estos programas son similares a los que identifican la secuenciación de genes o los de búsqueda de compuestos químicos con igual composición y diferentes propiedades.

 Anagramas médicos

Las aplicaciones de anagramas lúdicos comerciales o como meras curiosidades explica el número de estudios y de estudiosos sobre el tema. En este artículo, dedicado a términos médicos, solo pretendemos hacer algunas consideraciones fruto de la curiosidad personal.

El tamaño de la palabra suele oscilar, salvo excepciones, entre 5 y 10 letras. Es verdad que encontramos alguna como cara (arca) de cuatro letras y alguna de 11 como cuarentenas (encuestarán) o de 12 diagnosticar (contradigáis), pero no es lo habitual.

Es más fácil construir anagramas con palabras de número impar de letras, que llevan 2 vocales y tres consonantes que con palabras de número par. En este sentido las plurales facilitan en general un mayor número de anagramas o cambian sustancialmente el significado. Ejemplo:

Nervio – inervo, vieron, (6 letras)

Nervios – virones, inverso, versión (7 letras)

Cara – arca (4 letras)

Caras – arcas, casar, crasa, rasca, sacra (5 letras)

Sedimento – desmiento (9 letras)

Sedimentos – desmontéis, destinemos (10 letras)

Úlcera – lucera, recula, culear, culera (6 letras)

Úlceras – luceras, lucrarse, reculas, reclusa, culares, cúrales (7letras)

Teratoma – tomatera (8 letras)

Teratomas – tomateras, armatoste, metatarso (9 letras)

Como curiosidad, algunas palabras en masculino o femenino dan origen a anagramas con un significado totalmente diferente como receptor (torpecer) y receptora (carpetero).

También el número de anagramas es muy variable. En la mayoría de las palabras del argot médico no encontraremos ninguno. Sorprende que palabras tan comunes, de construcción tan normal como las siguientes, no tengan sus correspondientes anagramas. Articulación, apendicitis, antibiótico, autopsia, ayunar, bazo, biología, cabeza, clínico, cólico, dentición, empiema, esfínter, fiebre, glándula, hospital, infarto, linfocito, medicación, órgano, patología, etc. Sí parece lógico que los términos con alguna letra del tipo h, q, x, y, w ó z sean difíciles de recomponer.

Luego tenemos bastantes términos con un único anagrama: brazo (broza), colitis (líticos), coma (moca), etc. y con varios se pueden encontrar en número notable. Hasta 20 diferentes se pueden localizar en algunos casos como ratones (de 7 letras) o serratia (de 8 letras).

  • Ratones: arteson, ensarto, notares, rotasen, sortean, tenoras, etc.
  • Serratia: arterias, estirara, rateras, restarían, restaría, retarías, tersaría, etc.

La mayoría de los anagramas médicos son polivocales y policonsonantes pero se pueden encontrar algunas univocales como: arcadas (rascada), sarna (ranas), soplo (polos), cara (arca), colon (clono), placa (clapa), temer (meter), olor (loro) o plasma (palmas).

Entre nuestros grandes satíricos ha sido frecuente el uso de anagramas para insultar, humillar o simplemente demostrar su ingenio. Algunos de los términos médicos, con su proverbial ingenio, habrían hecho las delicias de más de un lector.

En la construcción se tendrá cuidado con los resultados. De forma inocente pueden surgir anagramas incómodos. Ocurre con:

Tejidos – jodiste, moléculas – lameculos, óptica – cipota, séptico – cipotes, amebas – meabas, núcleos – culones, fallos – follas, protésico – cipoteros, olfatos – flatoso, estupro – puteros, tétanos – tetonas, rubor – burro, secuela – culease, enemas –measen, erupciones – escupieron.

Algunos anagramas, por asociación, pueden resultar insultantes o, simplemente, crueles. Es el caso de:

Alergia – alegría, enanos – mansiones, maligno – milonga, melanoma – melómana, taquipneas – quitapenas, tumores – muertos…. Y en plan social: suero – euros, terapia – piratea, timomas – timamos, remedios – demoréis, canino – nación, caninos – sanción.

No dejan de ser curiosos anagramas que parecen ser de significados parecidos o complementarios mientras que en otros casos ocurre lo contrario. Ejemplo: estupor – estupro, fisura – sufría, obeso – seboso, síntomas – sintamos, lipoma – amplio, citoplasma – plasmático, etc. sin embargo no hay términos más lejanos que: anejos – ajenos, nocardia – arácnido, parótida – podiatra, oclusión – solución, riesgo (vascular) – riegos, imagen – enigma, organismos – ignoremos, tolerancia – alteración, etc.

Recordemos que los anagramas son palabras con el mismo número de letras pero diferente significado. También es así con los términos médicos. Pero curiosamente muchos anagramas médicos mantienen un significado en el ámbito médico como se muestra en la siguiente relación:

Abrasión – orinabas

Aerosol – roseola

Apósito – potasio

Ascitis – tísicas

Aséptico – ectopias

Bisturís – bursitis

Capilares – paralices

Caries – raíces, sérica

Carcinoma – carcomían

Cefaleas – esfacela

Ciática – ascítica

Citoplasma – plasmático

Codeínas – sedación

Colitis – líticos

Congénitas – congestión

Cráneo – córnea

Daños – soñad

Demencia – endémica

Demencias medicasen

Diagnosticar – contradigáis

Disnea – andéis

Donantes – tensando

Dreno – orden

Dureza – rudeza

Embarazo – remozaba

Encías – nacéis

Enfermeras – enfermarse

Entérico – eroticen

Epitelios – pelitieso

Eritema – metería

Erupciones – escupieron

Espalda – peladas

Espasmo – pesamos

Espiración – perniciosa

Espora – reposa

Estrés – restes

Fisura – sufría

Imagen – enigma

Ingreso – resigno

Lavados – salvado

Levadura – veladura

Linfa – final

Linguales – engullías

Lipoma – amplio

Malar – ramal

Mordida – dormida

Mortales – molestar

Narices – criasen

Nerviosas – invasores

Nerviosa – aversión

Nervios – virones

Neuróticos – cetonurias

Nocardia – arácnido

Obeso – seboso

Oclusión – inóculos

Olfatos – flatoso

Óptico – tópico

Orinas – sonría

Osteoma – oteamos

Periorales – leprosería

Parótida – podiatra

Plasma – palmas

Pleuras – repulsa

Presión – priones

Pronóstico – protónicos

Protésico – proteicos

Proteus – estupor

Radical – cardial

Ratón – antro

Retículo – telúrico

Retina – tierna

Rubor – rubro

Sarna – sanar

Secreción – resección

Síntomas – sintamos

Sonda – ondas

Sordera – ardores

Teratoma – metatarso

Tétanos – atentos

Tolerancia – alteración

Torsión – nitroso

Varices – víscera

 

Si algunas palabras constituyen una tortura para los disléxicos, en la anagramática son más frecuentes las dificultades al hablar o escribir para estos pacientes. Se citan algunos anagramas médicos que requieren cuidado:

Dureza – rudeza, levadura – veladura, luético – lutecio, médico – décimo, melanoma – melómana, molar – moral, nosocomial – salomónico, opera – oponer, pronóstico – protónicos, protésico – proteico, pulmones – plumones, quiste – tiques, resonancia – racionasen, riñones – niñeros, sabor – sobar, sarna – sanar, secretar – estercar, tétanos – tanteos, tráquea – arqueta, varicela- vacilare, vendaje – vendeja, vitales – levitas.

Si ahora quiere el lector demostrar su ingenio puede construir frases (ejemplo: no andéis con disnea) donde domina un determinado anagrama: por ejemplo con terapias (8 letras) – apartéis, apitares, apretáis, aprietas, atrapéis, atrepsia y así hasta 12 ó 14 anagramas más de terapias. Lo mismo arterias (8 letras) – aterráis, raterías, restaría, retrasas, Serratia y otros 14. Otro tanto podríamos decir de estupor (7 letras) – Proteus, puteros, etc. o espora (6 letras) – aperos, áspero, reposa, repaso, operas, etc. y otras 14 más del idioma castellano.

 

“Anagramas” biológicos.

En biología molecular las técnicas de lectura y significado del ADN han supuesto una verdadera revolución de ciencia-ficción. Digo lectura y digo bien, porque el ADN es el libro de la vida, que es algo más que una metáfora.

Los ácidos nucleicos, ADN y ARN, son macromoléculas constituidas por bloques básicos, nucleótidos, a modo de capítulos. El ADN lleva en su composición las bases Adenina (A) Guanina (G) Timina (T) ó Citosina (C). En definitiva 4 letras forman el “alfabeto” con el que se construye el libro citado. Además las bases forman parejas asociándose siempre los pares G-C y A-T, como si de la asociación de una consonante y una vocal se tratara, para facilitar la lectura. El nº de bases G será el mismo de C y el de A igual que el de T, pero la proporción de estos pares de bases puede ser muy diferente para cada especie de organismo (entre el 25 y el 80%).

Por tanto el “lenguaje” biológico y su traducción “gramatical” es un principio muy sencillo y económico ¡La naturaleza siempre ahorra!.

Pero solo en el último medio siglo hemos podido empezar a traducir y comprender el significado del “libro” de cada especie. Sabemos que está “escrito” con millones de letras (bases) que forman miles de “palabras” (genes). En cada gen, la proporción, el nº y colocación de pares de bases (letras) es constante y tiene un significado definido.

Pues bien, en un fragmento ó gen (palabra) puede ocurrir un cambio en la secuencia de los pares de 2 “letras” A veces se produce la simple inversión de un par (G-C por C-G por ej.) ó la sustitución por otro par ó la trasposición (llevar el segmento a otro lugar de la molécula, ¿fuera de contexto?) ó la duplicación (inserción de un segmento idéntico al lado del original). En todo caso los resultados de la lectura serán diferentes. Es decir con las mismas letras, en distintas posiciones, se obtienen “palabras” (genes) con significados completamente diferentes. Estamos ante la designación que la RAE da a anagrama. En este caso, al fenómeno citado ¿podríamos denominarlo anagrama biológico?.

Como señalábamos en los anagramas literarios, aquí las aplicaciones son numerosas pero también su análisis y conocimiento es inabordable de manera artesanal. Solo se pueden entender los progresos en este campo con potentes programas bioinformáticos capaces de leer millones de datos y comparar composiciones diferentes de los genes, señalando las alteraciones en número y posición. O sea ¡verdadera ciencia-ficción!, transformada en realidad.

 

“Anagramas” químicos

Los isómeros químicos son como los anagramas literarios. Pero a los isómeros les adornan unas propiedades que no tienen los anagramas.

Los isómeros (“anagramas”) son moléculas (palabras) que tienen la misma fórmula molecular (los mismos caracteres) pero diferente estructura (diferente disposición) y por tanto otras propiedades (otros significados).

El descubrimiento de los isómeros se realizó en el siglo XIX. El cianato y fulminato de plata, la urea y el cianato de amonio y los ácidos D y l tartárico fueron los primeros isómeros descritos. Precisamente estos últimos, descritos por Louis Pasteur, teniendo la misma composición, hacían girar a derecha (forma dextrógira, D) y a izquierda (forma levógira, L) la luz polarizada.

En la actualidad se conocen numerosos isómeros, especialmente en compuestos orgánicos, con propiedades de todo tipo incluidos los farmacológicos. En unos casos la isomería (“anagramas”) es de cadena u ordenación ej. El butano y el metilpropano, ambos C4H10. Otra es la de posición, la que ocupa el mismo grupo funcional en diferentes puntos de la estructura. Otros modelos son los de compensación, funcionales y tautoméricos. Pero hay muchos tipos más entre los que destacan los compuestos de isomería espacial o esteroisomeros, como los de Pasteur.

Muchas moléculas de antimicrobianos han mantenido su actividad frente a microorganismos que se hacían resistentes, gracias a la “isomería”. Un simple cambio de posición de un radical puede suponer un cambio de actividad antimicrobiana y/o una defensa de la molécula frente a su destrucción por el microorganismo que se hace resistente.

Como se puede deducir es un campo de una gran importancia con numerosas aplicaciones. La ingeniería química y la informática están permitiendo el diseño virtual de miles de medicamentos y sus presuntas propiedades terapéuticas. Este hecho permite la rápida exploración, ensayo y aplicación terapéutica de los más apropiados.

 

 

 

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