Papel de los eufemismos en la jerga médica. Ilustración "El roto"

 

Los avances médicos han incorporado miles de nuevos términos que consolida el carácter científico del tecnolecto sanitario. Con este panorama se puede pensar en un nuevo discurso del médico. Ya no se convence al paciente con explicaciones en latín, la verborrea, los circunloquios, las complicidades de los colegas y el sometimiento e ignorancia de los enfermos. Estamos en el siglo XXI.

Pero, oh, sorpresa, nuestra sociedad está instalada en lo “políticamente correcto”. Los eufemismos invaden nuestro lenguaje, incluidos los sectores técnico-científicos.

El tecnolecto, terminología y lenguaje preciso, debe ser un requisito fundamental de cualquier área científica. El área sanitaria es muy diferente. Debe coexistir el tecnolecto, entre profesionales sobre todo, con la comunicación fluida de los ciudadanos de diferentes culturas y niveles de conocimiento.

Da lugar a una jerga, propia de médicos, que tienen indudables aplicaciones. En unos casos aportan cierta notoriedad que va bien a la vanidad de algunos profesionales; en otros casos expresan la puesta al día en ciertos campos a la vez que, como toda jerga, es excluyente para profanos u otras especialidades; pero lo más habitual es evitar la crudeza terminológica en la relación médico-enfermo.

Todo lo citado tiene un común denominador: transmitir confianza. Al fin y al cabo, cualquier medida que contribuye a disminuir los frecuentes fracasos médicos es siempre bienvenida.

Hay varios mecanismos para obtener notoriedad del discurso: Uno habitual es el tamaño de los términos.

Tenemos muchos ejemplos como incrementación por incremento, dimensionalizar o dimensionar por medir, expansionar o amplificar por ampliar, residualizar y sumarizar por restar y resumir respectivamente, etc. También en el discurso sanitario a menudo se conceptualiza en lugar de conceptúa o se compartimentaliza por compartimenta. Se tiende a usar confortabilidad (confort), individualizadamente (individualmente) y concretizar (concretar). En Medicina algunos dan más ampulosidad a su discurso usando medicalizar en vez de medicar o tratar. Otros ejemplos son excepcionalidad por excepción, convulsionado por convulso, cavitación por cavidad o putrefacto por pútrido.

En ocasiones tienen éxito nuevos términos, que han desplazado a otros aunque no tengan la misma raíz como vulnerable (sensible), conducto (canal), tumoración (bulto), progenitora (madre), resonancia (eco), estoma (boca), etc. El tratamiento personalizado (personal) con ácido acetilsalicílico, en lugar de aspirina, da brillo y excluye a profanos de la jerga sanitaria.

No en todos los casos se asocia el tamaño de las palabras con la brillantez del discurso. Ocasionalmente los sinónimos más cortos son más llamativos como tracto (trayecto), febrífugo (antitérmico), vermicida (antihelmíntico) o biocida (antimicrobiano). Hay términos cuya utilidad está comprobada en el discurso presuntuoso y como muletilla para el orador inseguro (“superfenomenal” “real y verdaderamente”·, “como no podía ser de otra manera” etcétera).

Otros términos muy demandados, por la importancia que da a los usuarios su manejo, son las palabras esdrújulas. Frente al sufrido paciente se debe presentar el importante “salvador”. Su nombre ya ejerce un efecto decisivo. De aquí la importancia de su denominación: barbero, sacamuelas, etc. fueron sustituidas por los dentistas. Pero no alcanzaron la autoridad adecuada hasta que no fueron denominados estomatólogos, odontólogos, implantólogos,… Por muy bien que se presentaran, términos como curandero, chaman, facultativo, cirujano o callista fueron sustituidos por otros como médico, cardiólogo, microbiólogo, traumatólogo, podólogo, etc.

El médico sabe que convence mejor a sus pacientes con antibióticos, aunque antimicrobiano y biocida sean términos más científicos. Palabras como experimentador, estudioso, observador, riguroso, seguro, gozan de prestigio etc. pero ninguna como el término científico. Todo es científico: profesionales, métodos, planes, protocolos, tratamientos, Como esdrújula que es, tiene el éxito asegurado.

Si a una simple “espinilla” la denominamos forúnculo le damos seriedad a pesar del sufijo. Como ocurre con divertículo, o pútrido a pesar del prefijo. Otras muchas imponen gran respeto aunque muchos usuarios no conozcan bien su significado: síndrome, séptico, radiológico, analítico, critico, telómero, triglicéridos, fibrinógeno, apósitos, tóxico, prótesis, macrólido, patológico, sistémico, etc.

Si a éstos añadimos esdrújulas del lenguaje general como técnico, económico, informático, periódico, específico, etc. tendremos un precioso material para ofrecer a muchos pacientes.

La mezcla, a la adecuada concentración, de eufemismos, palabras alargadas que signifique poco o nada, más el toque generoso de esdrújulas, permiten la obtención de un discurso que se vende bien porque es actual, atractivo, no compromete y habitualmente no dice nada.

En el estudio evolutivo de los sinónimos, los eufemismos son fundamentales. Los términos escatológicos, malsonantes, molestos, de enfermedades vergonzantes y socialmente excluyentes dan lugar a eufemismos, términos políticamente correctos, que como tales, son efímeros y aparecen otros sin amortizarse los anteriores.

Los verdaderos eufemismos persiguen una complicidad con el enfermo. Que no le moleste el duro lenguaje de la enfermedad, decirle lo que le gusta oír, aunque se pierda precisión en la comunicación. Veamos algunos ejemplos:

Viejo, anciano, mayor, sexagenario, jubilado, de la tercera edad, incluso se oye “ciudadanos seis punto cero; Cáncer, proceso maligno, neoplasia, neo; Tisis, tuberculosis, TB; Enfermedades del pecado, venéreas, ETS, ITS; Drogadictos, drogodependientes, ADPVP.

Puede resultar incómodo decirle al enfermo que su enfermedad es de causa desconocida, pero queda bien si se define como proceso esencial o idiopático o inespecífico.

Cuando el médico le relata que sus síntomas son “compatibles con…” puede dejar tranquilo al enfermo pero lo deja sin diagnosticar.

Una forma de explicar al paciente que no se le trata porque no se sabe que tiene es recurrir a los socorridas frases de: “conducta expectante”, “pedir pruebas”, “tratamiento conservador” (a veces con un placebo), “tratamiento de prueba”.

Sobre el pronóstico, el término “reservado” suele dar mucho juego, como los porcentajes; decir por ejemplo que el 70% de procesos como el suyo evolucionan bien, salvo complicaciones es un eufemismo. Donde tienen los eufemismos una reconocida utilidad es al suavizar la comunicación de una muerte, “pasó a mejor vida”.

La gestión de crisis como los brotes epidémicos, listas de espera, etc. por parte de la Administración es una fuente inagotable de eufemismos. El manejo de índices, tasas, prevalencias, tiempos, tendencias, probabilidades, riesgos, alarmas, etc. que casi nadie entiende, pretenden tranquilizar a la población, aunque generalmente logran el efecto contrario.

Qué bien maneja la Administración términos como: sostenibilidad, estado del bienestar, equilibrio presupuestario, de excelencia y otros similares que podrían resumirse en: “actuación médica”. Con algunas campañas, como es el caso de los antibióticos se ha pasado de “evitar el abuso de antibióticos” a la “política de antibióticos”, “uso prudente de antibióticos”, “uso responsable de antibióticos” o “PROA” (programa de optimización de antibióticos).

¡Pero si es lo mismo! o ¿son formas diferentes de entender el uso adecuado?.

En la práctica médica, más bien gestión sanitaria, se ha impuesto la jerga incorporada del ámbito empresarial. Términos como liderazgo, eficiencia, actividad sostenible, corresponsabilización, valor añadido, ranking, estrategia, desarrollo e innovación, solidaridad, DAFO del sistema, etc. son habituales entre los profesionales sanitarios.

Y no hablemos de los hallazgos en la formación universitaria de los sanitarios. La constelación semántica que nos ha llegado con el Plan Bolonia obliga, si no se quiere ver excluido del discurso, al manejo del EES (Espacio Europeo Superior), concienciación de valores, ocupabilidad, materias transversales, índices de rendimiento, ponderación de indicadores, convergencia, gestión de confianza, transferencia de conocimiento, créditos, etc.

¿Qué ocurrirá con los profesionales que no hablen la moderna jerga inflada de eufemismos? Seguramente serán tildados de anticuados e incompetentes teóricos. Pero no se preocupen, lo más importante es que su jerga se identifique con las necesidades del enfermo; su labor estará protagonizada por la atención al paciente y la transmisión de su experiencia y conocimientos a los futuros sanitarios. Es decir, eufemismos aparte, como siempre.

1 Comentario

  1. Es posible q me equivoque o que no haya entendido el artículo al completo pero en uno de los párrafos se mencionan algunos términos como sinónimos y no lo son, por ejemplo: Cavidad no es lo mismo q cavitación (la primera es natural como la cavidad pélvica y una cavitación es patológica, como una cavitación por un absceso cerebral), resonancia no es lo mismo que eco (son técnicas de imagen que pueden ser diagnósticas y/o terapéuticas muy diferentes en cuanto a principios físicos, aplicaciones, usuarios e interpretaciones), aspirina no es lo mismo que ácido acetil salicilico (uno es un nombre comercial y el otro es el genérico, no todo ácido acetil salicilico es aspirina pero si todas las aspirinas con ácido acetil salicilico).

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