Factor tiempo

El tiempo, de una u otra forma, está presente en nuestra vida, es nuestra vida. Es inmaterial, multiforme y adaptable , pero no es estrictamente subjetivo. Tampoco es estrictamente objetivable, pero se puede medir. Por eso el concepto “tiempo” se percibe de forma diferente por cada persona y para cada fenómeno. Por eso las opiniones son innumerables. Por eso forma parte de la expresión artística con diferentes interpretaciones (literatura, cine, música…). Por eso el tiempo para un físico, un filósofo, un enamorado, un anciano, un enfermo, un médico, etc. es distinto.

En la actualidad se da gran importancia a la denominada cronobiología clínica o médica. Se refiere a los ritmos biológicos en la salud y en la enfermedad, considerando la hora del día y la estación del año sobre todo. Hormonas, presión arterial, temperatura ambiente, etc. pueden condicionar procesos como trastornos del sueño, hipertensión, gastritis, alergia o trastornos psiquiátricos entre otros. La evolución de la enfermedad se estudia bajo el epígrafe de patocronia o nosocronia.

“Le han dado cita previa para después de seis meses”. Una frase como ésta o similar, tan frecuente en nuestro sistema sanitario, está dominada por el factor tiempo y, como tal, sometido a diversas percepciones y críticas.

La palabra “cita” para el médico implica demora organizada, programación, funcionamiento del sistema en resumen. Para el paciente es frustración, porque esperaba no tener que volver o temor a tener algo grave -de lo contrario le habrían tratado en el acto- y desconfianza a que el médico realmente no sepa lo que tiene. Para un político de la oposición es incompetencia de la autoridad sanitaria. El periodista, economista, familiar, en fin, la percibirán a su manera.

El adjetivo temporal “previa” en realidad es un pleonasmo para realzar la “cita” que por definición es “previa”.

El adverbio de tiempo “después”- de 6 meses- puede tener sus matices. El médico lo verá como un dato de precisión y muestra de su laboriosidad ;el administrativo una tarea burocrática más. Para el enfermo es desesperanza e irritación. Otros lo usarán como arma “arrojadiza”.

El tiempo se define como el periodo que transcurre entre dos instantes perceptibles para un observador o aparato de medida. Esta definición nos sirve en la práctica médica cotidiana, pero no se puede olvidar que además del concepto de tiempo absoluto, los filósofos y físicos lo relacionan con el espacio y lo relativizan. El diccionario de la Real Academia de Medicina define el tiempo en 1ª acepción como: “coordenada de referencia que permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro”. En nuestro campo, la unidad de medida es el segundo, pero la referencia puede ser de años o siglos (en historia de la medicina) días o meses (en historia natural de la enfermedad) horas (en tratamientos) minutos o segundos (en signos, pulsos, respiración, etc.).

El tiempo en las ciencias biológicas no puede tener una interpretación lineal porque corresponde a fenómenos que evolucionan, cambian y se adaptan a velocidades muy diferentes. Los microorganismos de la piel y mucosas, importantes componentes orgánicos, siguen tiempos diferentes; recuérdese que algunas bacterias recorren toda su vida en 18-20 minutos antes de dividirse, sin morir, en 2 células hijas, que “rejuvenecidas” inician el proceso de reproducción. Son “eternas”, al menos en teoría. Y ¿qué decir de los virus?, que en algunos casos se incorporan al ADN del huésped acompañándolo durante toda la vida.

El factor tiempo es un parámetro fundamental en medicina, aunque en contadas ocasiones el médico repara en su importancia. Este artículo tiene como objetivo llevar al lector a la reflexión sobre la complejidad de este factor.

El tiempo de un organismo humano, como el de cualquier otro organismo superior, es el resultado de todos los tiempos parciales. Necesita armonizar el tiempo en “impulsos” de una determinada función, sináptica por ejemplo, con otras más duraderas, diarias como el ritmo circadiano, de varias horas como la vida de los leucocitos, de años, incluso de toda una vida como el tejido nervioso. Estos tiempos también están modulados por otros factores como los de la propia microbiota.

Aunque en Medicina utilicemos el tiempo en términos absolutos ,está claro que su percepción, significado e interpretación varía en función de los observadores, los protagonistas y el tipo de fenómeno medido.Por eso,en los protocolos de actuación, documentos de consenso ,etc.,los tiempos dificultan la aplicación de la moderna Medicina de Precisión. Por ejemplo no sirve pautar un fármaco 2 ó 3 veces al día. ¡Hay que concretar precedentes, inicio, intervalo y duración!.

La vida en años. Es la forma que tenemos para expresar y medir nuestro paso por este mundo. Pero no es un tramo lineal y en Medicina lo sabemos bien. Tanto es así que el estudio de los extremos da lugar a sendas especialidades, Pediatría y Geriatría. Considerada globalmente, la población se representa en la pirámide demográfica, no tan piramidal ya en el mundo occidental, que también está sometida a debate. Las expectativas de vida a principios del siglo XX eran de poco más de 30 años. ¡Por la altísima mortalidad infantil (lactantes)!. Por otro lado en la flexible pirámide demográfica se observa un incremento de las expectativas de vida muy rápido hasta los años 80. Desde entonces el incremento es escaso.

Esta pirámide expresa muy bien la no linealidad cuando comparamos poblaciones de diferentes épocas, países y regiones. Individualmente, la complejidad del factor tiempo ha exigido consensuar la edad de los sujetos pediátricos y geriátricos. La Medicina Personalizada obligará a fijar las características de cada enfermo respecto a su edad biológica, más que la cronológica.

¿Añadir años a la vida o vida a los años?. A medida que pasan los años se percibe la preocupación del individuo por las “expectativas de vida”, “envejecimiento sostenible”, “envejecimiento prematuro”, “ancianidad saludable”… Y a medida que se aproxima el fin, se percibe que el tiempo pasa más deprisa.

¿Cómo valorar las actuaciones médicas en las expectativas de vida?. A nivel general muy positivamente, pero no se pueden cerrar los ojos a la iatrogenia médica: Reducción de ¿ mortalidad? en huelgas hospitalarias, movimientos antivacunas, recortes económicos, acción secundaria de los medicamentos, etc. son temas de continuo debate.

Habitualmente se asume que el incremento de los años de vida se hace a costa de menos salud. Es verdad que, comparando con otras edades, las enfermedades son más frecuentes, y más todavía si se relacionan con fallecimientos en estas edades. Pero en términos relativos podríamos pensar que en las edades más altas, 90-100 años, cuanto más tiempo viven, menos tiempo pasan enfermos.

En la edad biológica los citados puntos añadidos a la pirámide demográfica dan idea de la complejidad en la percepción y medida del tiempo poblacional. Más difícil todavía que a nivel individual. En este escenario hace su aparición la economía de la mano de las Compañías de Seguros. Aquí el cálculo vital para primas de riesgo (seguros de vida, enfermedad, pensiones vitalicias, etc.) debe afinar al máximo. La edad biológica se pone de actualidad. La edad cronológica individual no se corresponde con los criterios establecidos para la población sobre expectativas de vida. Se estima una diferencia de edad biológica y cronológica entre 10-12 años. Ante esta diferencia, ¿cómo no buscar una nueva unidad de medida?. El tamaño de los telómeros, metabolismo oxidativo, reactividad inflamatoria, etc. son campos donde buscar nuevos biomarcadores como predictores de expectativas de vida. De todas formas no podemos medir en el organismo humano la cronología de la obsolescencia programada como si de un robot se tratara… todavía.

En Medicina el uso de “antes de”, “aplazado”, “después de mucho tiempo”, “tras larga espera”, “rápidamente”, etc. son ambigüedades que no facilitan la medicina científica. Hemos visto que, por lo general, las unidades convencionales de tiempo (segundo, hora, día,…) son contundentes como valores absolutos. Pero en Medicina, estos valores valen muy poco aisladamente.

Imaginemos el caso de un enfermo de 60 años que había sido vacunado hace 20 años contra el neumococo y del que sabemos datos generales como los siguientes: duración de un leucocito defensivo, 4,5 horas de media, un linfocito (defensas específicas) dura por ejemplo 5 años, el neumococo se divide cada 22 minutos. Un antibiótico se administra cada 8 horas. Son datos deslavazados ,que no sirven para nada si no se integran en la historia natural de la enfermedad, es decir si no se relacionan con otros muchos parámetros.

Estas relaciones bien planteadas aproximan a criterios generales- percepción cercana de todos los protagonistas- y permiten el progreso de la medicina. El factor tiempo en índices, ecuaciones, diagramas, etc. adquiere sentido y utilidad.

Patocronia es la parte de la patología que estudia la evolución de las enfermedades, analizando las características y situaciones. El tiempo en la enfermedad es de compleja valoración. Cada protagonista lo ve de forma diferente. El gerente lo mide en términos de costes; para el político las listas de tiempo de espera, número de jornadas pérdidas, tasas de prevalencia, incidencia, etc. le permiten usar diferentes unidades de medida; para el enfermo y el médico es más complicado. La percepción del tiempo en cada fase de la enfermedad y en cada individuo es diferente.

En cuadros dolorosos, comatosos, en fase clínica, en convalecencia, etc. el tiempo transcurre a diferentes velocidades. El médico lo sabe bien y condiciona su conducta a cada situación (aguda, subaguda, crónica, terminal…).

El tiempo impregna toda actuación médica como se prueba en la historia clínica. Las tres preguntas hipocráticas con que suele iniciarse el contacto con el enfermo están presididas por el tiempo. ¿Qué le pasa? es presente, en este momento. ¿Desde cuándo? es pasado, intentando delimitar un periodo de tiempo. ¿A qué lo atribuye? también en pasado, pero sin delimitar tiempo.

Las contestaciones recogidas construyen el primer paso de la historia natural de la enfermedad del paciente, que no es otra cosa sino la secuencia de los periodos de tiempo que se suceden en cada proceso patológico.

En toda enfermedad se acepta una etapa prepatogénica y otra patogénica. En esta última se diferenciará el periodo de incubación o latencia y el periodo clínico con los tiempos de pródromos, clínico y de resolución (curación, cronificación o fallecimiento).

La identificación de la enfermedad con su clínica y duración (tiempos) con un patrón previamente descrito nos da el diagnóstico clínico. Ahora bien, como en los demás temas médicos, los tiempos en la historia no son lineales, ni siquiera aproximados en muchas ocasiones. Menos mal que la exploración y pruebas complementarias facilitarán el diagnóstico siempre que se realicen e interpreten en los tiempos adecuados. Algunas pruebas son indudablemente tiempo/dependientes como “tiempo de sangría”, “tiempo de coagulación”, “tiempo de ruptura lagrimal”, etc. El médico ha valorado y nominado siempre el tiempo en la enfermedad. El uso de los prefijos “taqui” (taquicardia, taquipnea), “bradi” (bradicardia, bradipnea), “pre” y “post” (antes o después de un fenómeno) o términos como lineal, ritmo y arritmia, pauta, evolución, curso, tiempo de espera, cirugía programada, etc. indican tiempo. Pero siempre con una referencia, en forma de ecuación o relación; como el ejemplo de comparar el número de pulsaciones por minuto en enfermos y en población normal.

El tiempo clínico en todas las fases de la enfermedad es diferente y poco conocido, a la vez que fundamental para el abordaje adecuado. Por ejemplo en el periodo de incubación de una enfermedad infecciosa no podemos establecer su duración con exactitud ni qué fase es fuente de infección. Solo nos aproximamos en la duración de los cuadros clínicos. ¿Qué decir sobre el paso de un cuadro agudo a crónico?. ¿Cuándo considerar reagudización, recidiva, reinfección…? Ni siquiera hay consenso para la mayoría de las enfermedades. En otras facetas hay avances notables, pero está claro que la dificultad de valoración de los tiempos es un obstáculo para la Medicina de Precisión.

El tiempo en el diagnóstico– La optimización de las pruebas diagnósticas dependen, en buena medida, de la fase en que esté la enfermedad. En cada periodo predominarán unos u otros signos que se van sucediendo según la evolución patogénica. Esta dinámica en el tiempo traduce el mecanismo molecular e histopatológico de la enfermedad, que su vez se corresponde con los datos clínicos, las imágenes radiológicas, los datos analíticos, etc. que van cambiando a cada momento. Todo ello constituye un cuadro alejado de una mera “fotografía”. El cuadro del instante le sirve de poco al médico. Necesita “visualizar” la película. Dar marcha atrás, avanzar, leer el guión de lo que esté por “filmar” (pronóstico) y comparar “fotogramas” tantas veces como sea necesario.

Una forma de valorar y medir el tiempo con bastante aceptación es mediante la representación gráfica, relacionándolo con otro parámetro. Por ejemplo en la hepatitis B, la representación en un eje de coordenadas de los títulos de Ac. y Ag a lo largo del tiempo nos puede dar un patrón, con los puntos consensuados, para valorar cuándo comienza la enfermedad, cuándo cronifíca, cura o se reactiva. Al fin y al cabo es una forma indirecta de valorar el tiempo en la historia natural de la enfermedad.

El tiempo en la faceta terapéutica de la enfermedad tiene sombras y luces. ¿Cuándo iniciar y terminar un tratamiento? ¿Qué pautas se deben seguir?. La moderna farmacología esta masivamente impregnada del concepto tiempo. Ejemplos: El “proceso clínico”, “régimen terapéutico”, “frecuencia”, “acción en cascada”, “acumulación”, “ensayo clínico”, “desarrollo” de un fármaco, “fases” de un proceso o ensayo, “epifenómeno” o “acontecimiento en el curso de un tratamiento”, “dosis y respuesta de recuerdo”, “periodo de validez” “fecha de caducidad”, “liberación lenta”, “farmacocinética”, “citostático”, “citotóxico”, semivida, etc.

La inmensa mayoría arrojan datos controvertidos, de libre interpretación, que ha obligado a fijar criterios más académicos que científicos. Su complejidad viene dada porque a las variables individuales, se unen las del biofármaco y, en ocasiones como ocurre en las infecciones, las del agente infeccioso.

Estas circunstancias han impulsado nuevos conceptos del tiempo, relativizándolo con otras dimensiones, lo cual elimina algunos sesgos y su interpretación es más universal. Tenemos numerosos ejemplos de los que citamos algunos:

En una gráfica del área bajo la curva (ABC), se representa la concentración en función del tiempo, aspecto útil en biodisponibilidad, bioequivalencia, límites de confianza, e índice terapéutico.

La “farmacodinamia” relaciona dosis del fármaco, tiempo y respuesta. Por ejemplo la acción bacteriostática o bactericida establece la diferencia del tiempo de actuación de un antibiótico para reducir una determinada concentración bacteriana.

La farmacocinética (absorción, distribución… y las variaciones en el tiempo de las concentraciones hísticas) es fundamental para analizar el tiempo máximo, semivida y semivida de fase exponencial terminal así como la aplicación en ensayos clínicos, monitorización, etc. La DDD (dosis diaria definida) se ha convertido en la unidad universal de medida del consumo de un fármaco.

También podríamos incluir aquí las leyes, gráficas, ecuaciones, etc. que se usan en cinética exponencial, constante de tiempo, ley de acción de masas, coeficientes de eflujo, de extracción, etc. Como vemos, se trata de una aproximación científica al concepto relativo del tiempo en según qué situaciones.

La complejidad de algunos procesos, como son las infecciones introduce otro factor diferente, el valor tiempo de los microorganismos patógenos. Los diferentes tiempos de colonización, el “quorung sensing” para iniciar una infección, el variadísimo “tiempo de generación” o “tiempos de patogenicidad” de cada especie, a los que cada paciente responderá con una velocidad, intensidad y mecanismos distintos, condicionarán cuadros cronobiológicos típicos. La evolución en la enfermedad, tanto de los cuadros típicos como de los atípicos, se estudian en la patocronia.

Además los microorganismos pueden seguir otra cronobiología diferente, eso sí, condicionados por la del propio enfermo. Es lo que ocurre con los fenómenos epidemiológicos de aumento o atenuación de la virulencia, la diseminación o la respuesta ante el uso de antimicrobianos; la más llamativa es la de las resistencias.

El hospital es donde mejor se evidencia la relación causa-efecto. La selección de resistencias por la presión antibiótica es tal que, cualquier nuevo antibiótico pierde eficacia a ritmos variados-en uno o varios escalones- en muy pocos meses o años. Su supresión lleva a recuperar la actividad frente a los patógenos poco a poco; cuatro a seis veces más de los años que tardó en perderla.

El tiempo en Medicina Preventiva. El principio de “más vale prevenir que curar” ha calado de tal forma, que se suele entender como una actividad del pasado, previa a la enfermedad para evitar su aparición.

Sin embargo pocas especialidades son como ésta, cuya aplicación abarca toda la historia natural de la enfermedad. La Prevención Primaria (de promoción de la salud, calendario de vacunaciones, etc.), cuando surge la enfermedad ,deja paso a las actividades de la Prevención Secundaria (diagnóstico precoz, cribado…) y Prevención Cuaternaria (acerca de sobretratamientos y otros excesos). La Prevención Terciaria contempla las acciones postpatológicas de restablecimiento de la salud, prevención de contagios, etc. ¿No sería conveniente, en función de los tiempos, cambiar la denominación terciaria y cuaternaria?.

Todos los tipos están condicionados por el tiempo o etapas del proceso pero adolecen de la constante expresada hasta aquí: la diferente percepción que cada uno tiene de un tiempo en concreto. Pongamos algunos ejemplos. El calendario, que implica tiempo, de vacunaciones está lejos de ser aplicado con unanimidad. El diagnóstico precoz no deja de ser una utopía en la práctica de muchas enfermedades. Los sobretratamientos y otros excesos, común a las preocupaciones de farmacólogos, se abordan en la iatrogenia. Los efectos pueden presentarse a corto plazo (ejemplo shock anafiláctico) a medio plazo (ejemplo: ulcera duodenal medicamentosa) a largo plazo, (como la acción de la talidomida) o a muy largo plazo (como la repercusión de la alimentación en el infarto). Los debates científicos, jurídicos, etc. sobre el tiempo en estos asuntos son bien conocidos.

En el título de la moderna Medicina Predictiva el tiempo queda implícito. Es el intento de adelantarse a lo que va a ocurrir. No es augurar, profetizar ni intuir exactamente. Es proyectar los datos del pasado hacia el futuro. Si conocemos el transcurso natural de una enfermedad, como si del cauce seco de un arroyo se tratara, en caso de lluvia, fácilmente deducimos por donde discurrirá el agua y cuál será su final.

En la enfermedad, los limitados conocimientos de los múltiples factores dificultan conocer con seguridad el importante pronóstico. Pero los escores, los índices, indicadores y los numerosos datos, que acumulamos hoy día, nos aproximan a la Predicción con cierta precisión. Solo falta dominar el “big data”. La bioinformática será clave. Ya lo es.

En la Medicina Predictiva adquiere un importante papel la precocidad terapéutica que va de la mano de una conducta empírica inevitable. Es un punto donde el debate está servido. Parece claro que el uso de un antibiótico en un proceso leve o crónico (ejemplos: infección urinaria o tuberculosis respectivamente) debe hacerse tras el adecuado diagnóstico. El tiempo de espera ofrecerá ventajas. Pero ¿Qué hacer en un cuadro grave, sepsis por ejemplo? Aquí el tiempo para iniciar el tratamiento antibiótico es vital. El retraso de 0 a 30 minutos desde el inicio de la hipotensión arroja una mortalidad del 17,3 %. Si es de 1-2 horas, es del 29,5%. Si es de 9-12 h, llegará al 74,6%.(Kurmar,2006)

¿Qué significa la Medicina Precoz? Que la reducción de tiempos en la historia natural de cada enfermedad es un principio esencial. A medida que pasa el tiempo es más difícil influir en su curso natural. Más aun, una vez instaurado el periodo de incubación, y no digamos el estadio clínico, en una infección por ejemplo, es absurdo aplicar medidas preventivas de vacunación frente a la citada infección; de la misma manera que para diagnosticar una infección por el título de anticuerpos tendrá que pasar un tiempo, distinto en cada proceso, para que reaccione el huésped. Antes será negativo. Mucho tiempo después dará resultados difíciles de interpretar; y pueden servir de muy poco.

Cada medida, preventiva, diagnóstica o terapéutica, tiene que adecuarse a cada periodo de la enfermedad. Aplicarse en el momento justo. Como señalábamos unos párrafos antes, en un proceso benigno, las defensas orgánicas pueden ser suficientes para reconducir el proceso mediante compensación, adaptación o curación. Los procedimientos diagnósticos y terapéuticos pueden ser de ayuda. Pero procesos graves, de evolución rápida, exigen actuar en consecuencia, es decir precozmente, rápidamente, inmediatamente, o sea, tan pronto como sea posible.Es decir,sin un esquema cronológico-PATOCRONIA-el médico actúa a ciegas

Ahora bien,no siempre es fácil distiguir un síntoma insignificante . Para evitar sorpresas, por ejemplo, ante un dolor pectoral, es necesario un diagnóstico diferencial rápido que descarte un infarto cardiaco; lo mismo cabe decir ante una pequeña parálisis facial (boca torcida) en un ictus, el comienzo de un mareo en un coma diabético, un cuadro febril en una meningitis, etc. Si el diagnóstico no es precoz, (y correcto), las medidas pueden ser tardías, (e inadecuadas) y el resultado letal.

Situaciones como las apuntadas son muy frecuentes en todas las especialidades: Cirugía, Ginecología, Pediatría, Geriatría, etc. etc.

La Medicina Precoz queda así implícitamente ligada a la Medicina Predictiva. Cada vez se hacen más estudios en los que se objetiva el tiempo en función del pronóstico. Se demuestra en él, que cada hora o minuto que se demora el tratamiento en una meningitis, sepsis, ictus, parada cardiaca, coma diabético, etc. la mortalidad aumenta en porcentajes que se ha podido determinar con gran aproximación. La precocidad en atención médica es , por tanto, un factor altamente predictivo.

En la precocidad de respuesta médica tiene mucho que ver la presión de la ciudadanía. Se ha establecido una verdadera competición sobre el tiempo de respuesta en las llamadas de urgencias y funcionamiento de los transportes (ambulancias, helicópteros), Ante accidentes de tráfico, cardiovasculares, cerebrovasculares, ahogamientos y cualquiera otra urgencia, se asume la importancia de reducir el tiempo. Aquí no caben criterios ni percepciones personales. Los segundos o los minutos son unidades de tiempo vitales, y punto.

¿El tiempo de la enfermedad o la enfermedad del tiempo?

La Medicina ve al enfermo como una dimensión corporal-material ¿Y la temporal?. A diferencia del concepto tiempo en Medicina, la referencia a la enfermedad del “tiempo” se inicia con la descripción que hizo Larrey Dossey en 1982. Se refería a la obsesión de algunas personas por considerar al tiempo como un enemigo que impide o dificulta la promoción profesional, la eficacia, la conciliación familiar y el descanso. El enfermo tiene la sensación que el tiempo lo tiene poseído, atrapado y a la vez se le escapa, se queda sin él.

En la realidad, es el entorno el que atrapa con el ritmo frenético de actividad, la velocidad de los trasportes, la aceleración de procesos, o sea el reloj; y lo que se escapa tiene que ver con la carrera profesional, incapacidad para priorizar y administrar el tiempo, o sea la agenda.Las consecuencias son múltiples problemas físicos y psíquicos: agotamiento, estrés, insomnio, ansiedad…

Se debe resaltar un tratamiento con “tiempo” denominado cultura o filosofía “slow”o de la pereza. Consiste en reaccionar para hacerlo todo con lentitud: Reducir la jornada laboral, apagar el teléfono móvil tras el trabajo, incrementar las relaciones familiares y amigos, el tiempo de ocio, etc.: todo ello a ritmo lento.

Este tratamiento no está exento de efectos colaterales. Se puede caer en el extremo de vacío de actividades, responsabilidad, agenda, etc. Una especie de síndrome vacacional con la sensación de inutilidad y depresión. En este tiempo de ocio parecen más frecuentes las cefaleas, los resfriados, etc. ¿Son realmente más frecuentes?, ¿bajan las defensas?, ¿hay más tiempo para pensar en ellas? ¿o interrumpen el ritmo, cosa que no ocurre en la actividad laboral intensa?.

Otras situaciones son bien conocidas en el ámbito laboral -plataformas marítimas,hospitales,etc -, militar -alertas,conflictos bélicos,etc – y de navegación –aviones ,barcos ,submarinos,naves espaciales,etc -. Nos referimos a los periodos de trabajo-guardia –descanso, con sus diferentes costes biológicos,alteraciones del ritmo circadiano y sus consecuencias orgánicas y funcionales .El denominado popularmente “jet lag”,también conocido como síndrome transoceánico o de los usos horarios ,es una descompensación circadiana emergente en los tiempos modernos.

No debemos pasar por alto, que bajo diversos eufemismos utilizamos el tiempo en Medicina; como cuando hablamos de “dejar al enfermo en observación 24-48 h” pedir “pruebas complementarias” horas o días más tarde “cambiar el tratamiento”, “repetir un estudio analítico” “esperar a que crezca el patógeno”, “esperar a una posible seroconversión”, “a un genotipado que se ha derivado a otro centro”, etc. etc.

Es decir, el paso del tiempo es un aliado del sanitario para encubrir insuficiencias técnicas, profesionales y/o estructurales, pero es un terrible enemigo para el enfermo.

En resumen la Medicina, como la Justicia, si no es rápida no es buena Medicina. El tiempo es un factor vital, difícil de integrar en la vida de cada individuo. Cada uno deberá reflexionar sobre su percepción, lo que supone para los de su entorno, cómo medirlo para integrarlo en un lenguaje general y como administrarlo adecuadamente. ¿Sería conveniente promover la especialización, sino la profesión, de administrador de tiempos?. Este experto lo sería en cronobiología, patocronia (patogenia) y cronoterapia como mínimo.

 

Bibliografía

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