La conducta social sintetiza la de los diferentes grupos. Pero a veces los códigos de conducta no contemplan situaciones excepcionales. Surgen fenómenos desencadenantes de interacciones elementales catalizados por miedos atávicos, rumores irracionales o descontentos sociales. En el ámbito sanitario algunas noticias provocan el acaparamiento de medicamentos, colapsos de urgencias, modas o rechazos de algunos alimentos como ejemplos. Esta situación es frecuente en las infecciones epidémicas.

La infección es inseparable del hombre. Cuando se presenta una epidemia se produce una convulsión social que apenas ha cambiado con el tiempo. Tras la sorpresa inicial, los ciudadanos se sumergen en una mezcla de incertidumbre, miedo, e ira colectiva. Aparte, la Administración suele actuar tarde y de forma contradictoria.

Cuatro aspectos relacionados entre si, explican en mi opinión, la conducta social ante la infección epidémica.

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Nivel cultural bajo, ayuda a responsabilizar a los mas desfavorecidos o envidiados: judíos, comerciantes, mendigos, gitanos, prostitutas, extranjeros, homosexuales, etc. Información y cultura ayudan a mitigar las epidemias y a controlar las manifestaciones desproporcionadas. Por otro lado, a mayor nivel cultural más epidemias, porque la percepción de riesgo es más alto y preocupante. Una infección emergente, aunque no tenga tintes dramáticos, un incremento del 20% del número de tuberculosos o la dificultad de rebajar la incidencia de infección hospitalaria, son ejemplos preocupantes para la población culta, desapercibidos para los demás.

 

El miedo modula la percepción subjetiva del riesgo. No tenemos miedo a viajar o a fumar, causas de miles de muertos, ¡una verdadera pandemia!, porque se supone que ejercemos un control personal. Sin embargo tememos lo desconocido, lo incontrolable. Probablemente, como el miedo a las serpientes o a la oscuridad, tenga algún componente constitutivo. El miedo es emocionante

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y contagioso; más cuanto más intenso. Simples rumores pueden cambiar una situación de temor individual a un pánico colectivo incontrolable. Se exigen vacunas, diagnósticos y tratamientos inexistentes, ocupación de hospitales, demandas, en fin, imposibles de cumplir. En España tenemos recientes ejemplos: recordemos el asunto de la “colza” (demanda masiva de eritromicina), la legionelosis, la última epidemia de meningitis con la agotada rifampicina y rocambolesca búsqueda de la vacuna, el problema de las vacas locas, la “bacteria asesina”, o la aspergilosis (enfermos rebeldes o denunciantes de los hospitales).

En lo sanitario los ciudadanos exigen riesgo cero. Como este punto no existe, afloran sentimientos de decepción e inseguridad que llevan a percibir mas riesgo. Además los riesgos crecen con más rapidez (contaminación, inmunodepresión, deforestación, turismo, resistencias…), que sus antídotos, como antibióticos y  vacunas por ejemplo.

 

La política. Solo aparecer una epidemia, siempre se busca a las autoridades político-sanitarias que suelen actuar tardíamente y de forma contradictoria. Para algunos, las epidemias son el mejor argumento para lograr recursos para asistencia e investigación sanitaria. En España se creaba y amortizaba la Dirección General de Sanidad dependiendo de las epidemias de cólera, viruela, tifus, etc. En otras ocasiones se han usado en guerras comerciales, turísticas y sanitarias.

Los medios de comunicación tienen un efecto amplificador. Las noticias corren de boca en boca y, alimentadas por rumores falsos, termina como bolas de nieve hasta deshacerse por la evidencia. Los periódicos, televisión etc. sintonizan con la sociedad “vendiendo” muy bien las malas noticias.

El ciudadano espera impaciente las siguientes noticias, busca en otros medios, y se encuentra con un goteo de datos objetivos, comprensibles e impactantes: “Mas de 100.000 afectados”, “un muerto mas”, “en 3 días se agotaron…” Interesa la noticia del riesgo que provoca las primeras reacciones. Se buscan posibles fraudes trasfondos de manipulación o bioterrorismo. Se espera el traspié en las declaraciones o medidas que tomará el ministro de turno. El morbo está garantizado.

La globalización es un signo vanguardista que toma forma en las infecciones. Estas no saben de fronteras ni colores políticos. El final del patógeno comportamiento colectivo se explica porque pasa el peligro, se agota el morbo o la colectividad se acostumbra recanalizándose la conducta. La respuesta social ante la infección es por tanto un asunto que requiere atención e investigación sociológica por la trascendencia del tema, los beneficios que se pueden obtener y los problemas que se pueden evitar.