Cada vez es mayor el número de viajeros que en sus vacaciones se desplazan a parajes más o menos distantes y exóticos, y que comportan ciertos riesgos. Son múltiples las posibilidades de contraer y padecer alguna de las llamadas enfermedades importadas, salvo que adoptemos ciertas precauciones y evitemos situaciones en las que es fácil adquirirlas. A continuación presentamos algunas recomendaciones en este sentido:

El baño en agua de ríos y lagos, especialmente cuando está estancada o remansada, puede producir determinadas enfermedades, algunas de ellas adquiridas incluso a través de la piel; y especialmente si hay vegetación en los alrededores (leptospirosis o amebiasis son algunos ejemplos).

La bebida de agua sin garantías de potabilidad, incluso en forma de cubitos de hielo pueden suponer un claro riesgo para enfermedades como el cólera o la hepatitis entre otras.

Los alimentos crudos, poco cocinados, marinados, el consumo devegetales y frutas peladas o con golpes y con la piel rota, también pueden suponer un riesgo para la salud y un mecanismo de arruinar nuestras vacaciones. La leche y derivados lácteos, helados y postres y salsas no industriales, pueden tambien suponer un riesgo.

La higiene frecuente de las manos, el uso de recipientes, platos y vasos con garantías higiénicas, la limpieza y aclarado de utensilios con agua potable, el almacenamiento de los alimentos preparados en el frigorífico, el consumo inmediato de los alimentos tras su preparación o calentamiento si estaba refrigerado, son algunas medias a tener en cuenta.

Otra fuente frecuente de enfermedades importadas por los viajeros es el contacto directo con animales domésticos no controlados y exóticos semisalvajes o salvajes; así como sus productos, secreciones y excretas ya que pueden transmitir ciertas enfermedades. El ántrax o las fiebres de malta son algunos ejemplos

En cuanto a los insectos, las picaduras de mosquitos y otro tipo de insectos; y la mordedura de animales pueden producir enfermedades graves como el paludismo, la fiebre amarilla, o la rabia. En muchos casos, en función del riesgo al que sospechemos que nos podemos exponer, según sea el lugar y duración del viaje, deberíamos vacunarnos con la suficiente antelación para estar protegidos en el momento de la partida, si existe vacuna, o a tomar quimioprofilaxis si ésta está disponible.

Los Servicio de Sanidad Exterior y los centros de vacunación internacional (http://www.msps.es/profesionales/saludPublica/sanidadExterior/salud/centrosvacu.htm) realizan recomendaciones específicas para cada sujeto, en función del lugar al que se viaje y administran las vacunas correspondientes en su caso.

Se recomienda no utilizar perfumes, cremas y jabones con olor que atraen a los mosquitos, y cubrirse bien la superficie del cuerpo al anochecer, hora en la que suelen picar.

Además de los mosquitos, son muchos los insectos cuya picadura pueden transmitir enfermedades, como la pulga, el flebótomo, el piojo, las arañas y garrapatas, los chinche, etc.

En cuanto a las enfermedades trasmitidas por mordeduras y contacto con secreciones, se deben considerar las ratas y ratones, ardillas, murciélagos, perros, gatos, etc.

Con frecuencia las vacaciones son una oportunidad de tener relaciones sexuales no seguras con desconocidos sin protección con el riesgo de adquirir una enfermedad venérea. Es importante la vacunación contra las hepatitis, pero para las demás enfermedades de transmisión sexual es imprescindible para reducir el riesgo el uso del preservativo, aunque este no desaparece.

Disponer de información de los riesgos propios del lugar al que vayamos a viajar puede garantizar el sexito de nuestras vacaciones y evitar ciertas enfermedades infrecuentes en nuestro entorno.

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