Síndrome metabólico

 

También conocido como síndrome metabólico, es un síndrome frecuente en personas obesas, en el que confluyen varios factores de riesgo que cuando se presentan conjuntamente en un mismo paciente, propician la aparición a largo plazo de enfermedades cardiovasculares y/o diabetes.

Para que un paciente sea diagnosticado de síndrome X ha de tener al menos tres de estas cinco circunstancias:

  • glucemia mayor de 100 mg/dL en ayunas;
  • colesterol HDL menor de 40 mg/dL en el hombre y de 50 mg/dL en la mujer;
  • perímetro abdominal mayor de 102 cm en el hombre y 88 en la mujer,
  • triglicéridos en sangre mayor de 150 mg/dL en sangre
  • presión arterial mayor de 130 mmHg de sistólica y 85 de diastólica.

Son especialmente indicativos tanto la medida de la cintura como la glucosa elevada. Cuanto mayor sea el número de factores, mayor será el riesgo de tener complicaciones, aunque con tres de ellos se le diagnostica.

Dado que es un problema muy relacionado con los estilos de vida (sedentarismo y dieta), la actuación sobre éstos permite mejorar el pronóstico y disminuir el riesgo, según la Academia de Nutrición y Dietética americana.

En el caso de la dieta debe ser equilibrada y variada, adecuada en calorías al tipo de vida que tenga el sujeto, y se ha de basar en el consumo de hortalizas, frutas, legumbres, carnes de aves y conejo, evitando embutidos y dulces. El paciente deberá disminuir el peso en un 10%, restringiendo la dieta calórica.

El ejercicio es un elemento fundamental de la prevención, no solo del síndrome X sino de una gran variedad de enfermedades. Se deben aumentar los desplazamientos andando y evitar el uso del coche. Salir a andar, al menos una hora diaria, es uno de las mejores recomendaciones, e ir incrementando progresivamente la cantidad de ejercicio.

En cuanto a los lípidos sanguíneos (colesterol y triglicéridos) requieren control para llevarlos a los valores recomendados, bien con dieta y ejercicio si fuere posible, o utilizando medicación específica si fuera necesario. Algo parecido ocurre con la presión arterial.

Normalmente si se inicia una vida más activa con ejercicio diario, se suelen mejorar, si no normalizar, todos estos factores; se pierde peso, bajan los lípidos, sube el HDL, se normalizan los valores de la glucosa y de la presión arterial, y en general el paciente se encentra mejor, pero el ejercicio debe convertirse en un hábito varios días en semana para obtener estos resultados.

Además de todo lo anterior, se puede actuar en otras facetas de la vida de los pacientes que, en mayor o menor medida también intervienen, como la supresión del tabaquismo si el paciente es fumador, y mejorar las influencias y las relaciones interpersonales que tanto impacto tienen en los estilos de vida.

 

 

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