Se han encendido las luces de alarma respecto al sobrepeso-obesidad; enfermedad crónica que avanza como una pandemia imparable en los últimos 40 años. En el sinnúmero de artículos que el ciudadano puede encontrar en internet se suelen mezclar los términos “exceso de peso”, “sobrepeso” y “obesidad”.

Aclaremos que el primero se refiere a los otros dos. Sugiero al profano siga al Diccionario de la Real Academia de Medicina (2012), que se hace eco del confusionismo existente y diferencia:

Sobrepeso: Índice de masa corporal (IMC de 25 a 29,9 Kg/m 2 ) conocido también como preobesidad y obesidad grado 1.

Obesidad: IMC a partir de 30 Kg/m 2 con diferentes grados y gravedad. Los expertos suelen destacar más el exceso de grasa que el exceso de peso.

Pero en exceso de peso, salvo casos como los deportistas, hay también exceso de grasa. Sin embargo abren otro apartado, el de los que teniendo un IMC inferior a 25 tienen exceso de grasa. Para J. salvador (2017) podría afectar al 30% de los sujetos con IMC normal.

La dimensión epidémica la conocemos bastante bien gracias a los numerosos estudios de los últimos años. La OMS se ha tomado muy en serio el tema. En 2016, (nota 311), informa de la existencia en el mundo de 1.900 millones de mayores de 18 años con exceso de peso de los que 1.300 tendrían sobrepeso y 600 obesidad.

En España contamos, entre otros, con el estudio epidemiológico en adultos ENRICA (2011) y el ALADINO (2011) de Pediatría. Los datos arrojan una prevalencia del 39,4% de la población adulta con sobrepeso y un 22,9% con obesidad. En la población infantil el 26,1% con sobrepeso y el 19,1% con obesidad.

De las tres situaciones apuntadas (sobrepeso, obesidad y exceso de grasa con IMC normal) las dos últimas responden al ámbito casi exclusivo médico y del investigador respectivamente. El sobrepeso es más “social” por su prevalencia, autodiagnóstico, autotratamiento y consecuencias.

Un nuevo factor irrumpe en este campo: la microbiota intestinal que se une a las numerosas causas propuestas. Destacan genética, estrés, disruptores neuroendocrinos, etc. entre los que son de difícil control por el interesado.

Pero no menos importantes son los hábitos: alimentación, sedentarismo, horarios, ocio, etc.
Cabe preguntarnos ¿hemos tomado conciencia del escenario actual, de su imparable progresión y de las consecuencias? Parece que sí. No hay más que ver las continuas y numerosas campañas sanitarias así como la cultura del cuidado corporal, modas, etc.

Pero hay indicadores muy preocupantes:

a) Cada vez se documentan más consecuencias mórbidas de exceso de peso.

 

b) Si el progreso del sobrepeso sigue creciendo, y con él la obesidad, significa que las campañas sanitarias son insuficientes o ineficaces.

 

c) El abandono de un plan dietético ya iniciado sigue siendo muy alta (sobre el 80%). El paciente no está motivado o el plan es inadecuado.

 

d) En 2017 se ha publicado en JAMA (J. Zhang) que, frente al incremento de casos de sobrepeso, desciende el número de personas que inician el intento de rebajar peso. ¿Desprecian las consecuencias o asumen su situación como normal?.

¿Será necesario restringir el uso del ascensor, prohibir la fabricación de sofás, añorar las cartillas de racionamiento de las épocas de escasez, eliminar los refrescos azucarados, la publicidad, etc. etc.?.

En resumen, en el actual escenario del exceso de peso, todos los esfuerzos y recursos dedicados para controlar esta pandemia resultan claramente insuficientes o inadecuados.

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