Photo by Luke Wroblewski

El miedo a las consecuencias a los adelantos científicos es algo que ha acompañado a la humanidad desde la antigüedad. Todos hemos oído y a su vez aconsejado limitar la exposición prolongada a las pantallas, móviles, y otros dispositivos electrónicos por precaución ante posibles efectos secundarios a las radiaciones.

Cada vez mayor número de personas pasamos largos periodos de tiempo jugando con las consolas u ordenadores, hablando por el móvil, o viendo la televisión. Estudios reciente sugieren que probablemente no solo no sean perjudiciales, sino que sean capaces de generar nuevas habilidades en estos usuarios, siempre y cuando el tiempo se limite a lo conveniente. Como en todas las cosas de la vida, éstas no son ni buenas ni malas, el efecto depende de las circunstancias y de la dosis suministrada.

Si se consigue un consumo adecuado y óptimo, estas actividades permiten el desarrollo de capacidades de interacción social y de competencias personales, que de otra manera y según las circunstancias sería imposible desarrollar. Como en las demás cosas la moderación es la clave de que la actividad no solo no sea perjudicial, sino beneficioso. Es más, algunos estudios bien diseñados no parecen encontrar que exposiciones excesivas a los terminales de consolas, televisión, móviles, etc., muestren unos efectos nocivos para la salud física, psíquica y social de los sujetos; y podrían mejorar la autoestima de los usuarios, como consecuencia de los nuevos “amigos” virtuales y que pueden ayudar luego en las interacciones de la vida real.

Un estudio británico sugiere una serie de tiempos máximos óptimos para el uso de estos dispositivos, así sugiere como recomendables los videojuegos durante alrededor de hora y media, los móviles unas dos horas, ver videos unas 3 horas y media; y el ordenador algo más de cuatro horas. Estos tiempos permiten interacciones sociales que antes no eran posibles, escape de situaciones de presión social grave, e incluso medios de expresión cultural y artística pro estos medias, inéditos hasta hace bien poco. Pasar de estos tiempos ya no mejoran las capacidades y competencias de los sujetos, pero tampoco las empora. De alguna manera el uso de estos medios y plataformas no son intrínsecamente nocivos. Los canales de comunicación, en sí son neutros, ni buenos ni malos, dependerán de cómo, para qué fin y cuánto tiempo se usen y según esto el efecto será bueno, malo o neutro.

Es importante que estas actividades en ninguna medida condicionen una serie de actividades clave en la vida de todas las personas, niños, adolescente y adultos. Debemos garantizar unos mínimos de sueño, estudio o trabajo de calidad, actividades con otros miembros de la familia incluidos juegos en consolas o ver películas juntos, actividad física, interacción social personal directa, etc.

Además, muchos contenidos de la televisión, de películas y de videojuegos tienen una gran carga educativa y formadora de competencias, si se escogen adecuadamente, e incluso si se ven en grupo con amigos o en familia, permiten el debate y compartir visiones constructivas complementarias y la generación de opiniones positivas y saludables.

La vida es elección, es cierto que la televisión, los juegos de ordenador, la videoconsola, los móviles, etc., sustraen tiempo que podemos dedicar a otras actividades, pero si se seleccionan con buen criterio aportan elementos positivos, y no necesariamente las actividades alternativas con las que compiten en cuanto al tiempo son siempre beneficiosas.

El uso moderado con contenidos adecuados y en un marco variado pude contribuir muy favorablemente a la vida saludable, rica y de ocio de las personas.

Quizás se deberían poner límites a estas actividades cuando el sujeto prefiera explícitamente estar en el mundo virtual eliminando todas las demás actividades como la realización de tareas escolares o familiares, las reuniones y fiestas, el deporte o las actividades sociales.

 

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