Cajal es identificado como el genuino Premio Nobel de Medicina español. Circunstancias de nacionalidad, temática, divulgación, etcétera, explican que Ochoa sea menos conocido para el ciudadano de a pie.

El tema relacionado con Cajal es siempre la histología, pero lo que poca gente sabe es el papel de Cajal en la “bacteriología” médica.

Publicó apenas ocho artículos con un escaso interés en microbiología frente a cerca de 30 histológicos de gran impacto, lo que le valdría el Premio Nobel. Su tesis doctoral versó sobre la inflamación (apuntaba a la microbiología) y sus primeas publicaciones datan de 1885 (las de histología fueron posteriores) correspondientes a tres trabajos de microbiología. Este aspecto, mal conocido en la vida de Cajal, debió ser importante al adentrarse en un terreno común a la microbiología, histología, pintura, fotografía…

No se podía abstraer a los temas candentes en la época como fueron el cólera y la tuberculosis, temas del resto de las publicaciones microbiológicas. No se podría esperar otra cosa del catedrático de Bacteriología e Histología que lo fue de las universidades de Valencia, Barcelona y Madrid. Sus informes, frente a los de Ferrán, fueron decisivos en la lucha contra las epidemias de cólera desde 1885, llegando a escribirse “… Ferrán, Gimeno y Cajal eran apodados los contratistas del cólera, pensando los envidiosos que sólo satisfacciones económicas y afán de lucro perseguían con sus ideas y proyectos”.

Las infecciones tropicales fueron otro campo de interés para Cajal; él mismo padeció el paludismo en la campaña de Cuba e instó a la creación de un laboratorio de infecciones tropicales y parasitología en el Instituto Nacional de Higiene.

Su influencia en la Bacteriología la ejerció desde la Universidad y sobre todo desde el Instituto Alfonso XIII (Bacteriología e Higiene). Su libro A. Patológica General y Fundamentos de Bacteriología, se editó desde 1890 (10 ediciones) y fue el libro de texto habitual en las facultades de Medicina hasta después de Jubilado.

Está documentado que cuando ganó la cátedra de Anatomía de Valencia no figuraba la materia de Histología-Bacteriología que él empezó a impartir, simultaneando estas enseñanzas con un curso privado. Cuando llegó a Madrid, la actividad en Bacteriología se centró en la docencia de la asignatura y la “asegurada” edición del libro de texto. Curiosamente la 1ª cátedra de Microbiología (Bacteriología) se creó en la Facultad de Farmacia, actuando Cajal como Presidente de la oposición correspondiente; Sin embargo a pesar de la influencia de Cajal, en la Facultad de Medicina no se creó la Cátedra de Microbiología hasta después de la
Guerra Civil.

Posiblemente, cerrando la opción de Ferrán a la Cátedra de Madrid, Cajal mantuvo abiertas grandes posibilidades profesionales para sus discípulos. Debió ser así porque sus afines (Mendoza, Pitaluga, Tello, Ruíz Falcó…) coparon todos los cargos importantes en el Alfonso XIII, donde Ferrán también estuvo vetado. El Alfonso XIII fue la plataforma desde la que Cajal dio un fantástico impulso a la Microbiología. Su prestigio, influencia política y su capacidad de organización fueron decisivos para poner a España en un nivel digno en la producción sobre todo de sueros y vacunas.
Los sueros y vacunas del instituto y la externalización posterior de su comercialización por laboratorios Ibys, creado por sus discípulos y familiares, fueron el soporte indudable para su vida social y familiar, pero su verdadera “devoción” fue la Histología. Otra faceta poco conocida fue la de escritor. Aparte de algunos ensayos escribió unos deliciosos cuentos inspirados en sus fantasías microbianas bajo el título “Dr. Bacteria”. Fue quizás la única muestra de su “devoción” por la Bacteriología.

(publicado en el nº 1 Revista Infección y Vacunas. Año 2012.).

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