Asistimos con sorprendente naturalidad al uso de técnicas y fármacos, que hace 30 años nos hubieran parecido de ciencia-ficción. Posiblemente se debe a que en general el hombre, en cada época, tiene la sensación de vivir momentos históricos trascendentes. Y debe ser cierto en tanto que cada época da sentido a la siguiente página de la historia.

Aunque en España coincide el fin del siglo XIX con uno de los tiempos históricos más negros, en el mundo occidental se mezclan y suceden hechos tecnológicos, sociológicos, políticos, científicos etc. de gran importancia para la civilización humana.
Políticamente Italia y sobre todo Alemania, que será una protagonista del siglo XX, se constituyen como Estados. Los avances de todos los terrenos transforman Europa.

El desarrollo económico e industrial de Europa no surgió de una manera brusca, ya que se inicia a finales del siglo anterior con la “Primera Revolución Industrial”. (Industria de algodón, máquinas de vapor, ferrocarriles…). La actividad económica europea se dinamiza y sobre todo se comienza a globalizar. “La Segunda Revolución Industrial”, a partir de 1880, se apoya en la aplicación de nuevas fuentes de energía: el empleo de la electricidad y el motor de explosión con la consiguiente demanda de gas y petróleo. Otros múltiples descubrimientos como la máquina de coser, la bicicleta, el teléfono y el automóvil cambian la vida cotidiana. Aunque Europa ya no tiene el monopolio del progreso técnico, ya que aparece USA y Japón, los europeos controlan el 80% de las flotas mundiales.

El crecimiento demográfico europeo (1800-1900) se duplica pasando de 200 a 400 millones de personas. Por otro lado 70 millones de europeos emigran sobre todo a USA, Latinoamérica, Australia, etc., por lo que Europa se asegura la dominación del mundo mediante población y economía. Durante esta época sigue siendo considerada el centro de influencia mundial.
En esta economía-mundo transformada por la industria y las nuevas ideas, las sociedades no pueden sino evolucionar. Avanza a pasos agigantados en las grandes ciudades donde la burguesía es ya la clase dominante económicamente. Entre 1800 y 1913 el número de ciudades europeas de más de 100.000 habitantes pasa de 2 a 184.

Pero no es todo equilibrio y estabilidad; ciertos nubarrones aparecen en esta época como son las aspiraciones nacionalistas en los Balcanes, las tensiones con las Iglesias en franca recesión, además de los socialismos en posición ofensiva. En 1914 el sentimiento nacionalista y el liberalismo eran más fuertes que las internacionales socialistas que propugnaban “utópicamente” por el pacifismo. Esta serie de acontecimientos desencadenaron la 1 Guerra Mundial, que se desarrolló íntegramente en Europa y por países europeos (aunque en 1918 interviniese USA), provocó mas de 65 millones de movilizados, 10 millones de muertos y pasaron de 18 a 26 estados europeos. Fue la primera guerra total. Además suscitó una crisis moral y material de todos los valores tradicionales. Europa dejó de liderar una economía-mundo en beneficio de USA.

Dos países no europeos, USA y Japón despuntan con sus potentes economías y con unas políticas agresivamente imperialistas: USA provoca la independencia de Cuba y de Filipinas y Japón se introduce en Asia. Además USA se encargó de relanzar la economía de los países europeos. En el periodo de 1925-1929, se ofrecía una impresión de prosperidad. El problema de las economías nacionales era la gran dependencia económica europea con USA.

El desmoronamiento bursátil de Wall Street iniciado el 23-10-1929, afectó a Europa en lo más profundo. La Europa convulsa de la dictadura, la democracia y el comunismo va camino de la tragedia. Las consecuencias sociales fueron espantosas creando un caldo de cultivo para la llegada al poder de los partidos nazis y fascistas. Alemania se niega a pagar las reparaciones de guerra e inicia una política expansionista, la 2ª Guerra Mundial está en marcha.

En Medicina se mezclan necesidad y virtud; las plagas y las guerras, el desarrollo del método científico junto con un adecuado ambiente social, económico y tecnológico explican el gran avance médico de la última mitad del siglo XIX y primera mitad del siglo XX. La tuberculosis, la sífilis, el tifus, las fiebres tifoideas, el paludismo, etc., eran procesos agravados por las guerras, el hambre y la ignorancia. Por todo ello no es de extrañar que en esos años, a favor de la necesidad y la tecnología, se dieran pasos de gigante en antisepsia (Lister) bacteriología (C. Bernard, Paulov, Meyerhof, Einthoven) Protozoología (Laveran), inmunología (Metchnilov, Richet, Landsteiner) y un largo etc., que con sus descubrimientos dan principio a importantísimas áreas científicas, especialmente la quimioterapia.

 

 

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