En la historia de las infecciones y de los conflictos bélicos contados por los vencedores se resalta el valor y la estrategia.  Pero el resultado de las contiendas depende de muchos factores, sobre todo la salud de las tropas como bien saben los estrategas.

En tal caso las infecciones son determinantes en la moral de las tropas, el pronóstico y su diseminación. La cuantificación documentada de las infecciones se hace por primera vez tras la Guerra de Crimea (1853-56) con 90.000 muertes por tifus. La británica Florence Nightingale, señala que por cada 10.000 soldados murieron 1.074 de los que 1.023 lo fueron por infecciones.
Podríamos diferenciar varias situaciones. Las infecciones de heridas, son las más conocidas y temidas; la gangrena se identificaba con amputación y muerte. Explica que una de las prioridades de los contendientes en cualquier conflicto, sobre todo en el siglo XX, fuera la investigación de medidas eficaces. Ocurrió en la 2ª Guerra Mundial con las sulfamidas (alemanes) y penicilina (aliados). Las transmisibles agudas son de aparición explosiva y carácter epidémico. Siempre se conocieron con el nombre genérico de “peste”. A principios del XIX se tiende a definir tifus a todo proceso tifoso (fiebre alta con obnubilación) y algunos autores admiten recientemente que este epígrafe incluiría tifus exantemático, fiebre tifoidea, peste, disentería y fiebre amarilla. Recuerde que el agente productor de la peste bubónica se descubre a finales del XIX, el piojo como vehículo del tifus exantemático en 1911 (Nicolle) y el agente responsable poco después.

…las infecciones son determinantes en la moral de las tropas, el pronóstico y su diseminación…

La peste bubónica como posible plaga en numerosas guerras de la antigüedad se presenta sólo esporádicamente en conflictos modernos. El tifus ha sido el arma mas destructiva entre los diferentes tipos de infecciones, que se presenta bajo diversas estrategias: a) En largos asedios, principalmente se afectan las tropas sitiadoras como en el asedio de Granada (1489). Fue la 1ª epidemia documentada de tifus causando unas 17.000 muertes. b) También padecieron el tifus los asediados en algunos casos como ocurrió en el sitio de Zaragoza (1808-09). Los relatos más negativos refieren que de los 100.000 habitantes y 30.000 defensores murieron de tifus 54.000 y 18.000 respectivamente. Otros reducen estas cifras a la mitad pero en cualquier caso los datos fueron demoledores. c) Otra estrategia es su aparición cuando se silencian los cañones, como ocurrió en España donde una de las peores epidemias de tifus surge con el primer caso el 8-4-1939; ocho días tras la guerra civil. El ejercito y las tropas licenciadas tampoco se libraron de la tuberculosis, disenterías, etc. Otro ejemplo es la epidemia de difteria que se inició en Rusia con la retirada de tropas de Afganistán en los años 90. Las secuelas bélicas propiciaron la presentación de factores epidemiológicos desencadenantes (hambre, movimientos migratorios, desarraigo…).

Como una 5ª columna pueden actuar algunas infecciones crónicas del tipo de la tuberculosis, paludismo y las parasitosis en general. Las condiciones que genera cualquier conflicto armado facilitan la aparición de epidemias. La afectación de las tropas y de la población civil provoca un descenso de moral y eficacia bélica. En nuestra historia, podemos recordar la de Cuba y sus efectos devastadores. Allí adquirió Ramón y Cajal la tuberculosis y el paludismo como otros muchos soldados.

El paradigma de impacto infeccioso en el siglo XIX lo podemos establecer en la campaña rusa de Napoleón (1812-14). Se achacó la derrota francesa al “General Invierno”, estrategias equivocadas, fallos logísticos… pero la muerte de cientos de miles de soldados por tifus y disentería, influyeron en las tropas, que además sembraron de tifus el centro y este de Europa en su retirada y en las siguientes aventuras napoleónicas. En total se documentan 147 epidemias de tifus en Europa durante el siglo XIX, la mayoría durante conflictos bélicos. El peor siglo de tifus fue el XX. En la   1ª Guerra Mundial, causante de 8,5 millones de muertes, 3 se achacaron al “tifus”. En la 2ª G. Mundial se estimó la muerte de 1 millón de soldados por infecciones. En este conflicto, el “tifus” causó estragos en los campos de concentración y en la población civil. En la guerra de Corea, conflictos etíopes y guerra civil de Burundi (1996) también el tifus tuvo su protagonismo y fue determinante en los resultados finales.

Hoy los conflictos bélicos son diferentes (rapidez, comunicaciones, agresividad…) con nuevos factores. En estas condiciones, la gripe, ETS, fiebres hemorrágicas, reactivación de infecciones latentes y emergencia de nuevas infecciones son peligrosas. El lector puede cambiar el escenario, la cronología, el mecanismo de transmisión, la etiología o cualquier otro elemento, pero piense siempre que, en un conflicto bélico, una infección se puede convertir en un arma de destrucción masiva. Y no hablemos de la guerra bacteriológica y el bioterrorismo cuya amenaza despierta tal pánico, que los potenciales contendientes suelen proponer su eliminación como uno de los primeros acuerdos.

 

 

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