Ciudades peligrosas sanitariamente

 

A principios de año apareció en The Lancet un estudio de investigadores canadienses que rápidamente saltó a los medios de comunicación ciudadana. Demostraban los investigadores que el número de casos de demencia era superior (un siete por ciento) entre los habitantes próximos a las calles de más tráfico. Este es el hecho, al parecer incontestable, El problema es que los periodistas lo saquen de contexto y den por probados los factores desencadenantes que aparecen en la discusión del trabajo, referidas al ruido y la contaminación ambiental. ¿Y la edad, la posición social, el estrés, el tipo arquitectónico de las viviendas, el menor número de mascotas, práctica del deporte, etc.? ¿No pueden ser factores asociados en estos barrios? Cuidado con los datos porque siempre habrá un concejal que, suprimiendo el tráfico en esas calles, pretenda curar las demencias.

No podemos pasar por alto que todas las ventajas que ofrece la vida en las ciudades, y son muchas, se cobran diversos peajes. Unos bien conocidos, otros no tanto.

La mayor congestión de tráfico, desarrollo industrial etc. provoca más accidentes de tráfico y profesionales como es bien conocido. La contaminación se relaciona directamente con más patología respiratoria; y este factor, más la congestión de población, facilita la transmisión de infecciones respiratorias. Pero sería absurdo asociar las infecciones hospitalarias al desarrollo urbano. No hay hospitales en el desierto.

Se pueden encontrar algunas paradojas que no lo son tanto. Las alergias primaverales van creciendo de manera exponencial en las ciudades a diferencia del medio rural donde las concentraciones de polen en la floración es muy superior. En el primer caso las partículas de combustión de diesel son verdaderos adyuvantes de los alérgenos del polen. También, las plantas, en el estrés de la ciudad, fabrican “proteínas de estrés” que potencian la alergenicidad del polen.

En la búsqueda de factores facilitadores de la resistencia a los antibióticos, además del papel selectivo de antimicrobianos, se ha recurrido a estudios un tanto peregrinos.

Hace años se relacionó la resistencia a aminopenicilina, trimetoprim-sulfametoxazol y ciprofloxacino con la densidad de habitantes por Km2. Se estudió una ciudad de baja densidad (St. Johns) otra de densidad media (Groningen) y otra de alta (Atenas). Se encontró una magnifica correlación entre densidad poblacional y porcentaje de resistencias, pero también con el consumo en DDD de antibióticos.

Otros curiosos estudios han relacionado resistencia con proximidad poblacional a autopistas según tráfico. A alguien se le podría ocurrir relacionar resistencias con el tamaño del “Vademecum2 de antibióticos. ¡Pues también se ha estudiado!. Está claro que el peso del libro se relacionaba con el consumo.

En más de una ocasión la alta incidencia de una determinada patología entre emigrantes provocaba el rechazo social de los ciudadanos por miedo a contagiarse. En realidad, ante las nuevas condiciones de frecuente penuria, eran los emigrantes los que adquirían la enfermedad en la ciudad de destino. Un ejemplo es la tuberculosis.

 

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