Mojacar. Almería

 

Está acabando o ha acabado ya en algunos sitios el curso escolar. Un año más. Desde septiembre miles de docentes por toda la geografía española han venido desarrollando la tarea de enseñar y, en no pocos casos, también de educar. Por eso, reclamamos para estos últimos la hermosa palabra maestro, hoy prácticamente desaparecida del lenguaje educativo.

Maestro es, en su definición más elemental, el que enseña, pero bajo esta denominación general el maestro puede cumplir varias tareas progresivas: comunicar, explicar, enseñar y educar. El docente enseña cuando además de comunicar y explicar, es capaz de transmitir y generar saber, modificando la mentalidad del alumno, y educa cuando prepara para la vida, influyendo positivamente en el pensar, el sentir y el hacer del discípulo.

Para el alumno, los conocimientos adquiridos constituyen la materia prima del saber, que, en esencia, consiste en el procesamiento intelectual de tales conocimientos, un proceso dinámico que se inicia con la activación del deseo natural de saber y se continúa con la utilización de tres piezas primordiales de la mente humana: la sabencia o capacidad mental de entender los conocimientos; la inteligencia, o sea, la capacidad de relacionarlos e integrarlos, y la experiencia, que es el resultado acumulado de la utilización de aquellos saberes.

El docente se convierte en maestro cuando, además de verter sus conocimientos y saberes en el discípulo, le inculca sus valores personales mediante el consejo y el ejemplo. “El buen maestro ha de ser fuente de ejemplo y saber”, dice un viejo refrán castellano, que puede aplicarse a cualquier nivel de la enseñanza. El maestro lo es, decía Pedro Laín Entralgo, más por lo que infunde que por lo que enseña, para añadir a continuación: “Cuando se reduce a su quintaesencia, la maestría consiste en dejar que el otro sea lo que es y quiere ser (cuidadoso respeto de la libertad del otro), ayudándole delicadamente a que sea lo que debe ser (amoroso fomento de su vocación)”. Por eso, la relación maestro-discípulo óptima es aquella en la que la infusión de valores se realiza de manera continua y progresiva, a veces, incluso de forma imperceptible para el discípulo. John Passmore dejó escrito en su conocida Filosofía de la Enseñanza que un maestro bueno es el que consigue transmitir valores, y es muy bueno si lo logra sin siquiera mencionarlos.

Sirvan los tres relatos que se exponen a continuación como homenaje al buen maestro, del que he tenido la suerte de conocer algún claro y hermoso ejemplo. El último de ellos, Francisco Baraza Martínez, director del CEIP Bartolomé Flores, en Mojácar (Almería), una escuela realmente singular que atiende a niños de más de 27 nacionalidades distintas. Detrás de cada uno de los relatos se pueden encontrar las huellas de tiza dejadas por tres personajes de tres épocas históricas distintas.

 

Conjugando el verbo amor (por la enseñanza)

Ibn-al-Fajjar instruía a sus alumnos acerca de gramáticas y personas. Con-jugar es tratar de alejarse de la primera persona del singular para acercarse a las demás personas del verbo: jugando con el llegas al otro; con él juegas al eco; nosotros evita que juegues en solitario; vosotros permite jugar cuando tú no estás; ellos a veces resultan lejanos siendo tan cercanos. También les enseñaba que el atributo debe seguir al verbo en la oración como el amante sigue a la amada.

Mojacar . Almería
Mojacar . Almería

 

La profesión más hermosa del mundo

Era maestro. Tenía la profesión más hermosa del mundo. Hasta que un día la cuadrilla de bandoleros pedagógicos apareció por el pueblo, tratando de imponer la ley del eufemismo. En sus fechorías iban deshaciendo verbos, haciendo nuevos sustantivos sin sustancia, disparando somníferos a los adjetivos…, asesinando por la espalda a las palabras indomables. Lejos de amedrentarse, se negó a vivir en la hipnosis permanente y se enfrentó a ellos como un auténtico llanero solitario. No permitió que los pistoleros del lenguaje metafórico convirtieran a sus alumnos en equipos de trabajo unicelular, ni que transformaran la lectura de un buen libro de texto en la descodificación del material curricular. Era maestro. Quería seguir teniendo la profesión más hermosa del mundo.

 

El flexo que ilumina las noches… y los días

La pelliza sobre los hombros. Bajo los pies, el rescoldo del brasero va languideciendo conforme avanza la madrugada. El libro sobre las manos. Bajo la luz sin pulso de un flexo en los puros huesos, el ansia de saber del maestro va creciendo conforme avanzan las páginas y las horas. El sueño se cansa de esperar. Amanece. Hoy, en la escuela, los niños tendremos nuevas cosas que aprender.

 

(Microrrelatos contenidos en el libro Ajuste de Cuentos)

José González
José González Núñez

Doctor en Farmacia
Autor de los libros: La Historia oculta de la Humanidad, La Farmacia en la Historia, Ajuste de cuentos y Viaje al levante almeriense, entre otros

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