Gloria Fuertes

 

Hasta el próximo 14 de mayo se podrá ver en el Centro Cultural Fernán Gómez de Madrid la exposición conmemorativa del centenario de Gloria Fuertes, que trata de reivindicar su puesto central en la poesía española contemporánea y, al tiempo, hacer buenas sus propias palabras: “Se borrará tu voz, vendrá tu sueño, se borrarán las huellas de tus manos, pero nunca la tinta de tus versos”.

La visita está planteada de manera didáctica en las diferentes etapas que marcan la vida de la poeta: 1917-1935. Niñez y adolescencia; 1936-1939. La Guerra (in)Civil; 1940-1954. Postguerra; 1955-1965. Poesía social. Gloria en EEUU; 1966-1975. La década prodigiosa; 1976-1998. Imparable. TVE. Al final, la conclusión que se saca es que nadie como Gloria Fuertes contribuyó “no tanto a hacer una poesía para el pueblo, sino un pueblo para la poesía”.

La escritora supo combinar el mundo de los niños, inventando para ellos centenares de cuentos y miles de versos (“Un niño con un libro de poesía en las manos nunca tendrá de mayor un arma entre ellas”), y el de los adultos, a los que zarandeó con poemas que hablan de la realidad social, de los sentimientos y del viaje interior en soledad (“el poeta tiene que ver con el verbo ver, con el verbo sentir y con el verbo escribir”).

Gloria escribía como hablaba. Quizá por eso se le entiende todo y la entendemos todos, niños y mayores. Quizá por eso la admiraba Vicente Aleixandre y confesaba envidiarla como poeta Camilo José Cela. Gloria escribía como actuaba. Quizá por eso la también poeta Celia Viñas decía que por su sangre corrían “imaginación, corazón, naturalidad, espontaneidad y, ante todo, humanidad”. Quizá por eso quien lee un poema de Gloria Fuertes ya no olvida de quién es. Desde las páginas de esferasalud.com le rendimos homenaje con este pequeño cuento que trata de explicar el funcionamiento de La sangre:

 

 

“Es la savia roja que fluye

por las ramas de los animales,

el plasmático caudal que discurre

por arterias, venas y capilares.

Como la vida y la pasión,

nace en una mágica fuente,

que tiene aspecto de corazón

y manantiales diferentes.

Es impulsada a borbotones,

a través de sinuosos torrentes

que, para regar todos los rincones,

se transforman en finas corrientes.

Lleva a las células gases y alimentos

y, luego, desecha de ellas la basura,

siendo otro de sus grandes inventos

regular adecuadamente la temperatura.

No son menos importantes

las funciones de hemostasia y coagulación,

o la de resolver de forma brillante

la lucha contra la infección.

Es la sangre,

el vino preferido de los vampiros

y, llegada la ocasión,

el que se derrama por los amigos.”

 

José González
José González Núñez

Doctor en Farmacia
Autor de los libros: La Historia oculta de la Humanidad, La Farmacia en la Historia, Ajuste de cuentos y Viaje al levante almeriense, entre otros

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