Síndromes patológicos de la investigación

 

Cientos de miles de artículos se publican anualmente en las numerosas revistas biomédicas. Contadas son las aportaciones significativas en el campo del conocimiento.

A pesar de esta desproporción, los aspectos positivos se ponderan continuamente: Preparación, competitividad, práctica en el método científico. Formación continuada, mejora asistencia para los enfermos etc. Pero los aspectos negativos suelen quedar reducidos a críticas parciales sobre la influencia en la promoción profesional, índices, o autocitaciones por ejemplo.

Antonakis, en diversas colaboraciones, ha revisado lo que ha denominado enfermedades infecciosas de la ciencia. Yo las elevaría a la categoría de contagiosas. Recientemente (marzo 2017 Diario Médico) J.R. Zárate escribió un artículo cargado de ironía titulado “Cinco patologías de la investigación”, que reseño a continuación.

Significosis. La significación estadística resulta un requisito perseguido por todo investigador hasta la obsesión enfermiza.Tiene que significar hasta lo insignificante. Sabe que su falta conlleva, de forma estadísticamente significativa, el rechazo de su artículo.

Neofilia. El investigador se siente obligado a incorporar en sus publicaciones argumentos, con frecuencia cogidos con “alfileres”, sobre la originalidad, aportaciones y aplicaciones. Los revisores rigurosos suelen ser implacables. Resulta fácil demostrarle su error.

Teorrea. El apartado “Discusión” es un punto de partida para emitir cualquier teoría. Si corresponde a un artículo de impacto (autor y revista) habrá una legión de seguidores, que desempolven sus carpetas de datos para fabricar artículos. Les servirá para ratificar o rectificar la hipótesis de referencia o crear otras. Se multiplican exponencialmente los enunciados teóricos en ese campo.

Arigorium o falta de rigor, especialmente en trabajos empíricos. Con frecuencia se pretenden encubrir con todo tipo de sesgos de la “significosis”. Investigaciones sociosanitarias, observacionales, etc. pueden hacer imposible el principio científico de reproducibilidad. Son campo abonado para una alta prevalencia de esta patología.

Disjuntivitis. ¿Qué hacer con los datos recogidos en prácticas por un becario, un estudiante de último curso o un doctorando? ¿Se deben derrochar los datos o los de un artículo rechazado por una revista? ¡Nooo! Hay que aprovecharlos a toda costa. ¿Qué no están en una línea de trabajo, cubren unos objetivos previos, adolecen de alguna de las patologías señaladas? No importa. Es prioritario que los participantes no se desanimen; que se vean en un artículo; que les sirva para el curriculum. Y si lo rechazan en una revista, tranquilos, se recompone y se envía a otra de más impacto. Alguna lo publicará. Este escenario convierte en meritoria, y rareza, la línea de investigación como trayectoria de un científico.

 

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