Probióticos. Curiosos precedentes.

Probióticos, prebióticos, simbióticos y antibióticos son términos concretos relacionados con fenómenos vitales teóricamente bien definidos en la actualidad. Pero muchas prácticas antiguas basadas en el empirismo han precedido al concepto de probióticos.

Desde tiempo inmemorial se observó cómo los animales cortaban con los dientes el cordón umbilical y lamían la herida evitando infecciones. Cuando se lastimaban en el fragor de la lucha, acudían a curarse revolcándose en el sucio y contaminado barro o lodo; refrescándose también en su cuadro febril. El uso terapéutico o profiláctico sobre heridas en humanos de productos muy contaminados como la saliva, el barro o el mismo estiércol en fermentación, fueron de uso habitual en la antigüedad y residual en algunas remotas civilizaciones y remedios caseros. La lisozima o el sílice pueden actuar como antimicrobianos o cicatrizantes y la carga microbiana, en plan probiótico, puede competir ventajosamente frente a potenciales patógenos con un resultado final favorable. Por ausencia de garantías y otras razones obvias se descartan éstas y otras técnicas similares en la actualidad.

El pan mantenido en ambiente oscuro y húmedo enmohece intensamente. Usado en emplastos sobre ampollas cutáneas o heridas impedía o curaba infecciones en peregrinos, como bien se conocía en algunas órdenes religiosas. También algunos recomendaban su ingestión a embarazadas a término para evitar las temidas fiebres puerperales. Parece claro que en estos casos el hongo (posible Penicillium ) y el pan no actuaban como probiótico-prebiótico. Quizás el beneficio dependía de la producción de penicilina u otro antibiótico.

A finales del siglo XIX Louis Pasteur impulsa el desarrollo de la Microbiología Clínica estudiando las “enfermedades” del vino y la cerveza. Como en las demás fermentaciones, el alimento se echa a perder cuando los microorganismos de tierras, uvas, cubas, lagares, etc. crecen sin control; como en el vino, siempre habrá alguno que lo avinagre, que lo “enferme”. Pero si, por dominio o añadida, crece la levadura o la bacteria adecuada, sustituyendo como probiótico a las “patógenas”, estaremos ante el producto deseado. Lo citado debió ser bien conocido por Metchnikoff, discípulo de Pasteur, considerado el primer estudioso serio del campo de los probióticos.

Desde la antigüedad no se ha dejado de utilizar, aunque sólo esporádicamente, la terapia larval que no se debe confundir con la enfermedad miasis. Su uso se cita en numerosas guerras, incluyendo la 2ª Guerra Mundial. Consiste en sembrar la herida sucia, contaminada, con larvas de moscas y cubrirla con barro, hierba, gasa, … Rápidamente las larvas, que se alimentan de esfacelos y bacterias, limpian la herida, reducen el riesgo de gangrena y aceleran la cicatrización. La desagradable técnica quedaba compensada con los beneficios en tiempos en que no se conocían los antibióticos. Aunque las larvas sean elementos vivos, hoy no tendrían la calificación de probióticos al no tratarse de microorganismos.

Otro método desagradable si no se explica muy bien se refiere al trasplante de heces-administración por sonda, enema, cápsulas… Está de plena actualidad y los resultados son mejores que con los clásicos probióticos. Las heces de un individuo sano garantizan una alta concentración de gran variedad de especies y, todas ellas, adaptadas al tracto digestivo. Aún procediendo de sanos, es exigible controlar la ausencia de patógenos y sería preferible partir de un banco de heces. Esta técnica, con probióticos, indicada hoy día específicamente para enfermos con C.difficile no es nueva; se describe su uso hace más de 1500 años en China para tratar diarreas graves y toxiinfecciones alimentarias.

Al rebufo del éxito actual de los probióticos se prodigan los ensayos con alternativas como: el uso de S. salvarius para competir ventajosamente frente a S. mutans desencadenante de caries dental, la eliminación competitiva de patógenos resistentes por sustitución con sensibles aunque sean también patógenos(Str. AH en niños con otitis y sinusitis recurrentes) o profilaxis con probióticos en los pezones de la mastitis estafilocócica durante la lactancia.
Algunos han pretendido incluir en este campo la novedosa terapia génica, pero opino que los virus utilizados como vehículos de genes no compiten, no se consideran elementos vivos en biología y se administran por vía parenteral, o sea no son probióticos.

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