Creatividad ciencia y arte

 

Cada autor, sobre las muchas definiciones existentes, elige a la carta la que más le encaje en su discurso. En este sentido, creatividad podría definirse como “otra forma de hacer” o “la búsqueda de caminos para superar obstáculos” con originalidad y emoción. Si hablamos de la creatividad en ciencia la identificación de métodos y la comprensión de los “caminos” están en el meollo de la creatividad. En biología al menos, los “caminos” no se crean, ya están creados y son universales. Los seres vivos los buscan, se adaptan y se aproximan más al fenómeno creativo.

El arte, según la 1ª acepción del diccionario de la RAE es la “virtud, disposición y habilidad para hacer algo”. Lo entenderemos mejor en nuestro ámbito si le añadimos los adjetivos sorprendente, emocionante, original o ingenioso.

Como en el método científico, en la creación artística se reconocen una serie de etapas que, de la revisión realizada, me permito resumir en:

1) análisis del entorno, 2) gestación de la idea y elección de modelos, 3) diseño y elaboración de la manifestación, 4) realización de la manifestación y 5) gestión de la exposición y comercialización.

Esta introducción me permite establecer una serie de analogías con los seres vivos más elementales, las bacterias, citadas aquí como gérmenes. No podemos asignarle inteligencia con arreglo a los parámetros humanos, pero nadie dudará de sus genialidades para sobrevivir. Superan al hombre ocupando espacios en condiciones de máxima hostilidad. Tienen una plasticidad y una capacidad de adaptación que asombran a los científicos. Sorprenden los originales caminos que eligen. ¡Son geniales!.

Los patógenos, como las demás bacterias, analizan, se comunican con el entorno y eligen el modelo de adaptación (parasitismo, simbiosis, etc.) que les llevan a un proceso de colonización, “quórum sensing”, etc. hasta cuajar la manifestación de integración, dominio ecológico o enfermedad según los casos.

La última etapa de la “creación artística” correspondería al papel del científico. Consiste en explorar, los sorprendentes y emocionantes caminos” modelos y manifestaciones de los microorganismos. En los patógenos (con “mal genio”) hablamos de fenómenos de adaptación-resistencia, patogenia, clínica, etc.

 Aproximación del germen al genio

Pretendemos hacer unas reflexiones analógicas acerca de la expresión de los microorganismos en las manifestaciones artísticas clásicas.

La Arquitectura microbiana resulta ejemplar en algunos aspectos. No en vano los movimientos arquitectónicos de la 2ª mitad del siglo XX se caracterizan, en buena medida, por la integración de las construcciones en el medio ambiente y la solución de temas complejos imitando a la naturaleza. En general los microorganismos han solucionado de forma ingeniosa los mismos problemas millones de años antes.

La pared de las bacterias es un ejemplo. El peptidoglicano le confiere la resistencia, rigidez y porosidad adecuada. Se dispone de tal forma, que difícilmente se encontrará otro material biológico más resistente. Se requiere una altísima presión para demoler el edificio bacteriano. Otro ejemplo, como arquitectura de interior, lo constituye la membrana y el resto de las estructuras.

Una de las soluciones que la arquitectura encontró a la cultura de la complejidad fue la estructura icosaédrica. En este sentido los virus son maestros. Sorprende y emociona la imagen al microscopio electrónico de una célula atiborrada de virus, que se han ensamblado en su citoplasma dando una imagen de mosaico. Las partículas icosaédricas siguen un principio de eficiencia; bajo coste energético de ensamblaje y adecuada resistencia.

Las poblaciones bacterianas, sea en forma de colonias, en cultivos o biofilms en superficies (distintas fases) no dejan de tener su estilo arquitectónico “urbano” propio. Cada especie presenta un crecimiento estratificado característico donde se pueden diferenciar grupos poblacionales más jóvenes, restos celulares, matrices de asentamiento, vías de nutrición, etc.; incluso bloques fragmentados que se desprenden y “migran” pudiendo originar núcleos sépticos a distancia.

En otro sentido el “genio” microbiano ha obligado al hombre a reorganizar la arquitectura de trabajo y sanitaria.

Me refiero a la patología de edificios de oficinas y similares conocidas como “edificio enfermo” (aire acondicionado, humedades, etc.) facilitadores del desarrollo de patología respiratoria, micosis o alergias microbianas.

Más serias son las infecciones que llegan de la comunidad al hospital y las que se desarrollan directamente en el hospital. La arquitectura histórica de los lazaretos, leproserías, hospitales antituberculosos, quirúrgicos, etc. siempre tiene en cuenta el riesgo de infección. En la arquitectura de quirófanos, salas de hospitalización, áreas de esterilización y laboratorios entre otras dependencias, se incluyeron orientación, material de revestimiento o ventilación y dimensión. La última palabra la tiene siempre el “genio” microbiano.

En la pintura el color es determinante y debemos citar que muchas especies microbianas llevan “apellidos” como aureus, niger, rubrum, fluorescens ó verde-azules. Unas veces por los metabolitos que producen, otras veces por los pigmentos que contienen. Los “tapices” que forman en las costas, salinas y aguas estancadas son maravillas naturales. También el color de las colonias que crecen en las placas de Petri en el laboratorio tiene su encanto.

Un hecho sorprendente y conmovedor se refiere a la genialidad de Serratia marcescens, (ante Bacilus prodigiosus) con su pigmento rojo. En la Edad Media, cuando no se conocía su existencia, sobrevivían durante el invierno a favor de la materia orgánica con que se preparaban las pinturas para imágenes religiosas. En algunas ocasiones, están documentados más de 15 casos, el crecimiento en determinados recovecos, como las áreas orbitarias o las heridas en estas imágenes producían “gotas de sangre” en primavera sobre todo. Una obra de arte, un milagro y el entusiasmo hasta el delirio de los devotos.

También podía contaminar la harina o polenta con que se preparaban las hostias. Precisamente el milagro de las “Hostias sangrantes” fue certificado por el Papa Urbano IV en el siglo XIII, que estableció por este caso la celebración del Corpus Cristi. En el siglo XVI inmortalizó Rafael este milagro en el cuadro “La misa de Bolsena”, actualmente en los Museos Vaticanos.

A mediados del XIX, con el primer colorante de síntesis, la mouveina, arranca una verdadera revolución pictórica (el impresionismo) y científico (la microbiología, histología, etc.). Los microorganismos aislados, trasparentes, en su ambiente natural o en los tejidos lesionados, con un abanico ilimitado de intensidades y afinidades estructurales, cuando se tiñen originan una sorprendente paleta de colores que dan una nueva dimensión a estas especialidades en los laboratorios.

Pero ¡cuidado! A veces sacan su mal genio y son capaces de atacar cuadros de gran valor pictórico, como bien conocen los conservadores de museos.

El genio literario requiere un dominio del idioma por parte del escritor. El uso de figuras literarias y juegos de palabras son el adorno necesario para el lucimiento del autor. Considerando que los microorganismos expresan las órdenes del ADN con su peculiar “alfabeto” G, C, A, T (iniciales de Guanina, Citosina, Adenina, Timina) podríamos comparar el ingenio en algunos ejemplos.

Los anagramas son palabras con los mismos caracteres en distinto orden con significados diferentes. Sérica tiene las mismas letras que caries y raíces. Tópica, óptica y picota también son anagramáticas. Uno puede encontrar hasta 19 anagramas de “terapias”.

Nos puede parecer un juego ingenioso ¿verdad?. Pues con las cuatros letras del “alfabeto” ADN se logran millones de “anagramas”. Genes o fragmentos ADN con la misma composición, en diferente colocación y distinta función.

Los palíndromos son juegos idiomáticos de genialidad reconocida. Son palabras y frases simétricas que se leen igual de izquierda a derecha que al revés. Ocurre con anilina, reconocer, sometemos, etc. En el DNA de los microorganismos los fragmentos CRISPR (Cortes, Regulares, InterEspaciados, Palindrómicos, Repetitivos) no son juegos. “Dios no juega a los dados”. Son herramientas sorprendentes y con más funciones, que a medida que se van conociendo resultan apasionantes para los científicos.

Las paronomasias, metonimias, etc. son juegos de palabras que se “fabrican” por 1) adición o sustracción, 2) mutación, 3) permutación ó 4) alargamiento.

¡Sorpresa! Son los mecanismos utilizados por los microorganismos con una maestría inigualable. Con estos métodos, mínimas modificaciones en cualquier fragmento del ADN microbiano es suficiente para expresar funciones diferentes, con frecuencia no deseable. Es lo que ocurre en Resistencia a los antimicrobianos, “islas” de patogenicidad, etc.

Podría parecer imposible establecer conexiones con otras expresiones artísticas, como la música. Gracias a la ciencia, como hemos visto, se ha secuenciado la composición del ADN de numerosos microorganismos. Algunos autores, como es el caso de la microbióloga española Sánchez Sousa, asignaron determinadas notas musicales a las “letras” del ADN en un intento de musicalizarlo. Lo logrado hasta la fecha es manifiestamente mejorable, pero el progresivo conocimiento de elementos “basura” y “puntuaciones” del ADN podría permitir armonías diferentes según la especie, tipo, etc. Sería como un sueño y estamos empeñados en soñar.

Aparte de las expresiones clásicas, otras manifestaciones se van incorporando al catálogo de artísticas.

Es el caso del arte culinario y gastronomía. Nadie dudará del imprescindible protagonismo de los microorganismos en la fermentación del pan, queso, yogur, vino, cerveza, etc., fundamentales en la buena mesa. Los comensales somos meros agentes artísticos de los microorganismos. Desde siempre se ha comprobado que es una de las mejores tareas. Una pega; si no tratamos bien los alimentos se pueden tomar su venganza. Ahí tenemos el vino picado o las toxiinfecciones alimentarias por poner un par de ejemplos.

En el moderno arte de la perfumería siempre se despreció a los microorganismos con los que se identificaron los olores fecales y los putrefactos. Sin embargo quiero revindicar el agradable papel de los microorganismos en muchos aromas alimenticios. El ácido acético y el succínico resultantes del metabolismo en algunas especies resultan agradables a bajas concentraciones para algunas personas. Un patógeno como Pseudomonas aeruginosa, tanto en cultivos como en lesiones patológicas, desprende un aroma a manzanas. Pero incluso los desagradables volátiles desprendidos en la putrefacción de un estercolero pueden, a decir de algunos, resultar agradables en la distancia a favor de una baja concentración. Por supuesto los desagradables flatos son nauseabundos, si son de otros… los propios no tanto. La subjetividad se impone. Recordemos la súplica que Napoleón hizo llegar a Josefina para que no se bañara hasta su vuelta a Francia para animarse con sus fragancias sudorosas (que por cierto son bacterianas). A menudo se asocia el arte de la seducción con el de la perfumería.

Lo citado resultará contraproducente para los profanos, pero los perfumistas conocen bien las propiedades del indol y un derivado, el escatol. Producidos por bacterias fecales tienen un desagradable olor, que a pequeñas concentraciones ofrece aromas florales. Se puede producir fácilmente desde la degradación del triptófano por la abundante bacteria Escherichia coli. Además fija muchos tipos de perfumes. Su uso vino a desplazar a los carísimos almizcle, ámbar, etc. En 1921 por primera vez se usó en un perfume que hizo historia, el Chanel Nº5.

En el cine los microorganismos han dado mucho juego, pero solo como tema, no como protagonistas. El día que se pueda filmar la vida en el mundo microbiano nos sorprenderemos. Las interacciones entre individuos y poblaciones, fenómenos de autofagia, canibalismo, conjugaciones, antagonismos, efectos especiales, etc. serán indiscutibles protagonistas de lo que, hoy por hoy, no dejaría de ser ciencia ficción.

 

 

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