diocat
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Existe una clara necesidad de establecer indicadores que sean ampliamente aceptados y permitan mejorar la calidad de tratamiento al facilitar su manejo, reducir posibles problemas de infradosificación o sobredosificación, mejorar la adherencia terapéutica de los pacientes (también de los cuidadores), evitar los temores a efectos secundarios, problemas de tolerancia o adicción, eliminar o minimizar el fatalismo ante el dolor y la enfermedad y proporcionar un mayor empoderamiento del paciente.

Ello justifica la realización del presente estudio que, además, se plantea como punto de partida para establecer una Guía de Recomendaciones Prácticas (GRP) y desarrollar planes de formación activa en este sentido. Mira una introducción:

El dolor irruptivo oncológico (DIO) ha sido definido como “una exacerbación transitoria
del dolor que se manifiesta de forma espontánea o asociado a un desencadenante en
pacientes que presentan un dolor basal estabilizado y adecuadamente controlado con
el tratamiento recibido” (1). Los principales criterios diagnósticos del DIO son: la
aparición rápida, la intensidad elevada y la duración breve, siempre sobre un dolor basal
controlado con opiodes (1-3). El DIO es una condición heterogénea, que muestra una
amplia variabilidad, aunque siempre con un impacto negativo sobre la calidad de vida
de los pacientes, supone un problema clínico complejo y multidisciplinar, cuya
prevalencia puede llegar a ser bastante elevada (4-8).

El tratamiento del DIO se fundamenta en la administración extra de analgésicos, además
del tratamiento del dolor basal (1, 2). El analgésico a utilizar debería lograr una eficacia
analgésica suficiente para aliviar al dolor que se está tratando (potencia analgésica,
iniciar su efecto analgésico lo más pronto posible tras su administración (inicio de acción
rápido), y tener una vida media corta que evite su acumulación con el tratamiento
analgésico basal, dar lugar a mínimos efectos secundarios y ser de fácil administración
(cómodo, no invasiso y autoadministrable) (2). El fentanilo transmucosa oral y nasal se
considera actualmente el fármaco de elección (2, 9).

La calidad de tratamiento surge de la implicación directa de la calidad de vida en la
terapéutica como criterio de actuación al que debe orientarse cada tratamiento (10). La
calidad de tratamiento se enmarca dentro del concepto más global de calidad
asistencial (A. Donabedian), cuyas principales dimensiones son: efectividad, eficiencia,
accesibilidad a la asistencia y aceptabilidad o grado de satisfacción de los usuarios
respecto a la atención recibida (11). En este contexto, la calidad de tratamiento puede
ser definida como “el conjunto de cualidades que la terapéutica debe poseer para que,
siendo establecida de común acuerdo entre médico y paciente, en base a un diagnóstico
correcto, y aplicada con acierto y prudencia, pueda conseguir el resultado más
beneficioso posible desde el punto de vista clínico, más razonable desde el punto de
vista económico y más satisfactorio desde el punto de vista del usuario”. Este conjunto
de cualidades pueden agruparse en tres aspectos básicos: descriptivo (las cualidades por
excelencia son la eficacia y la seguridad, pero también hay que tener en cuenta que unos
efectos puede ser preferibles a otros); evaluativo, que implica tanto los criterios clínicos
(efectividad y beneficio/riesgo) y los económicos (coste/efectividad y coste/utilidad), y
normativo, que implica su carácter terapéutico (maximización de beneficios), su carácter
experimental (minimización de riesgos), su carácter prescriptivo (optimización de la
relación beneficio/riesgo y optimización de la relación coste/efectividad), y su carácter
jurídico (derecho individual vs derecho social) (10). Sin embargo, la calidad de
tratamiento no solo afecta al tratamiento farmacológico en sí, sino a todo el acto
terapéutico, que supone la «coronación de todos los conocimientos del médico» (P. Laín
Entralgo) (12).

En el caso de la atención al paciente con DIO, el acto terapéutico está condicionado por
las medidas terapéuticas, pero también por el modelo de relación médico-paciente, la
involucración en el tratamiento de familiares y/o cuidadores, el tipo de información
facilitada por parte del médico y la serie de aspectos a recoger en la HC, así como el
hecho de que la utilización de opioides de acción rápida requiere una serie de factores
específicos a tener en cuenta, como la titulación, la necesidad de reevaluación
analgésica y el plan de seguimiento farmacoterapéutico (1, 2).

Puede descargar el estudio aquí  Proyecto DIOCAT def

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