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Corazón y cerebro: ¿Los nuevos mejores amigos?

¿No creen que la historia de la humanidad ha estado plagada de preguntas como esta? O más bien ¿Consideran que este concepto obedece únicamente a evidencias científicas actuales?

¿Quién no ha oído o leído frases donde se relaciona al corazón con emociones? Tales como: “se me parte el corazón”, “tengo oprimido el corazón”, “eres duro de corazón”, “mi corazón se acelera” …

          ¿Un ejemplo?, el Aria de la Reina de la Noche, de la “Flauta Mágica” (Mozart):

-¡La venganza del infierno hierve mi corazón!.

-La muerte y la desesperación arden a mi alrededor.

-Si no sientes por tu mano Sarastro el dolor de la muerte….

Voy a tratar de lidiar este desafiante escenario que desde in illo tempore ha enfrentado a científicos bajo el mantra de ¿quién manda en quién?: -“Cerebro versus Corazón” (o viceversa)-.

Y para hacer frente a ella creo que en la actualidad deberíamos antes que nada transformar ese antiguo mantra en un nuevo eslogan, algo así como “Si cuidas a uno de ellos, mejoras el otro”. Para lo cual es preciso tener claro desde este momento el principio básico de que el corazón y el cerebro trabajan en sintonía para guiar tanto la inteligencia emocional como la racional.

¿Y desde cuándo la humanidad tiene esta inquietud? Para no extenderme, pues como diría un “granaino de pro” esto es más antiguo que la “Tarasca” (véase el Corpus de Granada), veamos un solo pero contundente ejemplo, el primer texto grafico que relaciona los sentimientos con la anatomía del corazón:

El escrito más ancestral que se conserva proviene de más de 3500 años, el Papiro de Ebers contemplaba un “Tratado del Corazón” (considerado como el primer Libro de Cardiología de la historia de la humanidad), en el mismo se intuye ese concepto de dualidad y que nos habla acerca de dos léxicos muy específicos en relación con el corazón: ib que es la parte del corazón donde se hallan las cavidades físicas, las sedes del conocimiento y de los sentimientos, equivalente por tanto al aspecto emocional; mientras que  el segundo término h3ty pertenece al musculo y por tanto representa a la función anatómica y fisiológica del corazón.

¿Qué nos estaban diciendo los egipcios? Pues taxativamente que el corazón era considerado como el órgano más importante; por lo cual, durante la momificación, lo dejaban dentro del cuerpo (la momia sin su corazón no podría renacer, constituyendo así la muerte definitiva). A su manera, nos señalaban que las funciones cognitivas (conciencia, emociones, sentimientos, etc.) estaban en íntima relación con la anatomía y fisiología del corazón. Con esto último anduvieron acertados, su confusión radicó en que todo lo agruparon en un mismo órgano: desde el punto de vista médico intuyeron que Ib (de significado y ubicación ciertamente oscuros), se hallaba en consonancia con h3ty que era el corazón funcional.

Desde la década de los 90 del siglo pasado sabemos que entre el corazón y el cerebro existe una fuerte conexión que ha conducido a cardiólogos y neurólogos a trabajar conjuntamente (neurocardiología) al objeto de clarificar una compleja red de circuitos bidireccionales fisiológicos y neurohumorales, pero siempre bajo un doble prisma:

-Primero, ambos corazón y cerebro son aliados y no rivales.

-Segundo, desde la perspectiva fisiopatológica ambos órganos comparten idénticos factores de riesgo corregibles, como: hipertensión arterial, diabetes, tabaquismo, dislipemia, obesidad, etc.

Antes de analizar los efectos del estrés en el corazón, las enfermedades cardiovasculares (ECV) y las neurológicas más importantes, les voy a hacer partícipes de algunos de los más relevantes avances científicos en relación con lo que denominamos la autovía bidireccional entre el cerebro y el corazón:

Conocemos que la principal vía de comunicación entre ambos órganos la constituye sistema nervioso autónomo (SNA), el cual está constituido por dos ramales: el simpático (llamémosle ACELERADOR) liberador de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) que incrementan la frecuencia cardíaca o la tensión arterial (TA), y el parasimpático que libera acetilcolina la cual disminuye las mismas (denominémosle FRENO).

La situación ideal es que ambos permanezcan en equilibrio. Pero al estar estresados se activa el acelerador (SNA Simpático), dejando de actuar de forma correcta el freno (SNA Parasimpático), lo cual condiciona un desequilibrio dando lugar a hipertensión arterial, taquicardias o arritmias. Mientras que si el freno es quien permanece activado ocasiona una vasodilatación, la disminución de la TA y del ritmo cardíaco.

Por otra parte, hay evidencias científicas de la existencia de un “cerebro cardíaco” que posee 40.000 neuronas (las cuales actúan como pequeños cerebros -Sistema Nervioso Intrínseco del Corazón-); estas son responsables de emitir más señales al cerebro que de este al corazón, con capacidad para influir en las áreas de las emociones. Algo así como un SNA gobernado por el cerebro cardíaco, que permite formar una red de neurotransmisores específicos sin una total dependencia del cerebro (¿interconexión incompleta? ¿pendiente de confirmar?).

Y en el cerebro ¿cuál es la estructura clave en la regulación del corazón? La Ínsula o quinto lóbulo cerebral (conectada al sistema límbico) es la región que actúa como centro integrador de control del SNA, llevando a cabo funciones como: modulación inconsciente de la frecuencia cardíaca, TA y de la contractilidad miocárdica en respuesta al estrés y al resto de emociones. De tal manera que al sentir miedo, estrés, alegría, ira, etc., la ínsula las procesa y envía señales al corazón para acelerar o ralentizar el mismo, de igual modo que en cada tipo de latidos se incrementa o disminuye la atención cerebral –eje cerebro-corazón bidireccional-.

Tras estas breves pinceladas de los últimos conocimientos en neurocardiología, veamos someramente que enfermedades y en qué grado se ven influenciadas por situaciones anímicas o factores psicosociales como: estrés, ansiedad, depresión, ira, tristeza o alegría.

Visualicemos en primer lugar como y en qué forma lo hacen las situaciones anímicas:

Estrés, libera a la sangre catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) provocando desde aumento de la TA, incremento y arritmias del ritmo cardíaco, angina de pecho e infarto de miocardio o síndrome del corazón roto (Enfermedad de Takotsubo). Cuya gravedad dependerá de la intensidad y cronicidad del estrés.

Ansiedad, de similar respuesta fisiológica que el estrés con incremento de la TA, alteraciones del ritmo, taquicardias… dependiendo de gravedad y cronicidad.

Depresión, la alteración del bienestar mental provoca cambios en el estilo de vida como falta de actividad física, cambios alimenticios, abuso de sustancias químicas…, que condicionan alteraciones en los ritmos cardíacos, la TA, obesidad, descontrol de diabetes (de nuevo grado y tiempo).

Ira, causa liberación de catecolaminas y cortisol desencadenando como con el estrés, incremento de la TA, alteraciones del ritmo, infarto (únicamente agudo).

Tristeza, desencadena cambios en las conductas, falta de interés por actividades físicas…resultando al final un descontrol de los factores de riesgo cardiovasculares.

Alegría, desencadenando por emociones positivas o placenteras que involucra a neurotransmisores como endorfinas, oxitocina o dopamina (¿euforia, taquicardias?). Se ha descrito muy recientemente una variante de la Enfermedad de Takotsubo bajo el nombre de Síndrome del Corazón Feliz.

En segundo lugar y vistas las estructuras que están imbricadas en la autopista bidireccional que es el eje cerebro-corazón, les propongo solo y de forma casi telegráfica analizar las ECV más relevantes: Insuficiencia Cardíaca, Fibrilación Auricular y Enfermedad Coronaria las cuales son las que evidencian una más estrecha relación al igual que un mayor deterioro cognitivo y demencias.

En mi opinión tendríamos que apostar por la premisa expuesta al principio “El cuidado de uno de estos órganos significa mejorar el otro”, lo cual podríamos resumir en una mágica palabra (que por desgracia se usa poco en medicina actualmente): PREVENCIÓN. A veces no pensamos en que además de estar fisiológicamente relacionados comparten los mismos factores de riesgo, ergo requerirán actuaciones similares para abordarlos.

Insuficiencia Cardíaca, el fallo de la bomba impelente condiciona reducción del flujo sanguíneo causando ataques isquémicos transitorios así como lesiones cerebrales silentes, que terminan provocando deterioro de las funciones cerebral (afectación del lenguaje, de la memoria e incluso de la función ejecutiva), neurodegeneración o Alzheimer.

Fibrilación Auricular, es el trastorno del ritmo más frecuente y dentro de sus consecuencias sobre el cerebro podemos tener desde accidentes cerebrovasculares con alteraciones  de la motilidad, el lenguaje, etc., (isquémicos -ictus-, o hemorrágicos -derrame hemático-), hasta deterioros cognitivos (por microictus y microhemorragias).

Enfermedad Coronaria, en todo su amplio espectro desde angina, hasta el complejo de síndromes coronario agudos (obstructivos, disección espontanea de coronaria, infartos de miocardio, sin obstrucción arterial como la enfermedad de Takotsubo y su variante el Síndrome del Corazón Feliz). Todas pueden condicionar también deterioros cognitivos, demencias, Alzheimer…

A la vista de todo lo que hasta ahora se ha expuesto quedan claras varios aspectos: la profunda relación que existe entre ambos órganos (es evidente que no son enemigos irreconciliables), la interconexión entre sus diferentes enfermedades cuando uno u otro están alterados, el común sustrato fisio-patológico (factores de riesgo), la convicción científica de que podemos y debemos cuidar ambos al mismo tiempo, y la facilidad añadida de que al corregir algunas de sus causas actuamos como en una doble vía (podemos mejorar la efectividad de ambos a la vez). Por lo cual cabría  preguntarnos:

¿Qué debemos hacer? ¿Cuáles tienen que ser concretamente nuestras actuaciones? ¿Alguien estaría en desacuerdo que como norma deberíamos obligarnos a promover el adiestramiento de una buena conexión corazón-cerebro?

Es obvio que como primera e ineludiblemente medida hay que llevar a cabo las correspondientes actuaciones específicas de cada enfermedad concreta, tales como: las preventivas, las farmacológicas, las intervencionistas (cateterismos, electrofisiología), las quirúrgicas o las de rehabilitación.

Queda patente además que deberíamos potenciar alguna otra actuación -al menos eso creemos muchos profesionales-, y aquí es donde entre la idiosincrasia de cada persona, dado que hasta ahora no existe esa “píldora maravillosa” que actúe armonizando toda esta red bidireccional sensitiva-emocional (estrés, ansiedad, ira, alegría, etc.,) entre ambos órganos.

Para poder corregir estos efectos sobre el corazón y el cerebro argüimos a uno de los últimos concepto terapéuticos la Coherencia Biológica Cardíaca .

Coherencia Cardíaca.

De modo realmente muy resumido podríamos aclarar que se trataría de una situación donde se consigue “aquel estado en el cual la frecuencia del latido cardíaco es regular y además con una alternancia armoniosa”.

Esta influye por tanto en el ritmo fisiológico pero además lo hace también en la respiración, la TA, el sistema endocrino y en el sistema nervioso, por lo que condiciona una sincronización equilibrada que se conoce como coherencia cruzada (los principales sistemas del organismo están coordinados entre ellos). Dicha coherencia se traduce fundamentalmente en:

-Reducción del estrés (el nivel de cortisol al cabo de un mes disminuye).

-Mejora la calidad del sueño (relajación y tranquilidad que hacen un sueño más reparador).

-Fortalece el sistema inmunitario (incrementa las inmunoglobulinas A que son nuestra primera línea de defensa).

-Estimula la resiliencia y adaptación a contextos complejos imprevistos (aporta el equilibrio emocional necesario, aclara la mente).

-Mejora la capacidad de atención-concentración (las ideas fluyen de forma natural y sin esfuerzos).

-Facilita la autorregulación emocional (la acetilcolina del parasimpático genera tranquilidad para afrontar situaciones difíciles).

-Regula la TA, reduce la agresividad, incrementa la satisfacción, etc.

¿Pero en qué consiste la Coherencia Cardíaca? A ‘grosso modo’ es un conjunto de técnicas para sincronizar el corazón y el cerebro mediante un “feedback” biológico a través de una autorregulación emocional, la cual reduce el estrés y mejora el bienestar integral. Recuerden de nuevo aquello de que: “actuando sobre uno de estos órganos estamos mejorando al otro”.

¿Y realmente cómo funciona? Hay que centrarse en algunas técnicas de entrenamiento tanto mental como físicas, pero que son fáciles de aprender y de practicar además de ser aptas para todas las edades, entre las que se encuentran:

-Respiración centrada en el corazón pero notando como se llena el abdomen de manera lenta y profunda y regulándola de manera consciente a un ritmo de 10 segundos (la inspiración acelera temporalmente la frecuencia cardiaca, la espiración la ralentiza).

-Técnicas de “mindfulness”, (sentados, procurando escanear el cuerpo, centrándola solo en la respiración) para reconectar con la realidad y gestionar con calma, claridad y de manera armoniosa la mente para estar presente no de forma automática.

-Entrenamiento físico diario, con la recomendación de ir de menos a más adaptándose muy progresivamente según tolerancia en cada caso.

Mi opinión al respecto es que las ECV están inter-conexionadas con el cerebro (de ahí el auge de la neurocardiología), pero que al mismo tiempo esa conexión es totalmente extensible al resto de los demás órganos como riñón, los pulmones o el hígado (sistema cardiovascular-renal-metabólico).

Lo cual nos afirma que en todo momento los diferentes especialistas debemos tender cada vez más hacia una real práctica diaria, en la cual los conocimientos de unos unidos a los de los otro nos servirán para mejorar a todos los pacientes afectos de cualquier enfermedad.

Ahora más que nunca vienen a mi memoria lo que mi abuelo me inculcaba de pequeño cada vez que atendía a un paciente y yo embobado lo acompañaba: ¡”NO HAY ENFERMEDADES HAY PERSONAS QUE ENFERMAN”! ¡Qué dueño de la verdad era!, cada cuerpo afronta la misma enfermedad de muy distinta manera, están involucradas demasiadas cosas como para aplicar el tan manido al igual que equívoco termino de LA GLOBALIDAD en la salud. Como se diría en un argot más coloquial: “cada uno lleva consigo una mochila diferente”

Termino, que nos está llevando por un camino sanitario demasiado tortuoso al igual que peligroso, el cual no ayuda a poner en práctica nuestra gratificante labor de reparar, aliviar y mejorar la calidad de vida de aquel que nos pide ayuda por su enfermedad.

Para finalizar les diré que al igual que todas las enfermedades tienen un comienzo y un fin (sin entrar en más honduras), deberíamos ser conscientes de la importancia que tiene en todas ellas dos vertientes que siempre están presentes: PREVENCIÓN (evitemos en lo posible su aparición-inicio) y REHABILITACIÓN (mejoremos la calidad de sus vidas); en medio de las dos pongamos en práctica todas las medidas conocidas y por conocer de cada enfermedad de modo individual.

«La mente es como el paracaídas… solo funciona si la tenemos abierta.» (Albert Einstein)

 


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