Música y Medicina
Foto por Marius Masalar en Unsplash

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Introducción

La medicina tiene como objetivo no solo prevenir, aliviar o curar la enfermedad,
sino también hacer que la vida pueda ser vivida con calidad, es decir, en condiciones
que merezca la pena ser vivida. La música trata de hacer de la vida una obra de arte,
pues la música es el lenguaje de las emociones y éstas constituyen el sustrato del arte.
Para conseguir estos fines, la música combina armónicamente los sonidos mediante la composición según determinadas reglas, mientras que la medicina utiliza como
terapéutica básica medicamentos, cuya composición precisa y definida son el resultado final del llamado “arte de
recetar”. Y si la música ha sido considerada como la más
aguda de las artes al coincidir en ella fondo y forma,
medio y mensaje (L. Racionero), el arte de recetar medicamentos ha sido definido como la coronación de todos
los saberes, diagnósticos, clínicos y terapéuticos del médico (P. Laín).
La medicina devuelve el equilibrio de la salud, el valor más apreciado por el hombre; la música, templa el alma y da energía al cuerpo. Pero los puntos de coincidencia entre música y medicina, medicina y música, van mucho más allá, como lo
demuestra la larga tradición de la música como bálsamo, como remedio terapéutico
que utiliza la “armonía de su composición” para restaurar la “composición armónica”
del cuerpo. Desde Platón conocemos el valor de la gimnasia para el cuerpo y el de la
música para el alma, con Aristóteles descubrimos la educación musical como elemento formador del
carácter sano y, no en
vano, el saber popular
considera que “tanto
cura la lira como la
hierba”.
Pero música y medicina también están unidas por la enfermedad.
Según W. Haddon, la
música es la medicina
de la mente atormentada, mientras que las
condiciones de sufrimiento y dolor provocadas por la enfermedad han sido en no
pocas ocasiones fuentes de inspiración para la composición de auténticas obras maestras. Es verdad que la vida sin la música no tendría razón de ser (F. Nietzsche), pero
también lo es que sin el abandono de la razón a la fantasía, no se habrían originado
muchas de las maravillas del arte (F. Goya).
Si es deseo del lector adentrarse en las cincuenta páginas que siguen a esta breve
introducción, encontrará un texto en el que se ha tratado de relacionar música y
medicina, medicina y música, a través del bosquejo biopatográfico y de las grandes
composiciones musicales de una selección de los más significativos autores de la historia de la música. Como casi siempre, los que están son, pero no están todos los que
son. Esperamos que el lector sepa disculpar los rigores del corsé editorial de una
publicación que se ha intentado elaborar de la forma más atractiva posible.
Nuestro agradecimiento a Mundogen y a GSK siempre atentos no sólo al desarrollo de composiciones terapéuticas que garanticen la mejora de la calidad de los tratamientos y la calidad de la vida de las personas, sino también a iniciativas sociosanitarias y humanísticas que nos permitan disfrutar de los sentidos, condición necesaria para el arte de vivir y la comprensión de esa otra composición máxima que es la
Creación.
LOS AUTORES

George Friedrich Häendel

Häendel representa, junto a J. S. Bach, la culminación del Barroco, y su vida tiene muchos aspectos
comunes con la del gran Juan Sebastian. Nació el
mismo año de 1685, en Turingia (en este caso en la
ciudad de Halle); fue tan precoz como fecundo; tras
una vida relativamente sana y larga acabó sufriendo la
pérdida de la visión… y también fue tratado, mejor
dicho, maltratado por el celebre “caballero” inglés J.
Taylor, quien lejos de curarle, agravó su enfermedad.

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