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La Farmacología, como sustrato de la terapéutica, comenzó a construir su estructura
científica a mediados del siglo XIX cuando el desarrollo metodológico de la Física
permitió reducir la asombrosa complejidad de los organismos biológicos a sus
componentes más elementales de carácter fisicoquímico. De esta manera, se pudieron
relacionar los descubrimientos de la química analítica con la acción de los fármacos
sobre dichos componentes elementales y observar sus efectos sobre las funciones y los
tejidos normales o patológicos de los organismos vivos (1).
En este siglo y medio de historia es necesario distinguir, al menos cuatro fases en el
desarrollo de la Farmacología (2):

  • la primera, es la propia de la farmacología experimental, que comienza con los
    trabajos de C. Bernard y F. Magendie y cuya emancipación se produce a partir
    de los estudios experimentales de R. Buchheim y O. Schiemedeberg;
  • la segunda, constituye la llamada terapéutica experimental, siendo su gran
    impulsor P. Ehrlich, cuyos trabajos permitieron establecer que los efectos de los
    fármacos pueden ser considerados como consecuencia del establecimiento de
    interacciones físicoquímicas en sitios de acción definidos, con lo que patogenia
    y terapéutica quedaban así indisolublemente unidas en la historia de la medicina;
  • la tercera, representa la etapa de la farmacología clínica, surgida hace medio
    siglo como disciplina especializada, cuya evolución ha corrido paralela al
    avance y desarrollo experimentados por los ensayos clínicos y dentro de la cual
    hay que distinguir, en relación a las distintas fases de los estudios clínicos, entre
    la farmacología clínica experimental (Fase I) y la farmacología clínica
    terapéutica (Fases II, III y IV);
  • la cuarta corresponde a la etapa actual, en la que es necesario abordar la
    terapéutica farmacológica no solo desde la perspectiva tradicional, sino también
    desde el punto de vista de la calidad de vida, la evaluación económica del
    medicamento (farmacoeconomía) y la relación del medicamento con el medio
    ambiente o farmaecología.
    Por la misma época en la que la farmacología construía su estructura científica aparecía
    por primera vez el término ecología (del griego, oikos = casa, hogar y logos = estudio,
    conocimiento). Aunque el origen preciso del término no está completamente aclarado,
    en general se acepta que fue el biólogo prusiano-alemán E. Haeckel el primero que lo
    definió en un trabajo aparecido en 1869 con el título: Morfología General del
    Organismo: “Entendemos por ecología el conjunto de conocimientos referentes a la
    economía de la naturaleza, la investigación de todas las relaciones del animal tanto con
    su medio inorgánico como orgánico, incluyendo sobre todo su relación amistosa y hostil
    con aquellos animales y plantas con las que se relaciona directa o indirectamente. En
    una palabra, la ecología es el estudio de todas las complejas interrelaciones a las que
    Darwin se refería como las condiciones de la lucha por la existencia” (3, 4).
    A lo largo de su historia la ecología ha sido objeto de diversas interpretaciones. Sin
    embargo, su gran impulso como ciencia que estudia las relaciones entre los seres vivos
    y su entorno se produjo a partir de los años setenta del pasado siglo –coincidiendo con
    la crisis social, económica y política experimentada a nivel mundial- con los trabajos del
    norteamericano E. Odum, del español R. Margalef y de otros investigadores
    significativos de uno y otro lado del Atlántico. En la actualidad, la ecología se define
    como “la disciplina que estudia las relaciones de los seres vivos entre sí y con el medio
    ambiente en el que viven”, constituyendo su carácter multidisciplinar uno de sus rasgos
    más característicos. Dentro de ella la ecología humana trata las relaciones entre las
    personas y su medio ambiente, el cual se interpreta como un ecosistema en el que hay
    que considerar, por una parte, su comunidad biológica o conjunto de elementos bióticos
    –microorganismos, plantas, animales, seres humanos- y, por otra, la serie de factores
    abióticos –elementos físicos y químicos, estructuras geológicas, condiciones
    climatológicas, etc.-. Dependiendo de cuál sea el objeto del estudio, un ecosistema
    puede ser de tamaño muy diverso, pudiendo abarcar desde un pequeño estanque a la
    totalidad del planeta Tierra (3-8).
    Si bien los seres humanos son parte del ecosistema, a efectos prácticos, resulta útil
    considerar la relación entre los seres humanos y el ecosistema o medio ambiente como
    la interacción entre el “sistema social humano” y el resto del ecosistema (G. Marten), ya
    que las actividades humanas que ejercen algún impacto sobre los ecosistemas están
    fuertemente influenciadas por la sociedad en la que se producen: su población, grado de
    organización social, conocimientos y valores, desarrollo tecnológico alcanzado, en
    definitiva, su cultura (8). Del mismo modo que los ecosistemas, los “sistemas sociales
    humanos” pueden tener cualquier escala: desde el individuo o la familia hasta la
    población mundial (7, 8). (Fig 1)
    Pues bien, la interacción entre el “sistema social humano” y el resto del ecosistema ha
    estado condicionada históricamente por el estado de salud o enfermedad del hombre, ya
    que el hombre no es el mismo “cuando la naturaleza, abatida, impone al alma que sufra
    con el cuerpo” (Rey Lear, W. Shakespeare). Es más, la búsqueda y empleo de remedios
    contra la enfermedad ha sido, junto con al exploración de la naturaleza para combatir el
    hambre y proporcionar a su cuerpo nutrientes para el crecimiento y desarrollo, la
    actividad humana que ha ejercido mayor influencia sobre el resto del ecosistema
    planetario (9).

González J (1), Orero A (2), Olmos V (3), Martínez D (4), Prieto J (5), Honorato J (6)

  1. (1)  Doctor en Farmacia. SEFYP (Sociedad Española de Educación Sanitaria, Formación y Desarrollo Profesional)
  2. (2)  Médico de Familia. Directora Centro de Salud Puerta del Ángel. Madrid
  3. (3)  Servicio de Farmacia AP. Área de Salud de Gran Canaria
  4. (4)  Profesor Titular. Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública.Vicedecano. Facultad de Medicina. Universidad Complutense de Madrid
  5. (5)  Catedrático de Microbiología I. Facultad de Medicina. UniversidadComplutense de Madrid.
  6. (6)  Catedrático Emérito Farmacología Clínica. Facultad de Medicina. Universidadde Navarra.

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