Doctor Google

 

Cada día son más los personajes importantes que se preocupan por el exceso de información en temas sanitarios. Carlos Mateo, vicepresidente de AIES (Asociación de Investigadores en Salud) y director de la Agencia COM Salud es uno de ellos.

La emancipación del enfermo, considerada por muchos la mayor revolución sanitaria del siglo XX, se consolidó e incrementó definitivamente con la llegada de Internet. En una estadística publicada en ABC (20-03-2017) el 49% de los españoles utilizaron en 2016 la red para consultas médicas. Más del doble del 2006. Estamos ante un fenómeno imparable, difícilmente controlable, con numerosas interpretaciones y consecuencias indeseables a veces.

Las fuentes generadoras de información son numerosas: los equipos de investigación, Universidades, Hospitales, Asociaciones de pacientes (más de 600 en España), Firmas farmacéuticas, Periodistas sanitarios, amén de los numerosísimos “francotiradores” (aficionados) y los propios usuarios. Todos bombardean continuamente las redes con testimonios, consejos, propuestas, documentos y rumores. La rumorología, “bola de nieve” de otros tiempos, hoy puede tener un carácter “explosivo”.

Éste es el escenario al que acuden numerosos profesionales para consulta. Wikipedia, de indudable valor, se ha convertido en la “revista” más consultada. Pero no es la Biblia. Los profesionales pueden echar mano de páginas y revistas especializadas y se les supone criterio para diferenciar el grano de la paja. ¿Y los profanos? Éstos corren un grave riesgo si siguen informaciones no acreditadas. Consultas acerca de sus padecimientos añaden la “infoxicación” de la información a su patología. Se traduce en ansiedad, cuadros hipocondríacos, (en algunos medios se habla ya de “cibercondria”), desorientación, cuando no bloqueo, en la toma de decisiones. El enfermo, ante tanta información, con su derecho a decidir, se encuentra solo y confundido. Exige a la Administración y al médico medidas inviables o inadecuadas. Él mismo, por acción (automedicación) u omisión (incumplimiento), se perjudica.

Les propongo un supuesto que puede comprobar cualquiera. Elija una palabra clave que puede ser Diabetes por ejemplo. Si entra en Google obtendrá más de ¡240 millones! de registros. En plan irónico ya se habla de “doctor Google”. Más selectivo es Google Académico, que le habrá filtrado numerosas entradas, pero todavía tendrá ¡2 millones!. Los profesionales utilizan más frecuentemente plataformas como Pubmed donde se incluyen las referencias más científicas, a pesar de lo cual encontramos ¡578 mil!.

Si el enfermo ha sido diagnosticado de Diabetes tipo 2 por ejemplo, y busca en Google verá como, incluso en este caso, la información se reduce, pero sigue siendo inabordable (2 millones). Y no mejoran mucho la información en Google Académico (85 mil) y en Pubmed (281)

¿Cómo arreglar esta situación?. Es muy difícil. Cada medida que se proponga, en la situación actual, es como poner puertas al campo. Pero algunas propuestas se están haciendo ya: Se recomienda evitar toda información que no lleve la identificación del profesional. En las noticias se referirá el autor u organismo, identificándolo adecuadamente. Las asociaciones de pacientes deberán seleccionar las webs y blogs más fiables. Los responsables de Webs, como los de las revistas científicas, tendrán que buscar la acreditación de organismos independientes que avalen su calidad, etc.

Es obligación de todos ofrecer una información divulgativa, sí, pero garantizando veracidad y objetividad. En resumen la información, como cualquier herramienta humana, puede resultar de gran utilidad usada adecuadamente.

 

 

Dejar respuesta