placebo
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El placebo es el tratamiento ideal para cualquier problema o enfermedad, siempre que no empeore las cosas y no requiera otros complementos. Desde siempre se han tenido muy presentes los milagros, gestos y remedios complacientes, como indica el término.

Características del placebo

 Placebo procede del verbo latino placere que significa complacer, en primera persona placebo, popularizado desde un canto litúrgico en los oficios de difuntos. Comienza con Placebo Domino in regione vivorum” (Complaceré al Señor en la tierra de los vivos). El salmo, acompañado de llantos y gestos desgarradores, era repetido una y otra vez en los velatorios por las plañideras contratadas a tal fin. Suponía un placebo por “delegación” para el dolor de los allegados. Esto y los alimentos compartidos con los acompañantes, aportaban a los familiares la fuerza y  tranquilidad necesaria para centrarse en los asuntos terrenales. Es decir, “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”.

 Un buen efecto placebo médico debe reunir varios requisitos. Por el placebo, el principio hipocrático de “primun non nocere” (lo primero no dañar). Por el receptor, las virtudes teologales: fe ciega en el remedio y esperanza de solucionar sus dolencias. También practicará la caridad de hacer partícipes a los demás de las bondades del producto. Los enfermos, solidarios y generosos, se convierten así en los apóstoles del placebo.

Los placebos en la historia de la Medicina

 La alquimia incorporó toda sustancia química que cumpliera: reconocimiento como medicamento, arropado por la leyenda y que no hiciera mal (placebo). El empirismo y el cuidado en su preparación eran primorosos. El ejemplo más conocido, la triaca, fue usada durante más de 20 siglos y podía llevar hasta 70 ingredientes en cantidades ínfimas. No faltaban el opio, valeriana, canela, mirra, plantas aromáticas, azafrán, carne de víbora,… verdaderas panaceas o curalotodos.

 En la cultura española contamos, entre otros, con el famoso bálsamo de fierabrás referido en El Quijote. Tenía el atractivo del origen, los bálsamos obtenidos de la sepultura de Jesús en Jerusalén. La marca se debe al gigante Fier-a-bras, (el del brazo feroz), señor de las Españas. Y la garantía estaba en la manufactura: cocer aceite, vino, sal y romero y verterlo en una alcuza de hojalata. El compuesto inactivo (placebo) había que activarlo para convertirlo en medicamento. ¿Cómo?, rezando “no menos de 80 paternosters y otras tantas avemarías, salves y credos, acompañando a cada palabra una cruz a modo de bendición”. El efecto curativo dependía finalmente de la fe del paciente.     

 El agua es fundamental en  el campo de los placebos. Se suele decir “algo tendrá el agua cuando la bendicen”, porque el agua bendita y el de tantas fuentes milagrosas ha resuelto o aliviado numerosas patologías. Otra línea es contemplada por la Hidrología  médica; nada más placentero, y terapéutico, que la estancia en un balneario “tomando las aguas”. Y qué decir de las aguas minero-medicinales. Hizo historia el agua de Vichy, (¡balneario francés!), en el tratamiento de la gripe de 1918, hasta agotarse en las farmacias. Luego vendrían los negocios y conflictos de las numerosas  marcas comerciales, con indicaciones para todo tipo de males. En España estamos bien abastecidos.

 La imposición de manos, cuyo origen es religioso, no siempre precisa el contacto para transmitir energías favorables. Es el gesto más conocido de los contactos terapéuticos, que no curan, pero mejora muchos síntomas. Una palmadita oportuna, una caricia o un abrazo pueden ser más eficaces que muchos fármacos. Más que placebo es un complemento verificable en muchos casos de ansiedad, dolores de varios tipos, síntomas cardiovasculares o neurológicos.

 Hay otras muchas técnicas ¿profesionales? de contacto. Es el caso de la tradicional acupuntura, quiropráctica, mixtas, relajación, yoga, pilates, etc. Son ejemplos, siempre discutibles, en constante búsqueda de alternativas de complacencia a la medicina convencional.

 Es destacable el éxito de la Homeopatía entre determinados ciudadanos. El agua como diluyente de sustancias hasta su práctica desaparición, es la base de esta práctica, que podemos entender como modelo de placebo.

     Los placebos en la Medicina actual

 Definición.- Según el diccionario de la RAE, “Placebo es la sustancia que, careciendo por si mismo de acción terapéutica, produce algún efecto favorable en el enfermo, si este la recibe convencido de que esa sustancia posee realmente tal acción”.

  En Medicina se reserva el término placebo para definir la sustancia química, inerte farmacológicamente, utilizada como control en un ensayo clínico. Se debe hacer por el método doble ciego, que nada tiene que ver con la patología ocular. Se evitan así ciertos efectos psicológicos en algunos enfermos cuando no saben que el producto es inerte (vial de agua, cápsula de gelatina, comprimido de azúcar,…).

 También se contempla la administración de placebos cuando es imposible acceder a una farmacoterapia adecuada. Se contempla lograr entonces un efecto por sugestión.

 A veces el médico se ve obligado al uso de placebos pedagógico para pacientes molestos, exigentes o inoportunos. Es el caso del habitual encontradizo en la cafetería para consulta médica. Procede entonces la prescripción de tomar agua en pautas absurdas, que se prepare él mismo un bálsamo de fierabrás o receta similar. “Al enfermo de encontrón, placebo de trompón”, dice el refrán

     Los placebos en pandemia

La mejor forma, y a veces la única, de combatir el miedo puede ser el logro de  un estatus de placebo generalizado alcanzable por varias vías.

 El imbatible santoral. Muchos ciudadanos han aparcado su escepticismo religioso volviendo a los actos de fe. Los italianos Perciaccante y colaboradores publicaron (Ethics, Medicine and Public Health 18, 2021) una encuesta sobre la invocación a santos en la pandemia. Cerca del 90 % de los adultos infectados por COVID-19 habían solicitado ayuda a alguno de los 22 santos relacionados en la publicación. El ranking está encabezado por Santa Rita (558 evocaciones) y San Roque (268), seguidos a distancia por San Sebastián, San Antonio el Grande, San Adrián y los demás. No tenemos resultados del efecto placebo o terapéutico, pero asociándole las medidas médico- sanitarias adecuadas, la invocación a los santos debe ser de elección incuestionable. 

 De placebo a nocebo. Hasta los placebos pueden tener efectos colaterales, nocebos. Citemos algunos ejemplos. Tras someterse a una prueba diagnóstica de PCR  u otra cualquiera, muchos reaccionan irresponsablemente. “–He dado negativo, ¡vamos a celebrarlo!” Y en la celebración se puede producír el contagio masivo.

 En la prevención se han experimentado todo tipo de remedios estimulantes, tónicos y desinfectantes incluso. Es el caso de los anticoronavirus alcohólicos (cerveza, vino, combinados,…); con un margen terapéutico reducido pasan rápidamente a nocebos.  

 Con la rápida llegada de las vacunas las cosas cambiaron. Se puede destacar el efecto placebo de los reclutados para los ensayos doble ciego. Su simple elección, aunque estuvieran en el grupo placebo, les producía tal euforia, como veíamos en TV, que parecieran mejor inmunizados que con la vacuna. Y qué decir de los vacunados, especialmente si lo son antes que el vecino. ¡Que se enteren todos su felicidad! y añaden una excesiva seguridad, inversamente proporcional a la responsabilidad de mantener las adecuadas precauciones.

     El poder de la palabra. 

El efecto placebo siempre está en la cabecera de los enfermos, también de los votantes”. (Mario Bunge).

 El efecto de la palabra en Medicina viene de lejos. Recuérdese el ruego del centurión a Jesús: “Señor, no soy digno… pero una palabra tuya, bastará para sanarle”. Hoy sigue aliviando, y de qué manera, la conversación con el médico de cabecera, que por eso es de cabecera, como enseñaba Marañón.

 Las inevitables frases, lemas y promesas electorales, que como decía Tierno Galván se hacen para no cumplirlas, se han colado en la pandemia. Los placebos más descarados y frecuentes de la actualidad se fabrican al margen de la Medicina. El Ministerio de “Información y Propaganda” ha explicado lo inexplicable, informado de lo inexistente, ocultado los peores datos y  prometido lo imposible. La guerra de bulos y contra bulos es la gran aliada de los políticos con el objetivo de  decir lo que gusta oír para evitar desasosiegos y sumar votos y poder.

 Durante meses, los medios, especialmente la TV, atraparon a los españoles durante su confinamiento en un espectáculo circense continuo. Con aplausos organizados, sí, organizados a hora fija, como desahogo ciudadano y homenaje a los sanitarios, cuyo heroísmo se olvidó pronto. Con ruedas de prensa y comparecencias interminables con profusión de datos contradictorios e incomprensibles dejaban al ciudadano pegado a la pantalla. Parecían espectadores de una competición deportiva con la sensación placentera de ver ganar a los suyos.

 Ejemplos de frases-placebo para recordar, o mejor para olvidar. “Vamos a tener un caso o, a lo más, dos”. “Las mascarillas no son necesarias” (no había). “Somos el país con menor mortalidad; por algo tenemos la mejor sanidad del mundo”. “Le hemos ganado la batalla al virus” (varias veces). “No dejaremos a nadie atrás”. “En unas semanas llegarán vacunas para todos” (repetido cada día y van pasando los meses).

Y así, a cientos. Otro tanto ocurre con las palabras-placebo en la política, que se trasladan a la jerga pandémica sin reparo alguno. Hasta los términos más duros pueden ser suavizados mediante eufemismos. Se ve con ancianos = segmento más vulnerable, enfermo crítico.  = paciente UCI, transmisor = PCR positivo, enfermo con secuelas = persistente, descontrol epidémico = oleadas, reagudización = pico, etc.

 Pero lo más sorprendente es la rápida incorporación de placebos terminológicos con tufo político. Nueva normalidad, desescalada, cogobernanza autonómica, comité de expertos, teleasistencia, nivel de satisfación, confinamiento perimetral, vacunódromo, resiliencia, tolerancia o voluntariado son algunos ejemplos. Solo falta mezclarlos con  los consabidos tópicos de solidaridad, equidad, honestidad, prudencia, razonable, progreso, democracia, futuro, crecimiento, fortaleza, protección, nacional, diálogo, consenso, etc. El orden de las palabras edulcorantes importa poco para la obtención de un placebo discursivo de primera magnitud. ¡Y todos contentos y de fiesta! Que los placebos ayudarán a olvidar rápidamente la pandemia.

Médico. Universidad Complutense de Madrid

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