seguridade del paciente
Foto por National Cancer Institute en Unsplash

La seguridad de los pacientes siempre estuvo garantizada por el trabajo vocacional y la buena praxis del personal sanitario. Pero esto no es suficiente en la nueva, compleja y eficiente Medicina.

Los errores, accidentes y deficiencias del sistema sanitario inciden con consecuencias, a veces nefastas, sobre los enfermos, especialmente vulnerables en el ámbito hospitalario. También los sanitarios, en su  ejercicio profesional, requieren una atención especial a su seguridad.

Seguridad del paciente

“Primun non nocere” (lo primero, no dañar)

Es un pilar básico de la Medicina. Cualquier tipo de prevención, exploración, tratamiento o rehabilitación debe garantizar la ausencia de riesgo para el paciente. Van implícitos los componentes de confianza y consentimiento del paciente en las  técnicas, medicamentos y  personal sanitario. La otra cara de la moneda es su difícil aplicación en la Medicina actual, que es compleja, intervencionista y agresiva con frecuencia.

Dimensión del problema

La falta de seguridad en la atención sanitaria deriva a importantes efectos adversos. Se estima que está entre las diez primeras causas de discapacidad y muerte. En la asistencia hospitalaria de los países menos desarrollados se estiman más de 2,5 millones de muertes sobre unos 135 millones de efectos adversos.

En Atención Primaria, los efectos adversos suelen ser menos graves, pero más frecuentes. Hasta el 40% de los “usuarios” padecerán potencialmente estos efectos. En conjunto, las repercusiones en costes añadidos sanitarios, económicos, escolares, etc. son muy importantes.

En los países más desarrollados es menor la proporción de enfermos afectados, pero no menos importante. Se estima que los efectos adversos inciden en un 15 % en la actividad y gasto hospitalario. Explican el aumento de los controles de calidad, las demandas contra los sanitarios, etc., El resultado es la práctica de una Medicina defensiva y un sistema sanitario burocratizado y de dudosa operatividad.

 Lo más importante es que ¡más de un 80 %  de los daños a los pacientes son evitables!

Distribución

La masiva práctica médica, cada vez más sofisticada, lleva implícito un  potencial riesgo para el enfermo que abarca a todas las especialidades. Resaltamos los siguientes efectos adversos.

  •  Errores de medicación. Más frecuentes en Atención Primaria, por el fenómeno de la automedicación, sobre todo, mantenido por los hábitos del almacenamiento de fármacos e incumplimiento terapéutico.
  • Infecciones, especialmente las hospitalarias. Afectan a un 5-10 % de los hospitalizados, dependiendo del tipo de hospital, más frecuentes y graves en los enfermos más vulnerables. Las consecuencias de resistencias y sepsis son preocupantes.
  • Complicaciones quirúrgicas, que causarían anualmente más de un millón de muertes en el mundo.
  • Técnicas de inoculación (contrastes, fármacos, vacunas,…) potencialmente transmisoras de SIDA, hepatitis, paludismo, etc.
  • Errores diagnósticos. ¿Quién no ha padecido varios diagnósticos inadecuados a lo largo de su vida?
  • Prácticas de transfusión. Provocan reacciones adversas en unos 8 casos por cada cien mil unidades transfundidas.
  • Los errores de irradiación son cada vez más infrecuentes, pero siguen preocupando.

Seguridad para todos

“Por un clavo, una herradura; por una herradura, un caballo;…por una batalla un reino. Y todo por un simple clavo”

Las campañas, lemas y legislación sobre seguridad del paciente no deben llevar a la percepción que todo se inicia, desarrolla y termina en el paciente. También los sanitarios padecen efectos adversos resultantes de su trabajo.

La asistencia, especialmente la hospitalaria, es asunto de equipos que necesitan una perfecta coordinación. Con alguna frecuencia es difícil, cuando las personas de un equipo son desconocidas entre ellas y para el paciente. Además, la actividad médico-sanitaria es siempre multidisciplinar. Por ejemplo, en un proceso quirúrgico intervienen administrativos, técnicos, enfermería, anestesistas, cirujanos,… todo el hospital. Un error del listado, una radiografía mal etiquetada, un fármaco inadecuado, etc. puede resultar fatales para el enfermo. Es exigible la óptima preparación y concentración de todos los participantes, como en una cadena de montaje. Un pequeño descuido en cualquier eslabón de la cadena descuadra todo el proceso.

De lo señalado se deduce que solo se puede garantizar la seguridad del paciente cuidando la preparación, precisión y seguridad de todo el personal sanitario.

Esta situación también repercute en los propios sanitarios. Profesionalmente, y también en su salud. Es cierto que la seguridad de los sanitarios se contempla en Salud Laboral (contagios, accidentes, etc.), pero hay muchos flecos sin resolver que repercuten en la seguridad de los pacientes. Sobrecargas laborales en plantillas deficitarias, situaciones de estrés o mantenimiento inadecuado de aparatos son algunos ejemplos. Entonces el componente vocacional y capacitación profesional quedan lastrados en la correcta atención al paciente.

Con la pandemia de COVID-19 se ha evidenciado, con todo su peso, la importancia para los pacientes de la seguridad de los sanitarios. Un solo sanitario de urgencias, enfermo o contagiado, sin protección adecuada, constituye un foco de diseminación sin precedentes. Por otra parte, es difícil superar la impresión de las primeras fotos de la pandemia con los sanitarios sin los Equipos de Protección Individual (EPIs) adecuados. En su lugar solo existían restos de bolsas de plástico.

La impotencia de realizar una asistencia adecuada, las bajas sin cubrir, la falta de medios adecuados, etc. provocó una verdadera “pandemia” de estrés sanitario. Con el tiempo conoceremos mejor los efectos adversos en los sanitarios y las repercusiones en la seguridad de sus pacientes.

Estrategia de la OMS

El desarrollo de los sistemas sanitarios es incompatible con una cobertura sanitaria insegura. En esta línea la OMS (Organización Mundial de la Salud) considera necesaria la protección contra todo tipo de riesgos en el acceso a los servicios esenciales de salud. Incluye “medicamentos y vacunas inocuas, eficaces, asequibles y de calidad”

 En los últimos años se anota un preocupante incremento de los daños que padecen los enfermos usuarios de los complejos sistemas sanitarios actuales. Esto explica el desarrollo de “La seguridad del Paciente” como disciplina de atención de la salud. Su objetivo es prevenir y reducir los riesgos, errores y daños de los pacientes durante su atención asistencial.

 La OMS, reconociendo la dimensión e importancia del tema, puso en marcha la Alianza Mundial para la Seguridad del Paciente en 2004. Inmediatamente (2.005) promovió una campaña de “Atención limpia, atención más segura”, dirigida especialmente a la higiene de manos. Unos años más tarde bajo el lema “La cirugía segura salva vidas” se pretendía reducir los riesgos relacionados. En 2.017 inició la campaña “Medicación sin daño” para reducir globalmente en 5 años un 50 % los efectos adversos graves debidos a los medicamentos.

 La Asamblea Mundial de la Salud (2.019) tomó dos decisiones importantes. La primera fue establecer la seguridad del paciente como una prioridad sanitaria mundial. La segunda, fijar el 17 de Septiembre de cada año la celebración del Día Mundial del Paciente. Para este año 2.021, la OMS recaba la atención en el tema “Atención materna y neonatal segura”. Propone una campaña bajo el lema: “Actuemos ahora por un parto seguro y respetuoso”. Pretende involucrar a todas las partes interesadas en una atención segura al parto para prevenir los daños y riesgos a madres y neonatos.

Otras medidas

Se refieren a los deberes de las autoridades implícitamente  contempladas en la estrategia general. Comprende el mantenimiento y supervisión de centros, instalaciones y plantillas. Deben garantizar la competencia profesional y titulación adecuada. Establecerán el adecuado sistema de registro y notificación de efectos adversos, imprescindible para investigar y resolver los problemas de seguridad individual y colectiva.  

Hay otra faceta importante: el empoderamiento del paciente. La emancipación de los enfermos en la sociedad actual está cambiando el peso de las responsabilidades en seguridad. En una Medicina Participativa los enfermos informados eligen y controlan o delegan (Consentimiento Informado) las características y tipos de diagnóstico y tratamiento. Por tanto asumen su parte de responsabilidad. Estos aspectos entran en un nuevo campo: la exigente reivindicación, directa y a través de asociaciones y abogados, de sus derechos.

Médico. Universidad Complutense de Madrid

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