los 7 pecados capitales

Los Siete Pecados Capitales. Apuntes Médicos.

No son pecados al uso, pero son capitales sin duda; se trata de actitudes desordenadas desencadenantes, capitales, de conductas más graves.

En todas las culturas clásicas, las observaciones sanitarias se incorporaron como normas recomendadas u obligatorias en las tradiciones morales y religiosas. Incluyen el comportamiento con uno mismo y con los demás:  liderazgo, participación social, distribución de la riqueza, alimentación, reproducción, enfermedades, etc. En el siglo VII, el Papa san Gregorio sintetizó todos los vicios humanos en los siete pecados capitales. La Iglesia Católica los ha mantenido a lo largo del tiempo. Catecismo de la Iglesia Católica. Actualmente la Medicina los agruparía como Síndrome social:  conjunto de síntomas concurrentes con diferentes repercusiones sociales.

Los Siete Pecados Capitales. Apuntes Médicos.
Los Siete Pecados Capitales. Apuntes Médicos.

¿Deben ser rechazados? Se dice que “todo lo bueno, en exceso, engorda o es pecado” para resaltar la diferencia entre fisiología y patología. La supervivencia de los seres vivos necesita tres requisitos fundamentales: nutrición, reproducción y sistemas de relación.  J. Lewis va más allá: los deseos desordenados, base de estos pecados, con frecuencia son facilitadores del desarrollo humano. .  En general, los pecados capitales, como los fármacos, son estimulantes a bajas dosis, pero tóxicos a dosis altas.

——-El primer grupo abarca los pecados capitales menos concupiscentes, producen más desasosiego que placer, a saber: Soberbia, Ira y Envidia. —–

 Soberbia

Apetito desordenado de ser preferido a otros. “No es grandeza sino hinchazón insana (San Agustín)” Muchos ven en el soberbio el liderazgo, al que plácidamente se someten, hasta sufrirle detalles de altivez, arrogancia y vanidad. Suele acompañarse de amor al poder, narcisismo, envidia y egoísmo (avaricia). El lector pensará rápidamente en algún político autócrata; pero también es frecuente en las organizaciones familiares, empresariales, deportivas o sanitarias.

“El poder no cambia al hombre, simplemente lo desenmascara (H. Ford)” Es el caso del enfermo que se automedica porque ¡sabe más que nadie de su enfermedad! ¡Como soy libre no me vacuno yo ni mi familia! Son ejemplos de soberbia con potenciales perjuicios sanitarios. Con frecuencia la altanería se transmite al equipo sanitario excluyendo a los demás, ¿Aquí quién manda? ¡Pues ya está! ¡El jefe soy yo, que quede claro! ¡Mi especialidad es la más importante! Se exageran los méritos propios despreciando los ajenos, cultivándose las discriminaciones y el negacionismo científico. En otro sentido, una cierta dosis de arrogancia puede resultar conveniente para el compromiso social. ¿Qué sería de los equipos sanitarios sin liderazgos? El orgullo bien entendido y una cierta vanidad dan prestancia al jefe para transmitir seguridad y confianza a colaboradores y enfermos.

Tratamiento: contra soberbia, humildad. La terapia debería ser la del científico en el proceso ensayo-error, donde los intentos fallidos neutralizan la arrogancia del investigador. ¿Y cuando la soberbia es irreversible y desordenada?

Ira

Se retroalimenta con la soberbia y la envidia. Una pataleta infantil es la primera expresión de posteriores exageraciones de enfado o furia hasta los ataques de ira. Subyacen complejos de inferioridad, frustración, miedo insuperable, odio, venganza o locura. “De furioso a loco, va muy poco”. Popularmente se identifica con enfermedades somáticas (¿causa o consecuencia?) como la úlcera de estómago. No confundir con IRA (Infección respiratoria aguda), ni con rabia por virus, ni con el signo de autoridad de “un puñetazo en la mesa”.

El iracundo con sensación de poder, por temor de los demás, termina destruido por su propia irritación. Compromete la salud gástrica, cardiovascular y mental, favorece los accidentes laborales y de tráfico y altera las relaciones sociales y familiares. No son infrecuentes los accesos de ira de pacientes y familiares contra los sanitarios, de éstos entre ellos y de todos contra la Administración.

El diagnóstico es a primera vista por los gestos sardónicos o rictus facial, la incontinencia verbal, patadas a los muebles, lanzamiento de utensilios, …  Los arrebatos de ira, trastornos explosivos intermitentes, expresan agresividad propia o sobre el entorno, afectan al patrimonio y son de mal pronóstico.

Tratamiento. Contra la ira, paciencia, que se puede administrar contando de tres a cien o más, según la gravedad o con ejercicio físico. En los arrebatos, un exabrupto, sin tener que llegar a la blasfemia, puede ser suficiente y en casos de fracaso será preciso recurrir al psiquiatra.

Envidia

Los celos entre Caín y Abel marcaron las numerosas tragedias basadas en estos sentimientos intrínsecamente humanos. El deseo de las posesiones de otro o la tristeza por el bien ajeno, es el peor de los pecados por varios motivos. Se trata de una emoción irracional e inútil, conducta social, de comparación, con saldo negativo. Es el más capital de todos, por cuanto los celos y rencores agravan el pronóstico de los demás pecados. Entre los precedentes se anotan sentimientos de inferioridad, ira y narcisismo, que se llevan en secreto por su carácter vergonzante. Sus limitaciones para competir le llevan a situaciones de estrés, ansiedad e inadaptación social.

 En Medicina, los daños sanitarios de la envidia son evidentes. En las relaciones médico- enfermo, la satisfacción por el mal de un paciente sería la peor de las perversiones, incompatible con la asistencia. Entre profesionales, los resentidos tergiversan la realidad hasta delinquir o difamar a los compañeros, ¡rompen equipos!

 Las calificaciones de hospitales, servicios o profesionales del año, pretenden estimular la competencia profesional pero no dejan de alimentar las peores rivalidades. La selectividad, licenciatura, MIR, oposiciones y, en definitiva, la carrera profesional, son fuentes de sospechas y tirrias, desencadenantes de malignos resentimientos. La sólida memoria del envidioso cuenta con recuerdos y documentos de clasificaciones, destinos y nombramientos para recrearse en los celos. En la valoración profesional, las publicaciones científicas, han acabado por convertirse en objetos de deseo de la envidia, soberbia, avaricia, etc. según se manejen. Los abusos, fraudes y plagios ayudan a cultivar resentimientos ajenos. La expresión “siento una sana envidia” es falsa; se referirá a la admiración, porque la envidia es progresiva y enfermiza por sí misma.

 Tratamiento.  Contra la envidia, caridad. Para el resentido es difícil aplicar la caridad cuando considera culpables de sus celos a todos, contra los que se recreará en la venganza. Las envidias patológicas requerirán mediadores sociales y psiquiátricos.

—————--Los otros cuatro pecados capitales son considerados concupiscentes, porque se inician desde sensaciones placenteras, aunque evolucionen negativamente según intensidad. ————-

Gula

Nada hay más placentero que una buena comida, regada con un buen vino en compañía de la gente querida. En los equipos sanitarios, como en cualquier ámbito, no hay éxito que no se celebre con una comilona. Con los deseos desordenados de comer y beber se busca saciar una necesidad de recompensa o alivioLos glotones insaciables compulsivos y recurrentes, responden a conductas que asientan en áreas cerebrales definidas, compartidas en las adicciones. “De celebración en celebración hasta la obesidad y el alcoholismo”. Los excesos con el alcohol entran de lleno en la problemática de la adicción por drogas.

 La historia y el arte está plagado de referencias y protagonismos desde la frugal alimentación hasta la gula. Las numerosas citas bíblicas lo atestiguan. En la literatura, sirva de ejemplo la descripción de C. Dickens sobre Joe, gordo comilón, referente del Síndrome de Pickwick. La pedagógica fábula de Samaniego es conocida desde la infancia. “A un panal de rica miel / Dos mil moscas acudieron, / Que por golosas murieron, / Otra dentro de un pastel /Enterró su golosina. / Así, si bien se examina / Los humanos corazones / Perecen en las prisiones / Del vicio que los domina”. En pintura y escultura son llamativos los gordos de Botero y en el cine parecen inevitables las escenas de borracheras y banquetes. Recuérdese como ejemplo la película “La Gran Comilona” de M. Ferrero, escatológica y deliciosa a la vez

La gula y su expresión más llamativa, la obesidad, afecta a múltiples facetas laborales, económicas y sociales. Sanitariamente acaba interaccionando con la autoestima, la diabetes, el cáncer, los riesgos cardiovasculares, respiratorios y el pronóstico de numerosas enfermedades. Entre los profesionales de la salud, reduce su competencia y supone un pésimo ejemplo para los pacientes.

 Tratamiento. Contra la gula, templanza, puesta de moda bajo numerosas fórmulas: ayunos, dietas hipocalóricas, tratamientos farmacológicos, incluso quirúrgicos. Ningún método está exento de riesgos y, eso sí, son menos placenteros que los banquetes desencadenantes.

Avaricia

Deseo desordenado de acaparar más riquezas de las necesarias, que produce una íntima satisfacción. Suele estar abonada por el miedo al futuro, ansiedad que explica el egoísmo, más frecuentes en personas mayores. Sin embargo, debemos reconocer en la ambición, componente de la avaricia, un factor necesario para el progreso humano.

 El “Síndrome de Diógenes” o de acumulación compulsiva, masiva e inespecífica es un paradigma de avaro patológico. Este síndrome es más preocupante cuando se refiere a medicamentos. El botiquín casero acaba siendo un verdadero almacén de fármacos amontonados sin garantías en cualquier dependencia. Este almacenaje, habitualmente de sobrantes, indica un problema de incumplimiento terapéutico y anima a posteriores automedicaciones, con incremento de toxicidad, fracasos terapéuticos y costes. Los profesionales sanitarios no son inmunes al síndrome de Diógenes; algunos almacenan ingentes cantidades de material sanitario en su domicilio. La insaciable demanda de salud, en sí misma, es avariciosa como forma intangible de la codicia.

 Hay personajes en la Sanidad española famosos por coleccionar medallas, títulos, nombramientos y otros honores, creando una alta demanda. No hay problema; los Hospitales, Colegios profesionales, Academias, Especialidades, Universidad, Administración, Prensa, Industria Farmacéutica etc., cubren sobradamente la vanidad de los demandantes. Diplomas y pergaminos de Enfermera del año, Investigador destacado, Médico honorífico, Emérito, etc., van tapizando la antigüedad-vejez de muchos profesionales.

 También son muy dados los médicos a acaparar objetos que pueden saturar el domicilio familiar. Además del afán coleccionista, rara vez de calidad, es frecuente la tendencia a almacenar- amontonar apuntes, libros y recuerdos que se puede identificar con un “Diógenes” específico.

 El burdo “tarugueo”, corrupción de funcionarios, adquiere formas sutiles de avaricia entre algunos. Los suministradores de fármacos y material sanitario siempre encuentran regalos y atenciones difíciles de rechazar. El abuso de ciertos privilegios socio-sanitarios es otro componente más.  Los sistemas de promoción por méritos científicos (número de publicaciones, puntos-impacto, citaciones, etc.) provocan una avaricia patológica, epidémica, fraudulenta a veces.

 Tratamiento: Contra avaricia, generosidad, terapia llamada a fracasar por simple objeción de conciencia. Sin embargo, la sociedad, velando por la salud del acaparador, se encarga de aplicarle tratamientos disuasorios: burocracia, denuncias, quejas del entorno, envidias, impuestos, etc. Es rara la necesidad de aplicación de terapias más agresivas.

Lujuria

Definida como el apetito desordenado de sucios y carnales deleites. Es el más controvertido de los pecados capitales; se celebra con benevolencia disfrutarlo en la intimidad con uno mismo o unos pocos protagonistas. ¿Qué mal social pueden provocar? Sin embargo, es difícil diferenciar los imprescindibles deseos, el celebrado erotismo, la denostada pornografía o la perversión lujuriosa y las consecuencias médicas difusas. Actualmente se habla de perversión sexual o parafilia, diferenciándose en Psiquiatría grupos como zoofilia, pedofilia, masoquismo o exhibicionismo y numerosos subtipos.

 La zoofilia, conducta vergonzante, entraña riesgos como arañazos, traumatismos o infecciones y no suele terminar bien. En algunas culturas se llegó a castigar con la pena de muerte al pecador y ¡al animal “provocador”! Existe gran controversia respecto a la legislación de cada país en estos y otros desórdenes como la pedofilia, paidofilia, pederastia o hebefilia. Movimientos reivindicativos de LGTBI defienden y celebran desde 1998 el día del orgullo pedófilo. Las consecuencias médicas deberían estudiarse con urgencia.

 El voyeur, la pornografía o el “frotismo” están haciendo su agosto a favor de las redes, espectáculos y aglomeraciones. El individuo suele reducir su perturbación a la del “Pajillero Atormentado”, pero solo es el principio. El “chemsex”, sexo grupal asociado a consumo de drogas, está adquiriendo carácter epidémico sobre todo en colectivos LGTBI. Los problemas psicológicos y psiquiátricos del propio perturbado y de sus víctimas, agravados con las adiciones y las ETS, están servidos. No se deben olvidar sus relaciones con la soberbia, avaricia y otros desórdenes.

Tratamiento. Contra lujuria, castidad; ¡así cualquiera!  Las condenas al infierno y reblandecimiento cerebral, con que se atemorizaba a los adolescentes, pertenecen al pasado. La castidad por la oración, el ayuno, la ducha de agua fría, el bromuro, etc. es efímera. La castración quirúrgica o química puede resultar desproporcionada, pero prueba la potencial gravedad del cuadro. El problema, como se ve, está en el desequilibrio: en más es lujuria; en menos castidad, y ambas pueden ser perjudiciales para el papel reproductor humano.

Pereza

Es el menos capital de los pecados porque apenas interacciona ni agrava ni fuerza romper con los demás vicios. Los que “no trabajan los días pares y descansan los impares”, merecen un respeto, por ser reguladores sociales, como los zánganos de una colmena. Identificado con el ocio, constituye un objetivo apoyado por muchos políticos; por algo será.

 Los pecados capitales se vienen considerando conductas emocionales sin causas bien definidas, pero en los apáticos o perezosos se han reconocido algunas. Son los casos de alteraciones en áreas cerebrales, cansancio tras enfermedades o trabajos, síndrome de fatiga crónica, hipotiroidismo y estrés crónico. Supone un mecanismo defensivo de ahorro metabólico y se considera psicológico cuando es permanente o déficit motivacional cuando no se sospecha causa alguna. Puede orientar el patrón del hipotiroidismo: cara de bobalicón, ojos semicerrados, labios gruesos, letargia con voz apagada, apatía, despiste, sueño, …. La conducta del perfeccionista es la del todo o nada “como no lo puedo hacer muy bien, prefiero dejarlo para otro día”. En la baja autoestima: “como no estoy seguro, mejor ni lo intento”.

 En Medicina, los remolones prefieren pecar por omisión practicando con éxito notable el principio de “no hagas nada para que nada te hagan”. En el plano sanitario, la vagancia explica el sedentarismo, la pasividad, el desinterés intelectual, la huida de emociones, los incumplimientos terapéuticos y dietéticos o los gastos de gimnasio, que reúsan pisar. Por el contrario, los holgazanes, para compensar, tienen fama de ser más eficientes, inteligentes y creativos. ¡Y parecen tontos!

 Tratamiento: contra pereza, diligencia. Conviene aclarar que la laboriosidad es un brindis al sol, ya que la holgazanería es una coartada social del indolente: “conmigo que no cuenten; no pienso hacer nada”. La pereza no está reñida con la lujuria, la gula, ni los demás apetitos desordenados, siempre que no supongan un esfuerzo añadido. Se dice que la pereza es la madre de todos los vicios, pero a las madres, cómo no respetarlas.

—————–Conclusión: Ni los pecados son tales, ni las virtudes son tratamientos concluyentes o infalibles——————

 

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Sobre el autor

Médico, fue profesor de varias universidades españolas donde trabajó sobre: diagnóstico, nuevos antimicrobianos, modelos de cultivo continuo y arquitectura de poblaciones bacterianas. Su labor se plasmó en numerosas publicaciones científicas, libros y artículos de divulgación. En Esfera Salud, sus artículos de divulgación sobre historia y actualidad de la Medicina, están dirigidos al público interesado en temas de Salud.


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