alopécicos
Foto por engin akyurt en Unsplash

La reciente noticia del contagio por coronavirus en un grupo de varones, que viajó a Turquía para hacerse implantes de pelo, sorprendió a muchos. Más por los implantes que por el contagio.

 ¿Qué problemas preocupan al hombre? La salud está entre los primeros. Sin embargo,  gran número de adultos jóvenes destacan la calvicie y la disfunción sexual. La calvicie, abordada desde tiempo inmemorial con cierto pudor, habitualmente se disocia de la salud. “Si un hombre pierde el pelo de la cabeza, es calvo, pero limpio” (Levítico 13). “…los muchachos se burlaban de él, y le decían:¡Sube, calvo; sube, calvo)”(2 Reyes 2).

Explica que el término alopécico sea preferido al de calvo, considerado peyorativo, cuando no insultante, por los más suspicaces.

 En España hay más de 4 millones de alopécicos entre 30 y 60 años-“a los 100 años todos calvos”-. De éstos más del 80 % han usado o usan algún tratamiento para su alopecia, de donde se deduce la importancia médica y económica. Salvo algunos casos, como alteraciones hormonales graves o quimioterapia, la calvicie no se considera patológica. Pero cada uno lo asume de forma diferente; a veces afectando seriamente su autoestima. La alopecia de las mujeres, que no es un tema menor, tiene unas connotaciones diferentes.

 “Crecepelos”

El  antiguo uso de aceites perfumados como “crecepelos” y antipiojos, se complementaba desde la Edad Media cubriendo la cabeza con sombreros y pelucas. Además, se han ensayado gran cantidad de aceites, lociones,”potingues”, hechizos y conjuros. Los vendedores de estos productos proliferaban en ferias y mercados,  creando siempre un animado espectáculo. Garantizaban el producto, generalmente inocuos aceites, a los desesperados compradores calvos, con la esperanza del “por si acaso”.

Se avanzó luego con novedosos diseños publicitarios. Algunos coleccionistas nostálgicos recordarán el de “Petróleo Gal, para calvos”, el”regenerador PAZ” o el “Brotanil Sevilla, crecepelo”. Llevaban  aclaraciones como “que no se rían de ti por ser calvo”, que se veían en las revistas antiguas y en carteles de carretera. Su uso, casi siempre vergonzante, acababa en fracaso, que se disimulaba con el sombrero o el peluquín, otro éxito comercial. Después proliferó la espectacular publicidad de productos de perfumería como  champús, cremas vitaminadas, lociones con zinc o extractos de plantas. Se ofrecía la acción anticaspa  para evitar la caída de pelo, más que para hacerlo crecer. Pero con frecuencia se compraba más para lo último.

Alopécicos Específicos

No eran tales. En realidad se trataba de productos investigados con otras finalidades, que presentaban el crecimiento de vello femenino y masculino como efecto secundario. Estos resultados publicados en revistas científicas se publicitaron a bombo y platillo como un avance científico revolucionario para la calvicie masculina . Tal ocurrió con finasteride (antiandrogénico indicado en hiperplasia de próstata), minoxidil (antihipertensivo)o “Sandalore” (ambientador, producto de perfumería).

La publicidad sigue ahora otros derroteros. El uso por famosos, como el caso del Finasteride por Trump y otros, presentados hábilmente por las agencias publicitarias han dado buenos dividendos. También la dispensación sin receta, la adquisición por Internet, el pseudocientifismo y el pudor de muchos alopécicos explican los cambios publicitarios. Ahora proliferan masivamente en las redes los anuncios de clínicas, “expertos” profesionales y productos, que escapan al debido control sanitario.

¿Dónde está el problema?  En los efectos secundarios, sobre todo con los de ingestión oral. Las presentaciones tópicas dan una falsa seguridad, por la creencia de su inocuidad, lo cual es falso. Pueden dar reacciones locales y generales, porque siempre se absorben en cantidades indeterminadas. Además, el retorno de la alopecia, al cesar el tratamiento, es la regla. Pero en estos casos la publicidad tiene la coartada del pseudocientifismo.

Los implantes

Están de moda; el crecimiento es espectacular. La Dermatología Médico-Quirúrgica española, elegida entre los mejores MIR, goza de gran predicamento. Por eso  sorprende el intrusismo y descontrol en este campo, a pesar de la labor los Colegios Oficiales de Médicos.

El implante de pelo es una técnica quirúrgica seria, con indicaciones precisas, a realizar por cirujanos experimentados. No está libre de fracasos y complicaciones como: inflamación, hinchazón, costras, sangrado, picazón, cicatrices e infecciones. Pero las demandas “por mala praxis” son relativamente escasas.

Curiosamente los implantados, generalmente bien informados, soportan con estoicismo los riesgos de las complicaciones. Por el contrario los intervenidos con éxito mejoran notablemente su autoestima; presumen de “cabellera”… y de poder económico.  

 Sin datos oficiales, se estima que 400.000 varones viajaron al extranjero para hacerse implantes de pelo en 2019. Es sorprendente, porque solo en Madrid hay más de 50 clínicas que lo hacen con unos precios entre los 4 y los 6.000 Euros. El estoicismo, discreción y dinero que  mueven estos pacientes, propicia una información poco clara. Esto, y la publicidad en redes, facilitan el descontrol deontológico y el intrusismo.

  A pesar de lo citado, se puede decir que: “ni tanto ni tan calvo”

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Médico. Universidad Complutense de Madrid

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