Vacunación anti-COVID
Foto por National Cancer Institute en Unsplash

La información masiva, las redes, los derechos ciudadanos y el impacto social de la pandemia han creado un espacio de debate nunca visto. Todas las facetas, incluso las más técnicas, como puede ser la vacunación anti-COVID, son discutidas y discutibles en la sociedad actual.

Percepción social de las vacunas

En Medicina estamos acostumbrados al etiquetado de “milagroso” para todo lo beneficioso que no entendamos. Así se consideraron la vacuna antivariólica de Jenner o la antirrábica de Pasteur, elaboradas con desconocimiento absoluto del papel de los virus. Fue espectacular y competitivo  el desarrollo de las vacunas antipoliomielitis con virus atenuados (Sabin, oral) o muertos (Salk, intramuscular). Sigue causando admiración la estrategia de colaboración mundial para elaborar cada año la vacuna antigripal con las variantes dominantes.

 Se han preparado cientos de vacunas frente a prácticamente todos los patógenos conocidos, especialmente bacterias y virus. La Historia está cuajada de éxitos y anécdotas. Pero solo unas pocas, 15-20 y sus variantes, producidas por muchas Firmas farmacéuticas, se incluyen en los listados oficiales y calendarios de vacunación. En general se acepta que las vacunas son de las mejores aportaciones científicas a la humanidad.

Expectativas de las vacunas anti-COVID

No se pueden olvidar las experiencias referidas a las vacunas frente a la gripe, SARS y MERS (coronavirus). Las técnicas de biotecnología molecular (PCR, CRISPR, manejo de ARN, adenovirus como vectores…) son ya de uso cotidiano. Esta situación y el sentido de la oportunidad, junto a las expectativas empresariales, explican la llamativa proliferación de cientos de proyectos, con el resultado de 4 vacunas comercializadas en España y otras tantas en otros países, de momento.

 Las vacunas y vacunación anti-COVID han resultado providenciales, rompiendo todos los esquemas previsibles respecto a inmediatez, efectividad, logística, etc.;  pero solo en parte. De hecho, la consideración “milagrosa” contrasta con las numerosas quejas, denuncias y reprobaciones de todos contra todos: políticos, economistas, científicos, ciudadanos,…

¿Son inocuas?

En esta cuestión radica una buena parte del debate. Los sanitarios y las Firmas productoras insisten en dos argumentos. A) los efectos secundarios, cuando se pueden documentar, son leves en su mayoría. Los graves y la mortalidad son improbables; se suele redondear a 1caso por millón de vacunados en determinados segmentos de edad y sexo para algunas vacunas.

En cualquier caso, son menores o similares a otras vacunas del calendario. Por ejemplo, en la triple vírica y en la tetravírica (sarampión, rubéola, parotiditis + varicela) se refieren trombocitopenias (un caso cada 30.000 vacunados) y encefalopatías (1 caso por millón). Y para cualquier medicamento de uso habitual, los efectos secundarios son mucho más frecuentes. B) La efectividad no ofrece dudas. Las vidas salvadas y la reducción de hospitalización y contagiosidad es muy superior frente al grupo de no vacunados.

 ¿Huelga entonces el debate? Parece que no; siguen las discusiones. Habría que analizar el protagonismo informativo, la pedagogía sanitaria, la política de la Agencia del Medicamento y la sutil competencia comercial, que en realidad ha derivado ya en guerra comercial abierta.

 El debate sobre los “vacunojetas”

En un tema vital con limitación de recursos, es fundamental establecer prioridades estrictas (edad, vulnerabilidad, personal estratégico,…). Por el miedo se persigue entrar en un grupo de atención preferente a cualquier precio, que traduce el egoísmo propio de la insolidaridad humana. Ocurre en todas las epidemias. Todos ponen en marcha sus influencias explorando la búsqueda de atajos como el estraperlo, amigos, turismo vacunal, etc. Paradójicamente, cuando se sabe de alguien que lo ha logrado, especialmente si es político famoso, es sometido al escarnio público. Algunos medios publicaban diariamente la “Lista de vacunojetas”.  Se piensa, con envidia y rabia, que usurpan una posibilidad que no les corresponde.

 Por el contrario, los ya vacunados se vuelven más indulgentes y olvidadizos. Apoyan la vacunación de atletas olímpicos, de jóvenes fútbolistas o personajes populares, aunque no pertenezcan a ningún grupo prioritario. No se contempla éticamente el agravio comparativo con las personas vulnerables sin vacunar; alguno no llegará a celebrar el triunfo de nuestros atletas.

El caso Astra-Zeneca

La vacuna anglo-sueca, al parecer la más barata, contó con todas las bendiciones europeas inicialmente. Pero pronto se empezaron a torcer las cosas: incumplimiento de contratos, prohibición de exportar la producción europea, trombosis en mujeres jóvenes,… seguidos por todos los medios como un “culebrón”.

 De repente, tras haber ajustado pautas y logística, el Ministerio de Sanidad ordenó paralizar la vacunación con esta marca en plena campaña sin explicaciones. Luego fue informando que los vacunados con una primera dosis recibirían la segunda de la firma Pfizer. Este cambio quedaría garantizado con un ensayo ¡sobre 600 casos! de dudoso  planteamiento científico. A todo esto, ni Astra-Zeneca ni las Agencias (Europea y Española) cambiaron una sola coma del prospecto. El debate quedó servido. Y va para largo, porque a estas fechas no se sabe si las causas fueron políticas, económicas o comerciales. Habrá que ponerse en lo peor.

 La respuesta esperable, generada la lógica desconfianza hacia Astra-Zeneca, era de rechazo general a esta marca. La sorpresa saltó cuando, ante este embrollo, el Ministerio  se vio obligado a dar a elegir a los ciudadanos. ¡Y vaya que eligieron! El 90 % optó por seguir el prospecto y las recomendaciones médicas, es decir el cumplimiento, frente al incumplimiento propuesto oficialmente. Veremos cómo se reconducen en el futuro las campañas de educación sanitaria sobre Cumplimiento Terapéutico y de los movimientos antivacunas.

¿Ofrecen las vacunas garantías suficientes?

La estrategia de prevención mediante las vacunaciones está más que sancionada por la amplísima experiencia. Las diferentes tácticas sobre composición, pautas, coexistencia de marcas, etc. también arrojan  resultados satisfactorios en general. Se refleja en la seguridad de las vacunas anti- COVID, a pesar de su espectacular y acelerado desarrollo.

 Un aspecto sorprendente, que no milagroso, ha sido la presión ciudadana con  el componente emocional del miedo. Se aceleraron los rígidos trámites de las Agencias de Medicamentos para su aprobación. También ayudó la financiación sin precedentes, que permitió el reclutamiento de miles de voluntarios para el ensayo de cada vacuna. La efectividad en cientos de millones de vacunados y los efectos secundarios, menores que los de otras vacunaciones, han sido comprobadas y documentadas sobradamente. La propia Industria farmacéutica, por lo que se juega, y las Agencias oficiales reguladoras, parecen garantías suficientes.

 En los vacunados se opera un cambio emocional de euforia: olvidan las críticas a los “vacunojetas”, celebran la vacunación como si le hubiera tocado la lotería y relajan todo tipo de precauciones. Lo comunican a todo el mundo, convirtiéndose en apóstoles de la vacunación.

 Sin embargo no falta la crítica de los movimientos antivacunas y de los ciudadanos descontentos con la información. No es infrecuente la opacidad informativa y contradictoria acerca de contratos, costes, prioridades, efectos secundarios, etc. que explican el enfado de los afectados.

Pasaporte vacunal

Se han utilizado argumentos para el debate como la protección de la intimidad, la libertad de elegir o la burocracia. Parecen muy débiles para rechazar el certificado, salvoconducto o,  como quiera llamarse, al documento oficial que se está imponiendo para los vacunados. No se puede defender el negacionismo de algunos a costa de perjudicar a muchos.

 Lo vemos ya en los viajes internacionales y no es una nueva ocurrencia ni una sola enfermedad. Algunos países (de África, Asia y América del Sur), pueden exigir el Certificado de Vacunaciones sometido a reglamentación internacional. Vacunas obligatorias: fiebre amarilla, meningitis meningocócica y poliomielitis. Recomendadas: cólera, fiebre tifoidea, hepatitis y algunas encefalopatías víricas. Además pueden sugerirse, según los casos, gripe, rabia, etc. y COVID, como estamos viendo.

¿Final de los debates?

Ni mucho menos, la participación ciudadana en temas socio-sanitarios es más viva que nunca y se han puesto en tela de juicio demasiados asuntos.

 Tímidamente se apunta la necesaria inmunización global para controlar la pandemia, pero el número de vacunas es limitado y se acude al principio de “la caridad empieza por uno mismo”. Ni los más solidarios renuncian, ellos o sus familias, a favor de los más vulnerables de países pobres. Cuando sobren vacunas, es de esperar que todos hagamos de buenos samaritanos. Ya revindicaremos soluciones hipócritas, como exigir a la Industria el suministro gratuito o la eliminación de patentes sin pensar en las dificultades de su producción.

 Otro punto a discutir será la vacunación de escolares y adolescentes. Se ha demostrado su afectación (colonización, contagiosidad e infección), aunque más leve en general. Además, de cara al nuevo curso, conviene garantizar la normal escolarización. El problema está en las dificultades de los ensayos en niños, por lo que asistiremos a las  inevitables discrepancias de su aplicación.

 Fuera del mundo sanitario apenas trasciende el sinsentido de aplicar en España un calendario de vacunaciones diferente en cada Comunidad Autónoma. En los últimos años se habían ido limando diferencias, pero con la vacunación anti COVID ha saltado todo por los aires. ¿Cómo limitar al ciudadano su derecho a elegir calendario, pauta y marca? ¿Se podrá convencer a las discrepantes Autonomías que unifiquen criterios y calendarios?

 Es posible que las nuevas e inevitables variantes de coronavirus condicionen cambios en las actuales vacunas y la aparición de otras, como ha ocurrido con la vacuna de la gripe. Por cierto, si este año apenas hubo gripe, con qué cepas se preparará la vacuna. Éstas y otras muchas cuestiones  relacionadas con las vacunas nos tendrán entretenidos debatiendo por largo tiempo.

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