tuberculosis
Foto por Annie Spratt en Unsplash

La tuberculosis seguramente es la enfermedad sobre la que más se ha investigado y  escrito en todas sus facetas. Ha marcado épocas y modelos socio-sanitarios seduciendo a numerosos personajes. Considerada controlada en muchas ocasiones,  siempre ha quebrado los mejores augurios con una gran letalidad.

Seductora y cautivadora

 El mundo se adaptó a la tuberculosis (enfermedad crónica) que, a su vez, sedujo al mundo.

Muchos médicos, sobre todo en el siglo XIX, sufrieron la inevitable atracción de esta romántica enfermedad. Unos enfermaron y todos se hicieron tisiólogos con la práctica. El Dr. Auenbrugger, el “hijo del posadero” de Gratz, sabía medir el nivel del vino en los toneles de la posada golpeándolos con los nudillos. ¿Por qué no hacer lo mismo con la caja torácica de los tuberculosos? Durante el siglo XIX se incorporó la percusión para  explorar la resonancia de pleuresías, bronquitis, cavernas, nódulos y órganos. De su importancia hablan las actuales técnicas de ecografía y resonancia.

A Laennec, le cautivó y sedujo  la tuberculosis, en las dos acepciones. Buscaba mejorar la auscultación directa sobre la espalda desnuda de los tuberculosos y encontró la solución observando un juego de niños. Uno rascaba el extremo de una tabla mientras el otro reía por el cosquilleo percibido al aplicar el oído al otro extremo. Al primer enfermo que asistió, le auscultó con una hoja enrollada de papel. Acababa de descubrir el fonendoscopio, tan simbólico en Medicina como el bastón de Esculapio. Además Laennnec fue compositor, literato y políglota; un humanista firme candidato a la “romántica”. Efectivamente, seducido por la tisis, quedó atrapado en sus garras ¡a los 44 años!

 Muchos más ligaron sus nombres a diferentes facetas de la enfermedad. La tinción de Ziehl, medio de  Loewenstein, mal de Pott, prueba de Mantoux o la vacuna de Calmette y Guérin (BCG) son algunos ejemplos. Solo personas cautivadas por la enfermedad, podían tener la paciencia de C. y G. Cultivaron  una cepa con más de 230 pases ¡durante 13 años!, dándole más de 230 pases, hasta atenuarla para utilizarla como vacuna.

 Los políticos encontraron en la tuberculosis un buen tema de seducción que no se había conocido con ninguna otra enfermedad. Se construyeron centros para niños, pabellones para adultos, Dispensarios antituberculosos, Sanatorios de montaña-eso sí, alejados de las ciudades-con galerías de reposo bien aireadas y soleadas. Merece la pena considerar las descripciones en cine y literatura, como “La Montaña mágica” de Thomas Mann o “Pabellón de reposo” de C. J. Cela.

El mismo Cajal, tras padecer el paludismo en la guerra de Cuba a su regreso a España contrae la tuberculosis, “traidoramente preparada por el paludismo anterior”, según él. Se trata “sacrificadamente” y cura en el balneario de Panticosa, donde le cautivaron y cuidaron los grandes médicos: el sol, el aire, el silencio y el arte (J. González, hoyesarte.com)

 En general la tuberculosis es una seductora que habitualmente hace pareja con grandes tragedias como guerras, hambrunas y diásporas poblacionales o con otras enfermedades. Siempre se asoció la tuberculosis con una gripe mal curada y no es infrecuente que un SIDA debute con una tuberculosis. Tras la 1ª G. Mundial, la tuberculosis impulsó a la creación de la Unión Internacional contra la Tuberculosis (1920). En nuestra Guerra civil hay numerosas referencias al problema de la tuberculosis  como las de los presos, trabajos forzados o relatos como “El lápiz del carpintero” de M. Rivas. Pero la verdadera tragedia se comprueba en las estadísticas y el Registro Civil.

 La OMS, seducida por el control de la viruela, apoyó en Alma Ata (1.978) el lema “Salud para todos en el año 2.000”. Se pensó erradicar la tuberculosis, fracasando con la escurridiza enfermedad. Luego se fijaron objetivos para el 2.035 y el 2.050 con lemas como: “atender a los tres millones” (2.014) o “El tiempo corre” (2.021).

La Gran Simuladora

 Conocida así en algunos ambientes académicos por sus inciertas características. La forma solapada de comienzo y la ausencia de síntomas típicos pueden confundir al médico. Crónica, persistente, latente,  y en el momento más inoportuno ¡zas!, la traidora emerge como un cuadro grave.

 El diagnóstico diferencial de infecciones respiratorias, lupus, paludismo, Hodkin,…con tuberculosis siempre es obligada. Puede debutar con síntomas menores; “empezó con una gripe mal curada”, se solía decir. La confirmación por el laboratorio entraña frecuentes problemas. La analítica no es la típica de una infección bacteriana purulenta y los bacilos no siempre se ven bien en las muestras patológicas. Los cultivos crecen desesperantemente lentos y hay falsos negativos. La interpretación de la reacción de Mantoux también entraña dificultades y debería completarse con el test del interferón (IGRA) para descartar tuberculosis latentes. Pero la Biología molecular no está al alcance de todos.

 Frecuentemente se refiere el caso del tenor Caruso. Cantó por medio mundo con fiebre, dolor pleural, tos, hemoptisis,…y fue diagnosticado por diferentes especialistas de cáncer, pleuresía, neumonía, tromboembolismo pulmonar, absceso renal y tuberculosis pulmonar. Todavía se discute la causa de su muerte.

  Los Sanatorios para el tratamiento de la tisis constituyeron una oportuna solución para muchos enfermos. La limpieza, reposo, aire y sol, con selectas y abundantes comidas hicieron gritar, en silencio, a más de uno ¡viva la tuberculosis! 

  En la mayoría de las infecciones el hallazgo de la causa y el remedio específico solían ser coetáneos (sífilis, difteria,…). En la tuberculosis pasaron 50 años hasta que Waksman (1.942) descubrió la estreptomicina con éxitos, sorderas y resistencias. Menos mal que aparecieron bastantes tuberculostáticos en poco tiempo (PAS, 1.945; isoniacida, 1.952; rifampicina, 1.968; pirazinamida, 1.972; quinolonas y otros). Tras la euforia inicial por los resultados, el enfermo se ve defraudado por la necesidad de asociar fármacos (resistencias y toxicidad) y los meses-años de tratamiento. Con frecuencia incumple y abandona. También en esta faceta la tuberculosis es cautivadora-seductora.

 Otro ejemplo de referencia es la prevención vacunal. Cautivado y atrapado Koch por su propio descubrimiento del agente etiológico observaba con mal disimulada envidia a su rival Pasteur (vacuna antirrábica y anticarbuncosa). Puso manos a la obra preparando su vacuna, con bacilos muertos, para más seguridad. Ocho años trabajó intensamente hasta obtener un filtrado de seductor aroma, fiable y seguro. Se trataba de la tuberculina. Pero las muertes en algunos de los pocos vacunados, acabaron con los sueños y la trayectoria científica del autor. Para su desgracia, los efectos habían sido descritos con bacilos por él mismo en cobayas, conociéndose con el nombre de fenómeno de Koch.

 Fueron comprensibles los recelos cuando llegó la BCG, aunque hubieran transcurrido 30 años desde la tuberculina. Pero algo se aprendió. Por eso solo se pone en los primeros días de vida o previo estudio de la inmunidad. A pesar de todo, las incertidumbres y debates sobre su eficacia siguen estando de actualidad.

“La Romántica”

 La tuberculosis, también se conoció como “la romántica” por sus coincidencias con el Romanticismo. Se extendió por todo el mundo, descartándose durante mucho tiempo el carácter contagioso.

Esta enfermedad evolucionaba rápida y fatalmente en las clases más desfavorecidas. Pero la cronificación, aunque tuviera también un final fatal, era mejor soportada por las clases altas. Incluso se consideraba una enfermedad elegante que marcaba estilo. La palidez anémica y delicadeza de la Margarita Gautier en “La dama de las camelias” (Dumas) se puso de moda. Participó del canon de belleza y distinción poética de la época. “La princesa está triste…¿Qué tendrá la princesa? / Los suspiros se escapan de su boca de fresa, / que ha perdido la risa, que ha perdido el color….” (Rubén Darío)

 Se extendió la creencia entre artistas del aumento de creatividad durante su padecimiento, que sería máximo en las últimas fases de la enfermedad. Se justificaba así la exclusión y alejamiento de los “predestinados” enfermos de cualquier compromiso social y familiar. Los artistas, creativos y cultos, debían cuidar su imagen de acuerdo con la época: enfermizos, pálidos, larga cabellera, delgados, melancólicos y fantasmales. Suponía vivir en un curioso idealismo, frente al materialismo burgués de la época anterior.

 Modigliani, las Brontë, Dumas, Chéjov, Bécquer, Keats, Munch, Puccini,  Mansfield, Moliere, Kafka,…son ejemplos de una relación interminable de creadores relacionados con la tuberculosis. Unos la sufrieron, todos la inmortalizaron; fue la época romántica, con modas poco edificantes. La peste blanca, consunción o tisis, presidió un escenario de artistas bohemios, alcohol, tugurios, sexo, degradación, pobreza y muerte.

  El 24 de marzo de 1.882, Robert Koch sentenció el comienzo del fin en la relación de la tuberculosis con el Romanticismo. Ya el francés Villemin había despertado la atención en los círculos académicos con sus experimentos en conejos. Había demostrado la transmisión a conejos de la enfermedad humana que estaría producida por “virus”. Pero Robert Koch fue más contundente: tiñó con anilina la expectoración de un enfermo y lo observó al microscopio. Al fin encontró la causa, que corrió a comunicarla a la Sociedad de Fisiología de Berlín, conmocionando al mundo en 24 horas. Nunca había viajado una noticia médica con tal velocidad. Por eso, el 24 de marzo de cada año la OMS lo dedica a la tuberculosis.

 En poco tiempo se conocieron las características de enfermedades graves – cólera, difteria, tosferina, rabia, carbunco,…- e inmediatamente los tratamientos. Con la tuberculosis fue diferente. Las expectativas de controlar la enfermedad se frustran cuando van pasando meses y años. No se consigue un tratamiento específico ni la explicación adecuada de la enfermedad.

 Esta situación traslada el romanticismo social a los laboratorios, pero no de la misma forma. La romántica relación de la actriz  Freiberg con Koch y  los “chismes” de los enfrentamiento con Pasteur eran noticias habituales en los periódicos. Otro asunto eran los debates, teorías y nuevos descubrimientos. Pero con un “bicho” que se transmite más fácilmente en ambientes marginales, la enfermedad pierde todo su encanto. Deja de ser elegante y distinguida para convertir la tuberculosis en un estigma.

Letalidad de la Tuberculosis

 La peste blanca ha causado estragos a la humanidad. ¿Y actualmente? Llegamos a Marte, tenemos una vacuna desde hace 100 años y dominamos la Biología molecular. Pero todavía somos incapaces de controlar la tuberculosis totalmente, a pesar de los avances realizados.

 En España, a principios del siglo XX la mortalidad era aterradora, como muestran las cifras desde que existen registros. En 1.913, para una población de 21 millones de personas la tasa de muertos fue 116 /100mil (más de 24 mil). Fue subiendo, disparándose con la pandemia de gripe de 1.918 hasta 161 / 100 mil. Se registraron ese año 34 mil defunciones (44 mil según algunas publicaciones) por tuberculosis. Se suman a las 147 mil por gripe de las cifras oficiales.

 A finales de siglo España entró en el grupo de países de baja incidencia (menos de 20 / 100 mil). Sin embargo el SIDA frenó la mejoría a costa de los varones sobre todo. En 2.018 todavía se registraron 249 fallecimientos por tuberculosis.

 A nivel mundial el problema de la tuberculosis sigue siendo muy serio. En 2.015 enfermaron unos 10,4 millones de personas de las que fallecieron ¡1,4 millones! Ese mismo año la OMS fijó unos objetivos para el 2.035: reducir el Nº de casos de enfermedad un 90 % y el de mortalidad el 95%. Hasta este año se iban cumpliendo los objetivos, pero es de temer que el COVID trastoque todos los planes.

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